23 de diciembre de 2025
Quedan 19 horas
No tuve fuerzas para nada aquella mañana.
Jack comprendió cómo estaba y se llevó a Izan a una sala de juegos que había en el hotel para que los niños pudieran distraerse un poco. Ese día no salimos del hotel. No podía dejar que mi hijo saliera a la calle cuando, en cualquier momento, podían arrebatármelo, hacerle daño a Jack o incluso matarme a mí.
Sabía que teníamos que salir del hotel. Si no era hoy, tendría que ser mañana, pero no podíamos encerrarnos allí de por vida. Sobre todo porque el día 30 nos íbamos de vuelta a España para pasar Nochevieja con mis padres y en Año Nuevo llevaríamos a Izan a ver a mis suegros.
Habían cambiado muchas cosas desde que mis abuelos ya no estaban.
Los echaba de menos.
Así que comimos en el hotel y después nos pusimos a ver películas de Navidad hasta las 21:00, cuando bajamos a cenar.
Volvían a estar puestas las noticias en la recepción del hotel. Habían matado a unos turistas ingleses mientras caminaban por una calle, sin más. Parecía que había sido completamente al azar.
¿Habrían asesinado así a Juan y a su familia?
Creía haber escuchado que los cadáveres de los turistas ingleses los habían encontrado en un lugar no muy lejos de donde estábamos nosotros. Algo me decía que tenía que ir a ese sitio.
No sé cómo, pero allí estaba yo, en la habitación del hotel, a las 2:30 de la madrugada, poniéndome los zapatos sin hacer ruido para no despertar a mi marido ni a Izan.
Salí por la puerta.
No me podía creer lo que estaba a punto de hacer, pero tenía que saberlo.
¿Entonces Juan había sido asesinado por pura mala suerte, por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado?
En aquel momento no lo sabía, pero quedaban seis horas para que mi vida cambiara para siempre.