—Melani: ¡Holis señores, señoras y elles, jijiji! Soy Melani.
El público grita de alegría que inician los combates.
—Melani: Hoy inicia la segunda ronda de combates.
—Con los ganadores de la ronda anterior, la primera batalla se llevará a cabo en este instante.
—La luchadora Siriaca Tec Socoj, que venció fácilmente al campeón anterior de una nalgada. ¡Por favor señora, pase al domo!
¡Buuu, buuu, buuu!, dice el público, que aún no está feliz por vencer tan fácilmente a uno de sus favoritos.
—Claus: Mira Abril, el público no está contento y abuchea a la luchadora.
—Abril: La tensión está en el aire, la luchadora sube lentamente al domo.
—Melani: Ahora, otra completamente desconocida, que ganó su batalla anterior pero no se narró porque no era necesario para la trama: la luchadora Soraya Chu Te.
—Abril: ¡Wau! Es sorprendente, a esta luchadora sí le aplauden, poquitos, pero se ve la preferencia del público.
—Claus: No cabe duda de que el público es muy preferente.
—Siriaca: Soraya, ¿qué haces aquí? ¿Y la tienda? ¿Acaso la cerraste?
—Soraya: No, dejé a la Jacinta cubriéndome.
—Siriaca: Igual te voy a descontar el día.
—Soraya: Bien, con el dinero del premio pondré mi propio negocio.
—Melani: Bueno, ya basta de cháchara. ¡Alísten se para el combate!
—El combate inicia en tres, dos, uno… ¡A luchar!
—Claus: ¡Soraya lanzó una patada de dragón! Mira qué fuerza.
—Abril: Pero Siriaca no se queda atrás, puede detener ese movimiento. Hasta parece que las dos tomaron su incaparina.
—Claus: Acaban de dar un manotazo, ambas manos chocaron y se ven las ondas de la presión.
—Abril: ¡Qué fuerza la que tienen las tortilleras!
—Claus: Esto aclara que ningún trabajo es sencillo, aunque ellas tortean a la antigüita, a pura mano.
—Siriaca: ¿Cuál negocio? ¿Me quieres quitar la chamba y vas a poner otra tortillería o tiendita?
—Soraya: No. Voy a poner una churrería.
—Siriaca: ¿Sabes hacer churros?
—Soraya: Sí. Aprendí en el INTECAP.
—Aprender a hacer churros mi sueño es, y venderlos mi ideal.
—Siriaca: ¿En serio?
—Soraya: Yo buscaré aquí y allá, los venderé con canela y azúcar caña real.
—Siriaca: ¿Solo canela y azúcar?
—Soraya: No, también hay con leche condensada y chocolate.
—Siriaca: ¡Qué rico! Ya me dieron ganas, ¿ya estás vendiendo?
—Soraya: Sí, ¿cuántos quieres?
—Siriaca: Dame cuatro: uno para mí, para Lucero, Juanito y mi mamita.
—Soraya: ¿Solo cuatro? ¿Le alcanzará a Doña Tencha con uno?
—Siriaca: Tienes razón, dame catorce entonces.
—Soraya: Cuando llegue a casa te los preparo.
—Siriaca: Te ayudo con eso.
—Melani: ¡Huy! La onda de choque me despeinó, y yo que tardé con la secadora para dejarme mi pelo bonito. (Murmura)
—¡La luchadora Siriaca lanzó una fuerte cachetada que envió por los aires a la luchadora Soraya!
—Soraya: ¡Soraya ha sido vencida otra vez! (grita mientras desaparece en el cielo, con dirección a su casa)
—Siriaca: ¡No se te olvide mi pedido! (grita mientras Soraya está en el cielo)
—Melani: ¡Qué sorpresa señores! Fueron solo dos golpes pero la batalla duró poco más de medio capítulo.
—¡La ganadora es Doña Siriaca!
(ahora el público aplaude un poco más, y dejan de abuchearla)
—Melani: ¡Felicidades señora! Ahora ahuecando el ala, que sigue el siguiente combate. ¡Shu, shu, shu!
—Continuamos con el siguiente combate, entre los luchadores Riota Kusanagi y Leonidas Spack Tanos.
—Y así terminó el combate, con el triunfo de la señorita Riota.
—Abril: ¡Qué sorpresa! En esta batalla fue completamente increíble.
—Claus: Pero no fue narrada porque el escritor ya se cansó de los rellenos.
—Abril: Así es, mira, ya terminó la primera mitad y no se narró casi nada.
—Claus: Para que el lector no se pierda, diremos cómo quedaron los combates siguientes.
—Abril: El luchador Francis Conka Nela perdió contra el luchador Akito Yo.
—Claus: El siguiente combate fue la luchadora La Gringa, quien obtuvo una victoria aplastante contra el luchador Cornelio Toru.
—Abril: Pero me sorprendió que no fue narrada la batalla de La Gringa. Hasta parece que el narrador la deja a propósito para dar intriga a la trama.
—Melani: Tomaremos un receso para esta mitad. Aún quedan pendientes cuatro combates más.
—Ufff, qué calor. Me voy a comprar mi agüita de tamarindo.
*****
—Siriaca: ¿Lucero, dónde estabas? Te perdiste mi pelea.
—Lucero: Estaba en el baño, mamá. (mentira, estaba en el laboratorio de Rugart)
—Siriaca: No te vayas o te perderás la pelea de Juanito.
—Lucero: Bobo, no nos decepciones.
—Juanito: Oye, no voy a perder, no como tú que se rindió rapidito.
—Doña Tencha: Ella se dejó ganar.
—Siriaca: Sí, ella se dejó ganar.
—Juanito: Pero igual soy más fuerte que tú.
—Siriaca: No. No le aguantas ni un round.
—Juanito: Es cierto (dice agachando la cabeza, porque conoce muy bien a su hermana)
—¿Pero... por qué te rendiste?
—Siriaca: Seguro porque es muy madura y no quiso ensuciarse las manos. ¿Verdad, mijita?
—Lucero: Sí. Por eso.
Editado: 08.07.2026