Luchadores de Guatemala

Capítulo 2: Luchitas y lo que el cepo se llevó

A la mañana siguiente, después de un día agotador vendiendo tamales, tortiando, además del oficio en la casa, Siriaca, antes de levantarse y aún estando en cama, reflexiona.

—Siriaca: Con el dinero del premio podría terminar de pagar la casa y el préstamo que hice para que Juan se fuera a los Estados Unidos.
—Ay, Dios, Juan… ¿dónde te metiste?, cómo me haces falta. Yo solita tengo que sacar adelante a los mocosos estos.
—El colegio de la niña es muy costoso, y estarle comprando todas esas cosas que necesita para sus estudios… y este Juanito que no quiere dejar los juegos esos que le compraste, o se la pasa pegado al celular.
—Decidido, voy a entrar al torneo. Así pagaré las deudas y contrataré un detective para que busque a Juan. Todo sea por la familia. ¡Ay, Dios! Tendré que darme de madrazos. Tendré que usar lo que me enseñó mi madresita, que en paz descanse.

—Madre de Siriaca: Mija, pero yo aún no me he muerto, estoy acostada en la cama.

—Siriaca: Sí, mamita, descansa en paz… ya voy a preparar el desayuno. ¿Qué quieres para desayunar, mamita?

—Madre de Siriaca: Solo un cafecito con pan, unos panes francés con frijolito, unos huevos estrellados, unos dos platos de cereal, y no te olvides de echarle piquete al cafecito. Lo endulzas con miel.

—Siriaca: Sí, mamita, ahorita te lo preparo.

—Madre de Siriaca: Si queda algún tamal, caliéntamelo también.

—Siriaca: Sí, mamita.

Después del desayuno y de preparar la lonchera de sus hijos:

—Siriaca: Ten, Juanito, tu lonchera de Bob Esponja.

—Juanito: Maaa… ya estoy grande, solo dame el lonch en una bolsa.

—Siriaca: ¡No! Se te puede caer.

—Juanito: Pero Lucero no lleva lonchera.

—Siriaca: Sí, pero ella es mujer, es más cuidadosa.

—Juanito: Abuela… di algo.

—Mamá de Siriaca: Hazle caso a tu mamá, Juanito.

Lucero solo se ríe de su hermano.
(Suena la bocina del bus que pasa por Lucero todas las mañanas)

—Siriaca: Adiós, mijita, cuídate, que Dios te proteja. ¡Juanito! Ve a la escuela, nada de estar haciendo travesuras.

—Juanito: Sí, maaa…

Después de que todos salen, la madre de Siriaca, cuyo nombre es Hortencia y de cariño le dicen Doña Tencha, se va a la sala para ver Netflix. Pone la película El Juego del Calamar, mientras Siriaca revisa su iPhone.

—Siriaca: Veamos… la página de los luchadores. Las reglas… no matar al contrincante y que las peleas deben ser oficiales para que cuenten.
—¡Listo! Ya me registré.

Un mensaje cae en el celular de Siriaca después de su registro.

—Siriaca: ¡Qué rápido! Ya se decidió mi primer combate.
—Veamos… es en el Obelisco. Debo llegar puntual o si no me descalificarán por default.
—¡Ay, Dios mío! Es el día de hoy y ya casi es hora. Tendré que acelerar en mi pasola. Espero no me detenga Emetra.
—¡Voy a salir, mamá! Ahí hay comida en el refri, si te da hambre.

—Doña Tencha: Ay, por fin solita… cambiemos para ver los papuchos de la novela.

—Televisión: “¡¿Quién es ese hombre que me mira…?!”

Mientras Doña Tencha mira Pasión de Gavilanes, Siriaca, a toda velocidad en su pasola, se dirige a su primera pelea.

—Juez: Ya casi es hora y la contrincante Siriaca no se ha presentado. (dice mientras observa el reloj)

En ese momento, Siriaca llega a toda velocidad al Obelisco. Da un brinco desde la motocicleta, salta y se desliza como si fuese Meteoro saliendo del Mach 5.

—Juez: Por poco y pierde por default, contrincante Siriaca.

—Siriaca: Lo siento, señor, fue muy repentino.

—Juez: Que no vuelva a suceder.
—La pelea es entre el contrincante Turtles, el cual se distingue por llevar un caparazón de tortuga en la espalda, el cual suele utilizar como arma y escudo. Y la contrincante Siriaca, una mujer obesa, de corte, común y corriente.
—¡La pelea inicia en 3, 2, 1… a luchar!

—Siriaca: Oiga, juez… (quería reclamarle la presentación, pero el luchador Turtles le lanza su caparazón)

Siriaca detiene el caparazón con una mano y lo lanza de regreso, el cual impacta en Turtles, dejándolo noqueado.

—Siriaca: ¿Este qué se cree… el Capitán América, lanzándome su escudo?

El juez revisa al luchador Turtles.

—Juez: El luchador Turtles está noqueado. La ganadora es la luchadora Siriaca.

—Siriaca: ¡Gané! ¡Sí gané! ¡Yujuu! (dice con alegría)

Cuando Siriaca termina el combate, regresa a donde está la pasola, pero la encuentra con cepo puesto. La estacionó en un mal lugar y Emetra, que estaba observando la pelea, le dejó un cepo.

Después de eso, las peleas pasan frecuentemente, batalla tras batalla. Siriaca es triunfadora en cada una, movilizándose en bus, ya que no ha pagado la multa de la pasola.

Finalmente, Siriaca logra pagar la multa y recupera su pasola. Con esta llega a su próximo encuentro: en el Centro Comercial Pacific Villa Hermosa se llevará a cabo su siguiente combate.

—Juez: ¡Esta pelea determinará al luchador que pasará a la siguiente ronda!
—¡Los combatientes! El luchador de origen chino, pesando media tonelada: ¡Pank Chon!
—Y su retadora, una mujer común y corriente, con 250 libras de peso, indígena guatemalteca: ¡Siriaca Tec Socoj!

—Siriaca: Oiga, juez… yo no peso tanto.

—Juez: No importa, es para darle emoción. (susurra)
—¡El combate inicia en 3, 2…

—Siriaca: ¡Ay! Mejor me preparo.

—Juez: …1!

—Pank Chon: Prepárate, flacucha, que hoy perderás.

—Siriaca: ¿Flacucha? Un cumplido… aunque tengo estas llantitas de más. ¡Pero no perderé!

Pank Chon lanza pequeñas patadas, apenas levantando el pie del suelo.

—Siriaca: ¿Qué es eso? ¿Estás calentando?

—Pank Chon: ¡No! Esta es mi patada mortal.

—Siriaca: Ji ji ji… ¿eso es una patada mortal?

Acercándose lentamente mientras lanza patadas, logra alcanzarla y le da una patada en la espinilla a Siriaca.

—Siriaca: ¡Ay, ay, ay! No es una patada mortal, pero sí que duele. (dice mientras se agarra la espinilla)
—Siriaca: Pos ya valiste… (dice enojada)



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Editado: 11.02.2026

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