Al día siguiente llega el mensaje de madrugada: el combate será en el lago de Amatitlán, paseo del lago.
Cuando Siriaca se dirige a la entrada, se encuentra con la sorpresa de que fallan los frenos y comienza a perder el control de la pasola, mientras su contrincante espera su llegada.
Al llegar, Siriaca salta de la motocicleta y esta se estrella contra un árbol. Siriaca rueda por el suelo y rápidamente se pone de pie frente a su contrincante.
—Juez: ¡Sorprendente entrada dramática de la luchadora Siriaca! ¡Completamente preparada para el combate, rueda y cae en posición de pelea frente al luchador Bolto!
—¡El combate empieza en 3, 2…!
(En ese momento, la pasola explota cuando el juez grita “1”).
—Siriaca: ¡Ay! Mi pasolita… (dice con tristeza)
—Bolto: Me sorprendes, luchadora Siriaca. Fue una gran entrada. ¡Pero aun así yo seré el vencedor!
—He preparado estos patines, así que pelearemos en bajada.
Bolto sube a la patineta y Siriaca le sigue.
—Siriaca: ¡Ay, Dios mío! Llevo años desde la última vez que me subí a una de estas… casi pierdo el equilibrio.
—Bolto: Sígueme… el combate será al llegar al parque… si es que llegas. ¡Ja, ja, ja!
—Siriaca: ¿Y esa risita? Sí asusta.
Bolto comienza a bajar por la carretera, seguido de Siriaca, que se mueve con dificultad.
—Siriaca: ¡Ay, Diosito! Siento que me caigo. Y yo que antes de conocer a Juan era experta patinadora.
—La bajada está muy inclinada y esta patineta acelera cada vez más.
La inclinación es mucha y la aceleración se incrementa; a Siriaca se le complica todavía más en las curvas.
—Siriaca: ¡Ay!... Cómo cuesta. Y este que tranquilo baja, y yo que siento que me caigo. (Dice refiriéndose a Bolto).
Mientras avanzan, el camino cambia y el asfalto desaparece. Las patinetas frenan, pero, como están modificadas por Bolto, las llantas cambian a unas más adecuadas para el terreno y salen unas turbinas que hacen que continúen con su descenso nuevamente.
—Siriaca: ¡Ay!... Otra vez… Lo bueno es que ya estoy aprendiendo a manejarla.
—Bolto: ¡Asustada! (Grita a lo lejos).
—Siriaca: Canijo este… Que se espere a que lo alcance.
Finalmente llegan al parque, a la orilla del lago. Siriaca, con mucha dificultad, salta hacia atrás de la patineta; esta sale disparada directamente hacia Bolto, quien la recibe y la destroza con un puño mecánico que lleva puesto.
—Bolto: Eres alguien de temer, luchadora.
—Siriaca: Perdón… Se fue solita.
—Juez: El combate continúa en las canoas, súbanse a ellas.
—Siriaca: ¿Juez, cómo llegó aquí?
—Juez: Venía siguiéndolos en mi motocicleta.
Ambos luchadores suben a las canoas, una para cada uno. Son llevados al centro del lago. Siriaca permanece sentada hasta llegar; una vez ahí, son posicionadas una frente a la otra, y el juez se coloca en una canoa aparte.
—Juez: Round dos… El combate inicia en 3, 2, 1… ¡A luchar!
—Siriaca: ¿Y cómo voy a luchar si está en la otra canoa? (Dice moviéndose con dificultad, ya que le cuesta mantener el equilibrio).
—Bolto: ¿Asustada, luchadora? Esta vez no será tan sencillo.
Bolto, de la mochila que lleva a la espalda, saca unas manos mecánicas: una con lo que parece ser un misil y la otra con algo similar a una enorme raqueta de tenis.
—Siriaca: ¿De dónde salieron esas manotas? ¿Caben en esa mochila tan chiquita?
Bolto lanza el misil al aire y lo golpea con la raqueta, como si fuera bádminton. El misil cae cerca de la canoa de Siriaca y explota en el agua, salpicándola y haciendo que la canoa se mueva bruscamente.
—Siriaca: ¡Ay, hijo! ¡Me caigo, me caigo! Y mira pues… ya me mojaste.
Bolto saca otro misil de la mochila y vuelve a lanzarlo. Siriaca, con una palmada, desvía el misil; este cae frente a la canoa de Bolto explotando, sacudiendo su canoa y salpicándolo de agua. La explosión también mueve la canoa de Siriaca, dificultándole aún más mantener el equilibrio.
—Siriaca: Je, je, je… Ya ves lo que se siente.
—Bolto: Tus trucos no te funcionarán, luchadora.
Siriaca, lenta y trabajosamente, se mueve hacia el frente de la canoa intentando acercarse a la otra. En ese momento, Bolto lanza otro misil, el cual no acierta, pero cae dentro de la canoa de Siriaca. La destruye, y ella, usando la fuerza de la explosión, aprovecha el impulso para saltar hacia la canoa de Bolto.
—Siriaca: ¡Hoy sí ya verás! ¡Mira lo que hiciste! Destruiste mi canoa y me dejaste toda mojada y adolorida.
—Bolto: No creas que me vencerás, luchadora. (Dice guardando la raqueta y sacando un bat de béisbol en su lugar).
—Siriaca: ¡Esa cosota! ¿Cómo cabe tanto ahí?
Bolto ataca con el bat y Siriaca esquiva con dificultad, agarrándose de la misma canoa para no perder el equilibrio.
Cuando el bat está a punto de golpearla, Siriaca lo detiene usando su chancla.
—Siriaca: ¡Ay! Qué buena me salió mi chancla de hule.
—Bolto: No creas que con eso me detendrás.
—Siriaca: ¿Por qué no? Si es hule del bueno.
Bolto retrae el bat y Siriaca aprovecha para lanzarle la chancla como si fuera un búmeran directo al rostro. La chancla rebota y Siriaca la atrapa nuevamente.
—Bolto: No dejas de sorprenderme, luchadora.
—Siriaca: Ya ves… te lo dije… es hule del bueno.
Bolto vuelve a atacar y retraer el bat, pero Siriaca detiene cada golpe utilizando la chancla, amortiguando los impactos.
—Bolto: Esa chancla… no puedo creer que sea tan fuerte como mi bat de metal. (Dice furioso).
—Siriaca: Ves… qué buena calidad. Si quieres, te paso la dirección donde la compré.
Siriaca lanza nuevamente la chancla al rostro de Bolto, rebota y la recibe otra vez. Repite el mismo proceso unas cuantas veces más. Bolto se prepara para contraatacar, pero…
—Siriaca: Toma esta…
Con el último rebote, Siriaca atrapa la chancla y, en lugar de lanzarla, le da una fuerte cachetada con ella en la cara.
Editado: 20.04.2026