ANKA VON MUNTEAN.
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El espejo se hace añicos contra la pared. Los fragmentos saltan en todas direcciones, algunos clavándose en la madera del armario, otros cayendo al suelo con un tintineo frío. Mi pecho sube y baja como si hubiera corrido kilómetros, pero no he salido de esta habitación. Solo he estado aquí, ardiendo por dentro.
—¡¿Por qué ella?! —grito, y mi voz sale rasposa, rota, como si las palabras me quemaran la garganta al salir.
Me dejo caer de rodillas. El suelo está frío. Mis dedos tiemblan entre los trozos de vidrio, veo mi reflejo ojos rojos, labios apretados, cabello blanco desordenado. Parece que el mundo entero se ha vuelto contra mí.
—¡Anka! —Juliette aparece en la puerta. Su voz es suave, pero no logra calmarme. Nada lo haría ahora—. ¿Qué ocurre, linda? —dice, sentándose a mi lado. Huele a jazmin, como siempre. Me da ganas de empujarla. De gritarle que no entiende, pero no lo hago.
—Juliette… —sollozo. No quiero llorar. Odio llorar. Pero las lágrimas vienen solas, calientes, inútiles. Me abalanzo hacia ella, entierro la cara en su hombro. Necesito aferrarme a algo que no me traicione.
—Lo vi. Estaba con esa… esa asquerosa humana. Besó sus labios —mi voz se quiebra con cada palabra—. No entiendo a Lucien. ¿Por qué está con esa niña humana?
Ella me abraza con fuerza. No dice nada, solo me sostiene y en ese silencio, sé que lo entiende. Que su propio corazón también ha sido pisoteado. Que ver a quien amas con otro es como morir despacio.
Se separa. Me toma de los hombros, intenta sonreír, intenta darme esperanza.
—Anka, uno no decide de quién enamorarse. Lucien se enamoró de alguien más, y tú debes aceptarlo y…
—¡Me niego! —la empujo. Sus manos salen volando de mis hombros como si las hubiera quemado. Me levanto de un salto. Mis piernas tiemblan, pero no de miedo, de furia.
—¡Me niego a verlo con esa niña humana —ella se pone de pie también. Me mira con esos ojos esmeralda llenos de preocupación.
—Anka, deja esto. Te haces daño a tu vida llegará alguien más, alguien que te ame.
—¡Yo no quiero a alguien más, Jul! —grito, y esta vez mi voz no tiembla. Es firme. Helada—, yo quiero a Lucien y si no es a mi lado… prefiero verlo muerto.
Ella palidece. Abre la boca, pero no para discutir, para herirme con la verdad. —Eso no es amor cuando de verdad amas, solo quieres lo mejor para esa persona, Anka. Incluso si no está a tu lado, eso que tú sientes… no es sano.
—¡Vete, Juliette! ¡Largo de mi habitación –ella no responde. Solo me mira un segundo más, como si esperara que me arrepienta. Luego se da la vuelta y se va. La puerta se cierra suavemente. Demasiado suavemente.
Me quedo sola. Camino hasta la cama, me siento y mi respiración se calma, pero el fuego sigue ardiendo dentro. Abro el cajón de la mesita. Saco un guante blanco. Lo acaricio con los dedos, suave, como si fuera piel viva.
No quería que las cosas fuesen así. Pero ya es tarde para acobardarse, solo espero que lady Victoria haga algo.
──𖥸──
AMELIE APAFI.
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Me siento frente al tocador, con las manos quietas sobre mis rodillas. No tengo ganas de hablar, no tengo nada que decir.Molly cepilla mi cabello ahora corto, mientras medito en lo sucedido en el paseo de hoy con Lucien.
—No debiste cortar tu cabello Ami, era tan lacio y brillante… —calla al no tener respuesta de mi parte—. Amelie, te estoy hablando. ¿Ocurre algo? —pregunta dejándome de llamar por mi apodo.
—Era solo cabello, Mignonette —digo, aburrida de siempre responder la misma pregunta.
Deja el cepillo a un lado. Se inclina hacia mí, los codos apoyados en el respaldo de la silla.
—Amelie —llama, de forma más seria—. Dime, prima. ¿Qué ocurre? Y no me digas que nada, porque te conozco muy bien, y sé que algo te pasa.
Me levanto por impulso mis pies buscan espacio, como si el aire de la habitación se hubiera vuelto demasiado denso. Molly no descansará hasta que le dé algo. Aunque sea una mentira.
—Es…
—Déjame adivinar —me interrumpe, como siempre—. Es sobre tu matrimonio, ¿no?
—No, bueno sí —no entiendo exactamente qué está pasando. Lucien dice quererme, pero hay algo que no me dice, algo que pesa entre nosotros, aunque intente sonreír—, sabes qué, mejor olvida lo que digo.
—¿Amelie, esto tiene que ver con lord Lucien? —pregunta con picardía.
Mis mejillas se calientan al instante. Ella sonríe, ya sabe la respuesta. —Y no se te ocurra negarlo, que con solo nombrarlo te pusiste tan roja como una manzana, querida prima.
Suspiro resignada, no se rendirá, nunca lo hace. —Molly… tengo miedo.
—¿Pero qué dices? —pregunta, confundida—. Amelie, dime. ¿A qué temes?
—Temo a esto que siento, temo a mis reacciones cuando estoy con él.
Ella toma un almohadón y lo abraza contra su pecho, emocionada. —Amelie, es normal, niña. A eso que tanto tienes temor se le llama amor, no entiendo tu temor a diferencia de muchas que se casan por un acuerdo entre hombres, tú lo harás por amor.
—Siento que algo oculta —digo, bajito—, hoy me dijo que me quería, pero…
—Pero tú como siempre, buscando un porqué. Amelie deja de buscar una explicación a todo. El amor no se entiende, niña solo se siente. Créeme: el día que dejes de buscar una lógica a las cosas, serás mucho más feliz.
—Eres una romántica —digo, sentándome a su lado.
—Y tú una rebelde que siempre pretende nadar en contra de la corriente —responde, riéndose.
Me quedo en silencio.
¿Acaso mi prima tiene razón? Quizás deba dejar que todo fluya.
──𖥸──
LUCIEN VON MUNTEAN.
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Entre los hermanos Von Muntean la espada era casi una obligación, era el mejor medio para calmar las discordias habituales entre hermanos.
Aleph derrota a Loan en un instante. Mi mellizo cae de rodillas, tosiendo, aún así sigue sonriendo como siempre. Aleph me mira, la espada aún en alto, y cambia de arma con un chasquido seco.
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Editado: 22.02.2026