Queda 1 hora
Ya casi era de día.
Se habían llevado el cadáver de Jack. No sabía adónde.
Yo seguía allí, atada, aunque ya no estaba tan drogada como antes.
No sabía qué me harían, pero estaba segura de que de allí no saldría con vida.
De pronto, vi llegar a lo lejos a un hombre con lo que parecía ser un niño pequeño en brazos.
¿Izan?
No.
No podía ser.
Él estaba a salvo en el hotel.
No podía ser mi hijo.
Pero sí lo era.
Lo traía el recepcionista del hotel.
Estaba compinchado con aquella banda.
Era una pesadilla.
No podía ser Izan.
Él no.
Dejaron a mi pequeño en el suelo, me desataron y vino corriendo hacia mí.
Fue entonces cuando me di cuenta de que me faltaban dos dedos de cada mano. Me los habían cortado y no sabía por qué.
No lo había notado hasta ese momento. Supongo que era porque todavía estaba drogada.
Pero ¿qué les habíamos hecho nosotros a aquella gente?
Abracé a mi pequeño durante tan solo unos tres segundos.
Después me lo arrebataron de los brazos.
Fui corriendo hacia aquella mujer que llevaba a mi pequeño, pero no llegué a tiempo.
Un hombre alto y robusto lo agarró por un brazo y le clavó un cuchillo directamente en su pequeño corazón.
Después lo dejó acostado en el suelo.
Corrí hacia él.
Sus últimas palabras fueron:
—Mami...
Y murió en mis brazos.