Lucero De La Mañana: Regreso al Paraíso

Cuando el Lucero volvió a abrir los ojos

El Abismo no dormía. Pero Luzbel sí. No era un sueño común, ni un descanso misericordioso. Era un encierro interior, una quietud forzada donde la conciencia se replegaba para no romperse del todo. Luzbel permanecía allí desde hacía eras, envuelto en una oscuridad que no lo hería, pero tampoco lo dejaba ser. Un silencio denso, pesado, construido con culpa, con memoria, con nombres que no se pronunciaban.

Hasta que algo dolió. No fue un golpe. No fue un grito. Fue un llamado. La primera sensación fue la desesperación. Un dolor ajeno que no pertenecía al Abismo, sino a la luz. Un dolor disciplinado, contenido, que no suplicaba resistía. Luzbel lo reconoció de inmediato, incluso antes de comprenderlo.

—Miguel —susurró, sin boca, sin voz.

La oscuridad se estremeció. El Abismo respondió con una presión inmediata, intentando sofocar ese despertar incipiente. Sombras se cerraron alrededor de su conciencia como manos antiguas.

No, ordenaban.
No recuerdes.
No regreses.

Pero el dolor volvió. Más intenso.

Luzbel sintió cadenas clavándose en alas que ya no tenía, una prisión que no era la suya, una voluntad que se negaba a ceder aun cuando todo parecía perdido. Sintió el Cielo caer, sintió la fe resistiendo en un solo punto y comprendió. Miguel estaba vivo. Miguel estaba sufriendo. Y lo estaba llamando sin voz.

La luz que Luzbel había encapsulado para sobrevivir al destierro tembló dentro de él. No se expandió aún, pero despertó. Como un corazón que vuelve a latir después de haber sido dado por muerto.

—Hermano —pensó Luzbel— ¿Qué te han hecho?

El Abismo rugió. Las sombras se volvieron más densas, más agresivas, intentando fragmentar ese vínculo. Pero ya era tarde. Donde había amor fraterno, la oscuridad no podía cortar del todo. Y entonces, Miguel respondió. No con palabras, sino con presencia. Luzbel sintió su esencia acercarse, débil pero firme, como una llama protegida por dos manos heridas.

— No vengas, — transmitió Miguel.— Es una trampa.

Luzbel apretó los dientes invisibles de su conciencia.

—Siempre fuiste así —respondió, mediante el hilo del alma—. Protegiendo incluso cuando estás encadenado.

El Abismo se estremeció con mayor violencia.

— El Cielo ha caído — insistió Miguel. — Los nuestros sufren. Gabriel… Rafael… no puedo llegar a ellos.

Cada nombre fue un golpe. Luzbel recordó los jardines. Recordó las risas suaves entre corredores de cristal. Recordó la espada de Miguel envainada en tiempos de paz.

—Entonces escucha bien —dijo, y su voz comenzó a adquirir forma—. Si el Cielo aún sufre entonces aún vive.

— No puedes salvarlo solo, — respondió Miguel, con un dolor que ya no podía ocultar — Ni siquiera yo pude.

La luz dentro de Luzbel respondió al desafío.

—Nunca estuviste solo —dijo—. Fui yo quien se apartó.

Hubo silencio entre ambos. No un silencio vacío, sino cargado de todo lo que no se había dicho durante eras.

— Creí que te había perdido,— confesó Miguel finalmente. — Creí que el Abismo te había consumido.

Luzbel cerró los ojos de su conciencia.

—Me perdí yo —respondió—. Pero nunca te dejé de escuchar.

El Abismo gritó. Sombras se lanzaron contra la chispa de luz que ahora ardía con decisión. Pero Luzbel ya no retrocedía. La culpa seguía allí, sí. El peso del destierro también. Pero por primera vez, no lo paralizaban.

—Miguel —dijo—. Resiste un poco más.

— No sé cuánto tiempo tengo, — respondió él.

La respuesta de Luzbel fue inmediata.

—Entonces no lo desperdiciaré.

La luz se expandió. No como explosión, sino como amanecer. El Abismo retrocedió un palmo. Luego otro. Las sombras se agitaron, alarmadas. Aquello no debía suceder. Aquel que había caído no debía levantarse. Y sin embargo…

Luzbel abrió los ojos. Por primera vez desde su destierro, volvió a ver luz. No la del Cielo aún. Pero sí la suya.

—Espérame, hermano —susurró— Esta vez no llegaré tarde.

Muy lejos de allí, Miguel sintió cómo la presión sobre su pecho cedía apenas un instante. Y por primera vez desde su captura, sonrió.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.