—Abril: Una exquisita canción, top uno a nivel mundial, a pesar de ser un artista nuevo.
—Claus: Simplemente, cada vez que escucho cantar a Melani me arde el fuego de la nostalgia.
—Melani: Con esto ha terminado mi presentación con mis grandes éxitos, espero sean de su agrado.
—Ahora que pasen los luchadores. Por este lado, la suegra, digo, la luchadora Siriaca Tec Socoj.
El público aplaude fuertemente, ya que ahora sí tiene fans.
—Melani: Por este otro lado, que pase el desgraciado, jijiji, el luchador infiel, Juan Go Cuc.
También le aplaude el público, porque sigue siendo el favorito.
—Melani: Los dejaré un ratito. Jijiji. Un juez random será el encargado hasta que vuelva. Ahorinita vuelvo. Jijiji.
Regresando con Lucero al laboratorio de Rugart, este ha quedado en pañales, pero parece que no se ha rendido.
—Rugart: Solo eres fuerte por esos cachivaches que usas. Ven, pelea como los hombres.
—Lucero: Rugarsito, mejor ríndete, no podrás conmigo. Si no me crees, te haré caso, no usaré nada. Será a puño limpio. Pero ponte ropa. Me da pena ver un hombre musculoso con pañales. Y no olvides que soy chica.
—Rugart: Es porque tengo incontinencia. Espérame tantito.
—...
—Lucero: ¿Estás listo? Vente con todo.
—Rugart: Ya me puse mi trajecito. Prepárate para detener este ataque.
Rugart se lanza deslizándose por el suelo como patinando y dejando un aura negra a su paso.
Pero... ¡Pum!
Lucero detiene el puño de Rugart; en ese instante, la técnica de Rugart genera un pilar oscuro y una calavera se refleja en este.
—Rugart: Jajaja. Ves lo fuerte que soy. Jajaja. —Al disiparse la técnica, Lucero aparece completamente intacta, sosteniendo el puño de Rugart con una mano.
—Lucero: Rugarsito, ¿eso es todo lo que tienes? Creí que esta vez sí me darías un poco de batalla, pero ni siquiera sin armas me puedes vencer.
—Rugart: ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puedes ser tan fuerte?
—Lucero: Mi mamá es tortillera y mi papá albañil, está en mis genes.
—Rugart: Eres un monstruo.
—Lucero: Oye. Soy una linda chica. Y ahora es mi turno, a ver si aguantas esta.
Lucero ataca con un puñetazo y es tan fuerte que vuelve a destrozar la ropa de Rugart y dejarlo en pañales, además de ser lanzado por el aire.
—Rugart: No. No te acerques —le dice con voz de niña asustada cuando ve que Lucero se acerca, se levanta y sale corriendo para escapar.
—Lucero: No aguantas nada, mi hermano me aguanta más que tú.
—Rugart: Con esto será el final —corre y toma el detonador. Lo presiona varias veces, pero no pasa nada, mientras Lucero camina lentamente acercándose a él.
Ese día, Rugart sintió el verdadero terror. Y lloraba como niña.
—Lucero: No te funcionará, ya te dije que ahora este es mi laboratorio.
Corre, Rugart, corre. Se dirige a la plataforma que lo lleva al domo, la que usaría para la final. Pero ahora la usará para huir. Mientras sube, siente un alivio en su corazón por haber logrado escapar.
Volviendo al torneo, ya los luchadores están en sus puestos para la batalla final: Siriaca versus Juan. Del bando de Juan está Soraida y su hijo Junior, apoyándolo; del lado de Siriaca está doña Tencha, comiendo unas tostadas de guacamole, y su hijo Juanito.
Por otro lado, Melani está en el baño.
—Melani: Ay. No debí comprar esas porciones de pizza a quetzal al vendedor en bicicleta —comenta, estando muy ocupada en el baño.
Y después de este intermedio, volvemos al domo, donde el inicio del fin está cerca.
—Siriaca: Hoy ajustaremos cuentas por todo.
—Juan: No te debo nada. Deja de estar tan obsesionada conmigo.
—Siriaca: Eso fue antes, ahora me alegro de quitarme un peso de encima, pero no te saldrás con la tuya. Hoy vas a sufrir.
—Juanito: Abuela, ¿crees que ma podrá ganar esta?
—Doña Tencha: Sí, no te preocupes. Juan sólo es un poquito más fuerte, nunca pudo con tu mamá y nunca podrá.
—¡Vamos, hija, rómpele su mandarina!
—Claus: Por fin me tocaron unas líneas, el combate no ha iniciado y el ambiente está que arde.
—Abril: Sí. Pensé que solo tendría una línea, pero confirmo, se puede ver la tensión entre ambos luchadores, la mamá luchona contra el ex infiel. Esta batalla será fascinante.
—Juez: Luchadores, prepárense, en…
—tres…
—dos…
—uno… ¡A luchar!
—Siriaca: Aquí voy, no me vencerás.
—Juan: Pues véngase pa'cá, ¿qué esperas?
—Abril: Siriaca se lanza con todo, con una velocidad increíble.
Mientras Siriaca corre, se abre una escotilla del domo; el que sale no es ni más ni menos que Rugart en pañales.
—Siriaca: Quítese de aquí, ¿no ve que estoy peleando con mi ex? —dice Siriaca sin detenerse, dándole una cachetada a Rugart para quitarlo del camino, lanzándolo fuera del domo y dejándolo clavado en la pared.
—Rugart: Pos qué come esta familia. —Después de estas palabras cae al suelo, y el inminente choque de Siriaca contra Juan está en escena que hasta parece en cámara lenta.
Editado: 11.08.2026