8 de noviembre de 2025
El cumpleaños de mi pequeño. No puedo creer que hoy cumpla cinco añitos.
Parece que fue ayer cuando lo cogí en brazos por primera vez y hoy estoy preparando las cosas para su primera fiesta de cumpleaños con amigos.
Izan nunca fue mucho de amigos; de hecho, tiene tres. No es un niño muy sociable, pero tampoco lo calificaría como algo malo. Nos parecemos más de lo que me imagino. Es hijo digno de su madre, no lo puedo negar.
Jack llega con las últimas cosas que faltaban por comprar y me enseña el regalo que llevamos preparando meses para nuestro pequeño. Sin embargo, no es lo que habíamos hablado.
Jack me cuenta que no sabe cómo sucedió, pero que las entradas que teníamos para Disneyland se habían perdido, que no tenía ninguna copia en el ordenador, ni en el móvil ni en ninguna parte. Así que, para enmendar el error y puesto que a Izan le chiflan los animales y a mí también, consiguió unos billetes bastante baratos para pasar unos días en África en diciembre. Algo parecido a un safari.
No sé si es bueno o no. Sé que suena un poco histérico, pero no quiero morir a causa de que me coma un león; o, aún peor, que se coma a Izan.
A pesar de todos mis miedos y paranoias, pensando en los peores escenarios posibles de esa aventura, accedo a la propuesta de mi marido.
La fiesta transcurre sin inconvenientes y, por fin, llega el momento de darle a Izan nuestro regalo.
Le encanta.
Así que oficialmente nos vamos a África en Navidad. Vaya, jamás lo imaginaría. Estoy nerviosa, puesto que no es lo que había planeado. Cualquier cosa que se salga de los planes me produce mucha ansiedad, pero bueno, aún quedaba un mes para prepararlo todo. Y es África, será una experiencia increíble. Total, ¿qué será lo peor que pueda pasar?
De saber lo que iba a pasar, no hubiera pisado ese avión ni aunque me llenaran la casa de insectos para siempre.
Mi vida estaba a punto de cambiar y no era consciente de ello.