Luna Azul Dos Vidas Una Misma Alma

CAPITULO 18 CADA VEZ MAS CERCA. ♡

SOPHIA VON MUNTEAN.
─── ∙ ~εïз~ ∙ ───

El rostro ofuscado de Dorían no me da buena espina, la tensión en su mandíbula marca el ritmo de una preocupación que lleva siglos sin mostrar. Entro a la oficina en cuanto Aleph sale; el aire aún vibra con la energía eléctrica de su discusión.

—Dorian —hablo en un hilo de voz que es suficiente para que él la escuche. El silencio en la habitación es denso, pesado como el plomo—. ¿Ocurre algo vida mía?

—No —responde con intención de hacer a un lado el tema. Su voz es una cuerda de violín a punto de romperse—, todo está bien Sophie —dice llamándome por mi apodo con cariño, pero el cariño no llega del todo a sus ojos oscuros.

Camino al escritorio. El suelo de madera cruje suavemente bajo mis pasos. Me coloco tras la silla, tomando los tensos hombros. Sus músculos están duros como la piedra bajo mis palmas, fríos como el mármol. Me inclino para besar la mejilla de Dorian; su piel está helada, pero bajo mi tacto parece relajarse una fracción.

Voy a su oído y susurro, dejando que mi aliento roce su lóbulo: —No tienes que mentir, tu expresión te delata vida mía, además vi a Aleph salir de la oficina y su semblante era igual de preocupante que el tuyo. Cielo es inútil ocultar que algo pasa.

Alza el rostro encontrándose conmigo. Nuestros ojos se cruzan, y por un momento el peso de los años se desvanece. —Creo que me conoces más de lo que me gustaría —dice haciendo una divertida mueca, aunque la sombra en su mirada persiste.

—Hemos tenido muchos años para conocernos Dorían, ya casi serán trescientos años vida mía.

El tiempo se siente irrelevante cuando lo miro. Dorian toma mi mano que reposa en su hombro derecho. Sus dedos son largos, pálidos, fuertes. Tiene razón, le conozco demasiado bien. A mí era complicado ocultarme algo. Suspira derrotado, un sonido humano en un cuerpo que no necesita respirar. Quizás yo podría ayudarle en esta complicada situación.

—Aleph quiere que Lucien sea liberado de la barrera impuesta por Damon Black Moon.

Parpadeo confundida. El nombre de Lucien trae consigo ecos de tragedias pasadas. A mi juicio, la petición del albino no tiene nada de malo, es todo lo contrario. Nunca estuve de acuerdo con los hermanos del Dorian. Aunque ahora es diferente, Lucien debía ser libre de esa barrera.

—No entiendo Dorian, la petición de tu hermano mayor es razonable. Quizás Aleph teme que ocurra algo y Lucien sea usado como arma, o aún peor que sea sacrificado por Luz Eterna. Sabes lo despiadados que pueden llegar a ser los Black Moon, aunque tú seas miembro del consejo, Damon siempre toma la última decisión, tiene a muchos de su lado. Además ha renunciado a los abono muntean.

Mi voz tiembla ligeramente. La política de los vampiros siempre ha sido un juego sangriento, y temo por la seguridad de mi familia.

—Sophia, yo quisiera pensar lo mismo que tú, quiero que mi hermano sea libre, pero a Aleph no le importa el bien de nuestro hermano. Aleph quiere que Lucien no tenga ataduras, quiere revelarse ante el consejo y con Lucien libre puede hacerle frente a los vampiros más poderosos.

El tono de Dorian es grave, cargado de una advertencia que me hiela la sangre.

—¿Amelie tenía tanto poder escondido...? —arguyo, sorprendida. El nombre de la humana muerta flota entre nosotros como un fantasma.

—No ella —refuta Dorían incorporándose. Se pone de pie, rompiendo mi contacto, y la pérdida de su calor me deja vulnerable—. Pero sí su sangre, Amelie. Por sí sola no puede usar su poder, era una humana. Toda ninfa puede controlar a quien beba de su sangre.

—No estoy entendiendo Dorían —digo, confundida ante la expresión de mi compañero.

—Cuando Lucien tomó de la sangre de Amelie fue como un contrato. Ella puede controlar a mi hermano, entrar en su mente, en sus más profundos pensamientos. Están conectados, incluso si ella muere podría renacer si el vampiro con quien se firmó el pacto está aquí. Pero eso no es importante. Lucien no tiene quien le detenga y Aleph quiere enfrentar a Luz Eterna y hacerse con el control, y solo no puede, pero con nuestro hermano la historia es diferente. Lucien sí puede. El misterio de las ninfas de sangre es profundo y no sé cómo podría detener a Lucien.

Las palabras golpean mi mente como martillazos. «Podría renacer». La muchacha del café. Anny. Es su nombre. Él me dijo que Amelie podría renacer por el pacto de sangre con Lucien. Para mí aquella revelación no es fácil de digerir, pero ahora sí entiendo muchas cosas que antes no. El broche. La mirada. La melancolía en el lago. Anny es ella. El corazón me da un vuelco violento contra las costillas.

——✧✿⁠💙✿⁠✧——

Ignoro la prohibición de Dorian. El peso de su advertencia se desvanece frente a la necesidad de verlo. La inquietud me consume, una urgencia fría que me empuja por el pasillo. Nadie ha visto a Lucien en días. Ese aislamiento me alarma.

Llego a su puerta. No dudo. Golpeo dos veces. El sonido muere en la madera. Silencio. Giro el pomo. El metal está helado bajo mi palma. Entro y la habitación está sumida en sombras. El aire es denso, cargado de una estática que me eriza la piel.

—Lucien, ¿estás ahí? —mi voz se quiebra.

Nadie responde. Avanzo. Reviso el cuarto de baño. La puerta cede, el espejo está oscuro, el lavabo seco y vacío. Una tensión recorre mi espalda. Me alejo del ahi y mis pasos me llevan hacia el escritorio. Un pergamino enrollado descansa sobre la madera, atado con una cinta negra. Extiendo la mano y la curiosidad vence la prudencia. Mis dedos rozan el papel antiguo. Desato la cinta.

—Es información de Amelie.

Su voz surge detrás de mí. No lo escuché llegar. El aire baja de temperatura bruscamente. Dejo el pergamino sobre la mesa. Me giro. Lucien está allí parado entre las sombras, inmóvil. Su palidez brilla bajo la luz mortecina, sus ojos me atraviesan, vacíos y profundos.

—¿Qué haces aquí? —pregunta. Su tono es bajo, cortante.




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