Luchadores de Guatemala

Capítulo 20: ¿Pañales?

—Lucero: Mamá, ya volví. Aquí traigo el alcohol para echarle a Juan.

—Siriaca: Gracias, hijita. Juanito, aguántate un rato.

—Juanito: Nooo. Mamitaaa… eso duele mucho —dice con lágrimas en los ojos, haciendo berrinche porque no quiere que le echen alcohol.

—Siriaca: Ya. No seas chillón —le responde echándole el alcohol encima de las heridas.

—Ya. Se acabó. Ves que no es para tanto. Dime, mijito, ¿quieres algo para comer? —le dice tratando cuidadosamente las heridas con el algodón.

—Juanito: Sí, mamita, ¿me puedes asar unos tamalitos de elote y un mi juguito en lata?

—Siriaca: Sí, mijito. Descansa, ahorita te los traigo.

—Doña Tencha: Uy… Tamalitos de elote, ya me dio hambre. Vamos, mija, te acompaño, así hago unos para mí también.

—Lucero: Tan chillón. No te hagas, que ni estás tan mal. Mamá te suena más duro.

—Juanito: Shhhhi. No lo digas en voz alta o te van a escuchar. Estoy aprovechando para que me cuiden un ratito.

—¿Y vos dónde has estado?

—Lucero: He estado ocupada haciendo las tareas del cole.

—Juanito: Qué tareas, si ahí ni te dejan.

—Lucero: Ya. Calladito te ves más bonito. Si no dices nada, no le digo a mamá que ya estás bien.

—Juanito: Va, está bien, pero espero no estés haciendo nada malo. Al menos llega a ver el combate de mañana.

—Lucero: Ni es para tanto, ya sabemos que papá nunca podrá ganarle a mamá.

—Juanito: Aun así. Llega a apoyar a ma.

—Lucero: Bieeen… ahí estaré sin falta. Yo también quiero ver la cara de papá después de la paliza que le dé mamá, y el rostro de ese otro hijo que tiene. De haber sabido, no me hubiera rendido.

—Siriaca: Aquí está, mijito. Traje también para ti, mijita, ¿de qué hablaban?

—Lucero: De nada.

El día pasa y llega la fecha del torneo. Pero antes de dar inicio, hay una celebración por la final.

—Melani: Holis, señores, estamos en la final. El coordinador dará unas palabras por esta gran final.

—Rugart: Gracias, señorita Melani.

—Melani: De nada, papi. Digo, señor desconocido que organiza el torneo.

—Abril: Finalmente, la tan esperada final, y qué gran discurso el que está dando el coordinador Rugart.

—Claus: Siii. Por cierto, ¿qué te sucedió ayer?

—Abril: Aaa. Eso. Ya está todo resuelto. Ahora ya estoy en planilla y aceptan mujeres para comentaristas.

—Claus: ¿Qué te dijo el jefe? ¿Te apoyó?

—Abril: No te preocupes por eso, él está en la cárcel, ahora tenemos nuevo jefe.

—Claus: ¿En la cárcel?

—Abril: Sí. Ayer trató de meterme mano, así que lo denuncié. Para evitar demandas, la compañía me ofreció un buen trato, y ahora estoy en planilla.

—Pero dejemos eso, ya que todo está resuelto. Ahora veamos que Rugart terminó su discurso y parece que Melani cantará otra vez.

—Claus: Esperemos un gran concierto.

—Melani: Ahora voy a cantar uno de mis éxitos para conmemorar la final del torneo.

—Brinca la tablita.

—Yo ya la brinqué.

Mientras Melani canta su gran éxito: brinca la tablita, los luchadores están en sus camerinos, preparándose para el combate junto a sus familiares. Pero Lucero no está con Siriaca y su familia.

Al parecer está en el laboratorio de Rugart, haciendo no sé qué cosa.

—Lucero: Ufff. Con esto terminé, por fin desactivé todos los misiles y los reprogramé, ahora me pertenecen, junto con todo este laboratorio. Jeje. Rugarsito, qué sorpresa te voy a dar.

Lucero ha desactivado todos los misiles y reprogramó todo en el laboratorio, haciéndose con el poder de él.

—Lucero: Eso acabo de decir —murmura.

Mientras, Rugart ingresa a su laboratorio sin saber lo que le espera.

—Rugart: Por fin mi plan está por completarse, pronto seré el único distribuidor de pañales. Y me haré rico, jajaja.

—Lucero: ¿Pañales? —murmura, escondida detrás de un misil.

—Rugart: ¿Quién anda ahí?

—Lucero: Veo que me descubriste, Rugarsito —sale aplaudiendo.

—Rugart: Escuincla, ¿qué haces aquí?, ¿cómo entraste?

—Lucero: Tu laboratorio no es muy seguro, no me costó nada infiltrarme y tomar posesión de él.

—Rugart: ¿Qué dices? ¿Y los robots de seguridad?

—Lucero: Ya los reprogramé. Pero no esperaba que tu gran plan fuera destruir las fábricas de pañales de la competencia. ¿Por qué no eres un villano normal?

—Rugart: Escuincla malcriada, te voy a educar ya que tus padres no lo hicieron. ¿No ves que te enfrentas al tricampeón?

—Lucero: Esa ya es agua vieja. Los tiempos cambian. Veamos qué tienes.

El ojo izquierdo y las manos de Rugart comienzan a brillar, y al juntarlas envía una ráfaga de energía.

—Lucero: Ve, Chili. —El dron se lanza a la ráfaga y crea un escudo de energía, deteniendo el ataque.

—Rugart: Lo. Detuvo. —murmura sorprendido.

—Lucero: ¿Solo eso tienes? Qué debilucho.

—Pero dime, Rugarsito, ¿por qué te empeñas en destruir esas fábricas?, ¿no tienes más sueños como conquistar el mundo? Tal vez te contrate.

—Rugart: ¿Qué dices? No sabes lo caros que están los pañales ahora, y los de buena calidad son aún más caros.

—Cuando mi hijita nació, gastaba mucho en pañales, pero el sueldo no me alcanzaba y tenía que comprar los baratos de a un quetzal. Terminó con salpullido mi pobre hijita.

—Por eso, planeé vengarme de todas esas marcas caras y de paso hacerme rico.

—Lucero: ¿Solo eso? Qué poca visión tienes. Ok, si no te rindes, no me culpes.

Lucero le lanza una pelotita que sacó de su mochila, y esta, al estallar cerca de Rugart, le deshace la ropa y lo deja en pañales.

—Lucero: ¿Pañales?

Después de eso, volvemos al estadio, donde Melani está cantando otra canción.

—A la víbora, víbora de la mar.



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Editado: 11.08.2026

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