••••••••••• Capítulo 9 •••••••••••
La energía entre ellos era ahora tan vibrante que ni siquiera la distancia de sus respectivos trabajos podía atenuarla. Ese breve intercambio de mensajes era el pulso de una relación que, tras haber sobrevivido a la sombra de Marcus, ahora buscaba expandirse hacia lo desconocido y lo maravilloso.
Después de desayunar juntos, Lumi y Auric se prepararon para ir a trabajar. En la puerta, un abrazo breve selló la despedida, pero apenas unos minutos después, el teléfono de Auric vibró.
Era un mensaje de Lumi: “Te extraño… mucho.”
Auric leyó la respuesta de Lumi mientras caminaba hacia su oficina, esquivando a los transeúntes con una agilidad que nacía de su buen humor. Se detuvo un momento junto a una fuente, pensando en la luz del atardecer.
Auric sonrió al leerlo y respondió de inmediato:
“Yo también te extraño. ¿Cuándo podemos volver a pasar un día entero juntos?”
La respuesta de Lumi llegó enseguida, acompañada de un emoji de guiño:
“Pronto, pronto… ¿qué tal si planeamos algo para el fin de semana?”
Auric no dudó:
“Me encantaría. ¿Qué te parece si vamos al Pasillo de la Conexión? "Dicen que la magia del Pasillo alcanza su punto máximo cuando el sol empieza a esconderse. ¿Qué tal si nos encontramos allí a las seis? Así veremos cómo las luces de las almas empiezan a brillar entre las flores de cristal."
Lumi sintió una chispa recorrerle el pecho, como si las palabras de Auric hubieran encendido algo en su interior.
—¡Es una idea perfecta! —respondió—. Quiero recorrer ese lugar contigo, paso a paso. A las seis será. Contaré los minutos, Auric. Me han dicho que en ese pasillo el tiempo se detiene... y me muero por detenerlo a tu lado.
Auric escribió:
—Al atardecer. Es cuando la luz acaricia las paredes y el aire parece dorado. Allí, todo se siente… diferente.
Lumi sonrió, imaginando la escena.
—Entonces al atardecer… —tecleó—. Estoy deseando verte allí y perderme contigo en el Pasillo de la Conexión, hasta que la noche nos encuentre.
Mientras el día avanzaba, ambos se perdieron en sus tareas, pero con la mente puesta en el fin de semana. El Pasillo de la Conexión no era una calle cualquiera en Némora; era un antiguo sendero flanqueado por arcos de piedra blanca que, según los lugareños, reaccionaban a la sintonía de quienes lo cruzaban.
Se decía que si dos personas que se amaban de verdad caminaban por allí, los faroles se encendían con un tono azulado y cálido, muy similar a la luz que Lumi llevaba en su pecho.
Quería que Lumi viera que su conexión no era solo algo subjetivo, sino una fuerza capaz de transformar el entorno. Para él, era la oportunidad de crear un recuerdo tan poderoso que borrara definitivamente cualquier rastro de melancolía del pasado.
El viernes por la noche, Lumi preparó su ropa con un cuidado casi ritual. Ya no sentía la opresión del encuentro con Marcus; ahora, la única "turbulencia" en su estómago era la de la anticipación feliz.
A medida que avanzaban, el silencio del pasillo no era un vacío, sino una presencia elocuente. Los símbolos tallados en las paredes empezaron a reaccionar a su paso; no con estridencias, sino con un brillo tenue, como brasas que despiertan al ser sopladas por una brisa suave. Lumi notó que su propia luz interior, esa que tanto le había costado aceptar, vibraba en perfecta armonía con el pulso de las piedras.
Se detuvieron ante el centro del pasillo, donde el techo se abría en una cúpula de cristal que dejaba ver el primer asomo de las estrellas. Allí, la energía era tan tangible que Lumi sintió un hormigueo en las yemas de sus dedos.
Auric se giró hacia él, y en este lugar sagrado, su presencia parecía magnificada. Ya no era solo el hombre que lo protegía, sino la otra mitad de un diseño cósmico que finalmente encajaba.
—¿Lo sientes, Lumi? —susurró Auric, y su voz resonó con un eco cristalino—. El pasillo no está creando nada nuevo. Solo está reflejando lo que ya somos cuando estamos juntos.
Lumi extendió la mano y tocó uno de los símbolos en la pared: una espiral que representaba el infinito. Al hacerlo, el símbolo se iluminó con un color azul zafiro, el color exacto de la esencia de Lumi, y rápidamente se entrelazó con un destello dorado que emanaba de la cercanía de Auric.
En este lugar, la duda era imposible. Lumi comprendió que lo que tenía con Auric no era un accidente del destino, sino una elección de sus almas que trascendía cualquier archivo o recuerdo de Marcus.
Las últimas sombras que Marcus había intentado proyectar se disolvieron al contacto con la pureza del pasillo. Allí, Lumi se sintió "limpio", reiniciado, libre de cualquier etiqueta antigua. Sus corazones, tal como lo habían sentido, empezaron a latir al unísono, un ritmo que el propio pasillo parecía amplificar a través de sus muros.
En un punto del recorrido, algo los hizo detenerse. Sin previo acuerdo, se miraron a los ojos, y en ese silencio encontraron todas las respuestas que nunca necesitaron preguntar. Sabían que estaban exactamente en el mismo lugar emocional, y que su amor no era una ilusión, sino una verdad viva y profunda.
Al llegar al final del pasillo, se encontraron frente a un pequeño altar de piedra donde los visitantes solían dejar una "promesa de luz". No era un objeto material, sino un pensamiento que el pasillo guardaría para siempre.
Auric tomó las manos de Lumi entre las suyas y lo miró con una intensidad que hizo que el mundo exterior desapareciera definitivamente.
El Pasillo de la Conexión estaba haciendo algo extraordinario: les estaba regalando la visión de un destino que ya no pertenecía al azar, sino a su voluntad. La playa dorada no era un recuerdo de lo que fue, sino una proyección de la paz que se habían ganado. Allí, en ese espejismo de luz, Lumi pudo verse a sí mismo sin rastro de la timidez o el miedo que Marcus le había infundido; se vio pleno, radiante, siendo el pilar de alguien más, y no solo un satélite.
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Editado: 29.01.2026