Luna Azul Dos Vidas Una Misma Alma

CAPITULO 14 FINAL. ♡

LUCIEN VON MUNTEAN.
─── ∙ ~εïз~ ∙ ───

—Siempre voy yo por el maldito ciervo.

—Solo apresúrate —ordena Dorian a mi mellizo.

La brisa trae el olor a tierra mojada y pólvora cuando guardo el rifle en el baúl del carruaje ignorando la riña fraternal. Mis dedos, se deslizan bajo el cuero de los guantes para quitármelos con un movimiento lento. Cada gesto es una excusa para no mirar a Dorian. Loan ya se alejó renegando hacia el bosque a recoger el cadáver del ciervo que Dorian le ha ordenado, Mihai se esfuma como sombra educada, esto confirma lo que sospecho, Dorian nos quiere a solas seguramente para su sarta de sermones habituales. Ahora solo quedamos nosotros dos.

—Creo que tú y yo tenemos algo que hablar...

—Eso lo debería decir yo Dorian —lo interrumpo, girando el rostro hacia los árboles. Mis brazos cruzan mi pecho y espero saber ahora que hice mal—, debiste decirme que Amelie corría peligro —digo molesto, pero calmado.

Lo siento antes de verlo, su mirada clavándose en mi perfil, desmenuzando como si yo fuera un pergamino antiguo que de pronto cambiara de idioma sin previo aviso.

—No pensé que te preocuparas tanto por la chica —responde, y en su voz hay algo que detesto. Mi mandíbulas se tensa y desvío la vista hacia el sendero, donde las huellas de Loan aún marcan el barro.

—Es mi esposa ahora —las palabras queman al salir secas, incómodas mi garganta rechaza admitir lo obvio.

—Ante los hombres si es tu mujer, pero no es así como se unen los vampiros y lo sabes hermanito, debes marcarla para que esté completo el lazo —dice mi hermano como si yo no supiera lo obvio.

El aire se espesa y mis pulgares rozan sin querer el cuello de mi camisa, donde una leve calidez persiste bajo la tela, sus caricias mi marca, nuestra union. No respondo, no es necesario.

Dorian se acerca. —Dime que no lo hiciste —suelta en tono serio, cual padre interrogando a su crío.

Una sonrisa torcida se me escapa antes de poder contenerla. —De acuerdo entonces no te lo diré —doy media vuelta, caminando hacia el carruaje. Cualquier excusa sirve para huir de esta conversación. —Los Tudor nos esperan—. Loan tarda demasiado... —pero su voz me detiene en plena huida.

—Lucien —suelta mi nombre con voz afilada como cuchilla.

—¿Qué? —me devuelvo, con el fastidio goteando de cada sílaba.

—Marcaste a Amelie, eso quiere decir que tomaste de su sangre y además...

—Antes de que digas que la transforme pues no, no lo hice me aseguré de que eso no sucediera y si tome de su sangre, creo que a tus ojos ya soy un vampiro completo —la sonrisa de superioridad llega sola—, ya no tengo que escuchar tus reproches.

Pero entonces lo dice. Con esa calma ducal que siempre ha sabido dónde clavar el puñal. —¿Por qué lo hiciste? —sus ojos oscurecidos me atraviesan—, lo hiciste solo para obtener los dones de la sangre de Amelie...

El puño sale antes de que mi cerebro procese la orden. El impacto contra su mandíbula suena seco y satisfactorio para mi. Dorian cae sobre la hierba, mi nudillo arde, y la furia es más fría que el dolor. —No vuelvas a insinuar semejante estupidez —mi voz es un susurro ronco. letal. Me inclino hasta quedar a su altura—, no le haría tal canallada a Amelie no le usaría para algo tan banal, es mi compañera la habría marcado sin importar nada Dorian y si mis habilidades aumentan creeme lo usaré para ella, para protegerla de todo aquel que quiera lastimarla para hacerse de su poder —extiendo la mano él la toma sin dudar, sus dedos firmes envolviendo los míos.

Cuando está de pie, veo el arrepentimiento en su mirada «idiota, siempre tan rápido para juzgar». Pero también veo algo nuevo: respeto.

—Asi que el rebelde Lucien consiguió a alguien —comenta, limpiándose la sangre con el dorso de la mano. La burla está ahí, pero suavizada—, por eso aceptaste tan rápido mi petición.

Suelto su mano como si quemara. Mis pies retroceden un par de pasos, la incomodidad me recorre la espalda pero no es por sus palabras, es porque cada sílaba es una verdad que yo aún no he terminado de digerir. Amelie no fue una decisión; fue una rendición. Silenciosa. Inevitable.

—No lo sé, lo que si es seguro es que pasó sin darme cuenta.

Dorian asiente, y por primera vez en siglos, su sonrisa no me irrita. Es... comprensiva. —Te entiendo cuando pasa ese sentimiento no desaparece Lucien, creo que le pedí esa importante labor a la persona indicada entonces.

—Ya deja de decir tantas tonterías de amor Darien, ya vámonos, ahí viene Loan con el siervo —me giro bruscamente, caminando hacia el carruaje. Pero mis pasos son más lentos de lo habitual. Cada palabra suya se clava en mi pecho no como una espina, sino como una semilla y eso me aterra más que cualquier enemigo.

Detrás de mí, escucho sus pasos siguiéndome. Y aunque no lo miro, sé que su sonrisa sigue ahí, como si supiera algo que yo apenas empiezo a sospechar: que el vampiro que juró nunca atarse a nada ahora carga consigo el latido de otra alma, una dulce, terca, humana y que, contra toda lógica no cambiaría ese peso por toda la eternidad del mundo.

──𖥸──

AMELIE VON MUNTEAN.
─── ∙ ~εïз~ ∙ ───

Un mes ha pasado desde que Lucien y yo nos unimos en matrimonio. Hoy partimos hacia Viena, pero antes necesito venir una última vez al lago Băneasa. El agua quieta refleja el cielo plomizo mientras dejo mis zapatos sobre la roca donde siempre los dejo. Desabrocho los cintas con movimientos lentos lentos, como si retrasar este instante pudiera hacerlo eterno. Meto los pies en el lago. El frío me recorre los tobillos, sube por las pantorrillas y por un momento todo es paz. Este lugar guarda nuestros recuerdos: sus manos sosteniendo las mías mientras aprendía a nadar, su risa rara cuando el agua salpicaba su rostro serio, el peso cálido de su cuerpo junto al mío en las noches, donde solo quería verme reflejada en sus brillantes ojos verdes.




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