Renacer
Habían pasado ya cinco años desde que mi vida cambió por completo.
Por lo menos sé que aquella mujer no volverá a hacer daño a más gente. Del resto de su banda no se sabe nada más; simplemente desaparecieron.
Después de todo lo ocurrido, la policía consiguió descubrir algunas cosas sobre ellos.
No mataban a personas al azar.
Al principio eso fue lo que todos pensamos.
Juan y su familia parecían ser simplemente unos turistas que habían tenido la mala suerte de cruzarse con las personas equivocadas.
Pero no era así.
Había algo detrás de aquellas muertes.
Aquella banda llevaba años utilizando aquella zona para hacer negocios ilegales. Se aprovechaban de turistas, de hoteles y de personas que conocían la zona para mover mercancías y dinero sin levantar sospechas.
Y cuando alguien descubría demasiado, desaparecía.
Juan había descubierto algo durante aquel viaje.
No sé exactamente qué llegó a ver, pero ahora entiendo por qué aquel día me mintió.
Aquella fotografía en la que aparecía su familia y, detrás de ellos, aquella mujer.
Al principio pensé que había sido una simple coincidencia.
Ahora sé que no lo era.
Juan la había visto.
Y ella sabía que Juan la había visto.
Abdón también sabía demasiado.
Él conocía aquella zona como la palma de su mano. Había nacido allí, había crecido allí y, aunque pasó parte de su vida en España, había regresado para trabajar como guía turístico.
Conocía a demasiada gente.
Había visto demasiadas cosas.
Y, probablemente, había empezado a hacer preguntas.
Por eso lo mataron.
Y después llegamos nosotros.
No sé exactamente qué creían que sabía yo.
Quizá pensaban que Juan me había contado algo antes de morir.
Quizá creían que tenía aquella fotografía por alguna razón.
O quizá simplemente pensaron que, si no me mataban, terminaría descubriendo la verdad.
Nunca lo sabré.
Pero hay algo que sí sé.
No éramos víctimas elegidas al azar.
Nos convertimos en un problema para ellos desde el momento en que empezamos a acercarnos demasiado a la verdad.
Me arrebataron a mi marido y a mi pequeño, así que aún no sé cómo, a día de hoy, logré sobrevivir, ni cómo lo hice ni de dónde saqué las fuerzas.
Dejé a Izan a un lado, acostado sobre el asfalto para no hacerle daño y fui decidida a matar a aquella mujer.
Conseguí quitarle el cuchillo y se lo clavé en el pecho.
El resto de la banda huyó.
Yo volví a sujetar a mi pequeño en brazos y me lo llevé conmigo.
Vi un hospital a lo lejos y me puse a correr hacia allí con la esperanza de que pudieran hacer algo por Izan, pero fue en vano.
Llamé a mis padres y a mis suegros.
Nunca encontramos el cadáver de Jack, pero ojalá descanse en paz allá donde se encuentre.
Mi pequeño, mi Izan, tuvo un funeral aquí, en España.
Mi vuelta a España fue dura.
Me fui con los dos amores de mi vida a África y regresé sin ellos.
Volví a casa de mis padres y, de vez en cuando, voy a ver a mis suegros. Ahora nos llevamos bien. Dicen que soy la hija que nunca tuvieron.
Mi hermana me apoyó muchísimo. Dejó su nueva casa durante una temporada y se vino a vivir conmigo a casa de nuestros padres.
Su marido se encargó durante meses de los niños y de su hogar.
Se lo agradeceré de por vida.
Quiero muchísimo a mis sobrinos. Son también como mis hijos: tres pequeños diablos que no paran ni un segundo.
Ellos no pudieron conocer a Izan, pero sé que se llevarían bien, porque aman los dinosaurios.
Dejé mi trabajo en la hamburguesería porque caí en una depresión que no me dejaba ni levantarme de la cama.
Fui al psicólogo y mis padres me ayudaron muchísimo.
No volví a casarme ni tuve más hijos.
Empecé a centrarme en mí misma y a plasmar mis pensamientos en un papel.
Fue entonces cuando, un buen día, empecé a recordar de nuevo, pero de una manera bonita. Con nostalgia, sí, pero sin llorar a mares.
Recordé cómo conocí a Jack.
Y me puse a escribir nuestra historia.
La de Izan.
La de nuestra familia.
Me ayudó a estar mejor y a sanar, aunque fuera un poco.
Y, al final, me convertí en escritora.
Este fue mi primer pequeño libro.
Mi historia.
Pero no la última.
Y os preguntaréis:
¿No es duro escribir si te faltan dos dedos de cada mano?
Sí, lo es.
Pero hay un truco...
Que tú cuentes tu historia y tu hermana la escriba.
Sé que estar donde estoy ahora es mi lugar, mi sitio y la vida que deseo.
No volví a la carrera de Veterinaria, ni trabajo en la tienda de antigüedades, ni en la hamburguesería, pero descubrí que mi verdadera vocación es escribir.
Siempre echaré de menos a mis dos personas.
Pero es la primera vez que siento algo de paz desde que ellos se fueron.
Es la primera vez desde entonces que siento que no estoy en el lugar equivocado.