Lucifer: El despertar del dragón

CAPITULO 3: El Tercer Brote

Lucifer permanecía todavía junto a Baal Zebul cuando su hermano volvió a hablar.

—Lucifer, te aconsejo que antes de partir visites a la Dominación Muriel. Él vigila los mundos. Sabrá decirte las características del Tercer Brote para que puedas ir preparado.

Lucifer asintió.

—Sí. Iré sin demora, Baal Zebul. Nos veremos en el Gran Salón del Trono cuando regrese de mi misión.

Baal Zebul sonrió.

—Buen viaje, hermano. Que la fuerza de nuestro Padre guíe tus pasos.

Lucifer abrió sus alas y en un instante, se elevó hacia los cielos.

Su destino era el Pabellón estelar.

El templo se alzaba en una región del Paraíso donde las estrellas parecían estar al alcance de la mano. Sus paredes estaban construidas con mármol blanco y recorridas por majestuosas incrustaciones de oro. Sobre sus enormes columnas podían contemplarse símbolos que representaban los mundos creados por el Arquitecto.

Allí residía Muriel.

La Dominación encargada de custodiar el conocimiento de la creación.

Ningún mundo escapaba a su vigilancia. Ninguna estrella,ninguna galaxia,ningún cometa, asteroide o cuerpo celeste que atravesara el inmenso océano del universo.

Muriel conocía sus movimientos y, cuando era necesario, intervenía para mantener el equilibrio establecido por el Creador.

Lucifer aterrizó frente a las enormes puertas del templo y antes de que pudiera tocarlas...

Las puertas se abrieron.

Como si hubieran reconocido al Primogénito de la Luz.

Lucifer entró y quedó maravillado,nunca había estado allí, nunca le hizo falta.

El interior del Pabellón Estelar no parecía una sala, parecía el universo entero contenido dentro de un templo.

Esferas luminosas flotaban por todas partes.

Cada una representaba un mundo.

Algunas eran pequeñas y azules, otras ardían como gigantescas bolas de fuego, también las había que estaban cubiertas de hielo y otras poseían enormes océanos y continentes.

Las esferas se movían lentamente siguiendo las órbitas que el Creador había establecido.

Entre ellas caminaba Muriel.

La Dominación llevaba una sencilla túnica azul que caía hasta sus pies.

No necesitaba armadura,su rango no se demostraba mediante armas y en su mano sostenía un cetro de oro.

Con él podía tocar directamente los acontecimientos que ocurrían en los confines del universo.

Lucifer lo vio detenerse frente a una de las esferas.

Un fragmento de roca se dirigía directamente hacia ella.

Muriel levantó tranquilamente su cetro y con un leve toque su trayectoria cambió.

La roca pasó de largo y continuó su viaje por el vacío.

Muriel sonrió mientras observaba la esfera.

—Todavía no es tu fin...

Su voz era suave.

—Aún te quedan muchos amaneceres que contemplar.

Lucifer lo observó todo.

—¿Mucho trabajo hoy, Muriel?

La Dominación se giró.

Al reconocerlo, sonrió.

—Bienvenido, Lucifer.

Se acercó a él.

—Hace tiempo que no nos veíamos. ¿A qué se debe esta visita?

Lucifer levantó ligeramente la cabeza.

—Vengo en busca de información, debo viajar al Tercer Brote.

El rostro de Muriel mostró una pequeña sorpresa.

—¿Al Tercer Brote?

—Sí.

Lucifer hizo una pausa.

—Nunca he estado allí. Necesito conocer sus características antes de partir.

Muriel asintió.

—Entonces acompáñame.

Los dos comenzaron a caminar por la inmensa sala mientras esquivaban las incontables esferas luminosas que flotaban a su alrededor.

Lucifer contemplaba cada una con fascinación.

En una podía verse un mundo cubierto completamente por océanos.

En otra, enormes tormentas giraban alrededor de continentes de hielo.

Más allá, una estrella moribunda comenzaba a colapsar sobre sí misma.

Todo estaba allí.

La creación entera parecía descansar dentro de aquel templo.

Finalmente Muriel se detuvo.

Frente a ellos flotaba una pequeña esfera azul.

—Este es el mundo que buscas, el Tercer Brote, el tercer mundo que fue creado después de su estrella.

Lucifer se acercó.

—¿Este?

Muriel extendió dos dedos y la esfera comenzó a crecer hasta que ocupó gran parte de la sala.

La superficie del mundo apareció ante ellos con una claridad extraordinaria.

Lucifer abrió ligeramente los ojos.

Había enormes masas de agua que cubrían gran parte de aquel planeta. Bosques,desiertos…Y montañas que se elevaban hacia los cielos.

Muriel señaló una enorme masa de nubes oscuras.

—El agua de sus océanos asciende hacia los cielos y forma estas nubes.

Lucifer observó fascinado.

—¿Y después?

—Después regresará a la tierra.

Un relámpago atravesó la esfera y Lucifer sorprendido dio un pequeño paso hacia atrás.

Muriel sonrió.

—Algunas nubes traerán lluvia.

Otro destello.

—Otras traerán granizo.

Y finalmente...Un trueno retumbó por toda la sala.

Lucifer estaba perplejo.

—Un mundo bastante ruidoso.

Muriel volvió a reducir la esfera.

—Ese es el Tercer Brote.

Lucifer asintió lentamente.

—Bien.

Miró nuevamente el pequeño mundo azul.

—Con lo que me has explicado, ya sé dónde encontrar cada uno de los materiales que me ha pedido nuestro padre.

Muriel introdujo una mano entre los pliegues de su túnica.

—Entonces necesitarás esto.

Sacó una pequeña bolsa.

Parecía sencilla.

Pero no lo era.

Su tejido era completamente negro, más oscuro que la propia noche.

Muriel se la entregó.

—Está fabricada con tejido del vacío.

Lucifer la observó.

—¿Del vacío?

Muriel asintió.

—Su interior no tiene límites.

Tomó un pequeño rayo de luz dorada entre sus dedos y lo utilizó para cerrar la abertura de la bolsa.

—Todo aquello que introduzcas lo absorberá dentro sin importar su tamaño.

Lucifer comprendió entonces la verdadera naturaleza del objeto.




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