AMELIE APAFI
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Siento que mi corazón va a romperme las costillas. Late tan rápido, tan fuerte, que juraría que todos lo oyen.
Al entrar, mis ojos encuentran los suyos. Lucien está junto al altar, vestido de negro, inmóvil. Me mira. Sus orbes esmeralda me atrapan como siempre. —Llegaste —susurra, con esa voz baja que solo yo alcanzo a oír.
No puedo apartar la vista, mejor dicho no quiero hacerlo. Mi padre me toma del brazo. El salón está lleno. Velas altas iluminan las columnas de mármol, flores blancas trepan por los arcos huele a jazmín, y a algo que no reconozco pero que me hace temblar.
—Amelie, camina, hija —susurra el vizconde Apafi—. Estás nerviosa lo sé pequeña, pero no debes preocuparte. Hijita mía, todo estará bien. He visto cómo tú y lord Lucien se llevan cariño —no respondo, solo asiento su sonrisa es cálida, sincera... pero me recorre un frío por la espalda. No de miedo, sino de certeza de que esto ya no tiene vuelta atrás.
Lucien me observa y en ese instante, veo lo que él ve: una mujer en un vestido blanco con detalles azules, que ca directo a su destino. —Luces preciosa.
Quiero agradecerle, quiero decir algo pero mi garganta se cierra. No sale nada, ni siquiera un suspiro.
El sacerdote comienza a hablar. Yo no lo escucho, mis ojos están en Lucien. Él tampoco parece escuchar, está perdido en mí. En mi rostro, en mi respiración y en el leve temblor de mis dedos entrelazados.
Llega el momento de los votos. Miro al suelo, tantos ojos sobre mí, rantas expectativas. Escribí mis palabras con cuidado, con calma y ahora suenan huecas en mi cabeza vacías e inútiles. «¿Por qué no dice nada?
¿Acaso no tiene nada que decirme?» Bajo la mirada otra vez las dudas regresan como siempre, nunca se van.
—Amelie… —levanto los ojos y él me mira fijo, no sonríe ni bromea, solo me mira, como si supiera exactamente lo que pienso—, prometo cuidar de ti, serte fiel hasta el fin de mis días… —hace una pausa imperceptible—. También prometo amarte y hacerte la mujer más dichosa.
Mis ojos se abren, parpadeo «¿Escuché bien?
¿Dijo… *amarte*?» No es una No es una formalidad, es una promesa dicha con los ojos clavados en los míos, con la voz firme, con el cuerpo tenso como si cada palabra le costara sangre.
Ya sabía que yo sentía algo. Aunque lo negara, aunque lo escondiera, aunque fingiera indiferencia. Pero él… él acaba de decirlo. En voz alta y delante de todos y no puedo negarlo más.
—Yo prometo ser fiel, respetarte, honrarte y amarte hasta mi último aliento.
El sacerdote toma las alianzas. Lucien me quita el guante con cuidado, despacio, como si temiera romperme. Sus dedos rozan los míos al deslizar el anillo en mi dedo anular. El metal está frío como su tacto que contrasta con mi calidez
Es mi turno. Le quito el guante de la mano izquierda. Mis dedos tiemblan, pero no se detienen. Coloco el anillo en su dedo. Nuestras manos se tocan un segundo, levanto la vista. Se acerca y levanta el velo con suavidad, sus labios rozan los míos. Es el primer beso que me da como mi esposo y
siento, por primera vez, que tal vez esto no sea un error.
──𖥸──
ANKA VON MUNTEAN.
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Camino furiosa por los amplios pasillos del castillo del duque. Creí que mi plan había sido un éxito. Creí que Lucien no se casaría con esa repugnante humana.
Pero lo vi, lo vi jurándole amor a otra mujer y peor aún a una humana débil e insignificante. —¡Maldita Sarah! —exclamo, la voz áspera, los puños cerrados a mis costados.
—¿A dónde va tan apresurada, señorita Anka?
Me giro. Quería ver a Sarah, pero quien está frente a mí es mejor que esa anciana decrépita y demacrada. Es Victoria.
—Su plan fue un fracaso —digo, cruzando los brazos—. Hice lo que su sirviente me pidió, hice que Lucien tomara esa poción y aún así se casó con esa humana debilucha…
Victoria suelta una risa burlesca que me hace endurecer, cierro la boca a punto de soltar algunas verdades pero miro fija. Mis ojos carmesí no parpadean.
—¿Qué es tan gracioso? —pregunto.
—Mi plan no era impedir aquel matrimonio —responde, tranquila—. Al contrario, esa unión hereje hundirá más al clan de las Lunas Azules. Joven Anka, pensé que estabas al tanto de mis planes. Es cuestión de tiempo para que Lucien pase por el efecto de la poción que le diste a tomar y no te preocupes… a la humana no le queda mucho tiempo de seguir junto a mi querido primo. Él tendrá un trágico final —mi estómago se contrae por el pánico frío, producto de las palabras de esa mujer.
—¿De qué habla, lady Victoria?
—Lo sabrás a su debido tiempo, joven oráculo, o posiblemente lo veas en tus visiones.
Sus palabras me dejan más preguntas que respuestas. Sé que es inútil seguirla. Esa mujer no va a responder.
Bajo la mirada. Mis dedos se clavan en mis propios brazos. Solo espero no arrepentirme de mi decisión. No quería dañar a Lucien. Solo quería alejarlo de esa humana. Pero ya el destino está sellado y prefiero ver al rubio muerto antes que verlo junto a Amelie, ya las cartas están echadas. Solo resta esperar qué hace esa posion.
──𖥸──
AMELIE VON MUNTEAN.
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El salón entero calla cuando la música cambia. Es nuestro turno, el primer vals como marido y mujer. Siento el peso de cientos de miradas sobre mí, pero solo una me importa. La de él.
—¿Ocurre algo? —pregunto, al notar la expresión en el rostro de Lucien.
—No, no es nada —responde, y su voz suena tranquila, pero sus dedos se cierran un poco más en los míos al tomar mi mano. Me guía al centro del salón sin soltarme. Su contacto es firme, seguro—. ¿Estás lista, mi señora? —dice, y por un instante vuelve a ser ese Lucien despreocupado que tanto me desconcierta. Me regala una sonrisa de labios cerrados, esa sonrisa que no promete nada… y lo promete todo.
—Sí, lo estoy —digo, y me dejo llevar.
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vampiros amor entre humanos y vampiros, reencarnación pasado tragico, amorpredestibado
Editado: 22.02.2026