A las tres estrellas que me cuidan desde Lumirion, guardianas silenciosas de mis pasos, recordándome que incluso en la oscuridad hay un brillo que nunca se apaga.
A la energía madre de los árboles de vida, que me mostró que toda herida puede transformarse en raíz y que toda raíz puede dar fruto cuando se entrega con amor.
Y a ti, que tienes este libro en tus manos: deseo que en estas páginas encuentres un reflejo de tu propia fuerza, un recordatorio de que siempre hay luz, aún en medio de la noche más profunda