Luna Azul Dos Vidas Una Misma Alma

CAPITULO 23: MELODDEL RECUERDO. ♡

ANNY CAMPBELL
─── ∙ ~εïз~ ∙ ───

Mis ojos se abren con pesadez. Un dolor punzante taladra mis sienes, un recordatorio físico del dia anterior. Imágenes confusas se pasean por mi cabeza, sueños demasiado vívidos que se superponen con la realidad. Me incorporo de manera rígida; si muevo mucho la cabeza, el mareo hace que la habitación gire a mi alrededor. La luz matinal entra por el ventanal, demasiado brillante, demasiado real y solo me pregunto cuanto tiempo llevo aquí.

—¿Cómo estás?

Giro la cabeza buscando la fuente de aquella voz. Lucien está sentado en un sillón cerca de la cama, inmóvil como una estatua.

—Extraña —digo en voz baja. Mi garganta está seca—, estos últimos días no han sido nada fáciles de llevar, Lucien. Dijiste que me darías una explicación...

—Sé lo que dije, Anny —interrumpe. Su voz es grave, sin disculpas—, aún está en planes contar toda la verdad.

Me mira con fuerza. Su piel se ve perfecta bajo la luz, pálida e inmortal. Sus ojos son de un profundo verde que nunca había visto en otra persona, brillantes y depredadores.

—Por ahora creo que debería irme.

Me pongo de pie, buscando la salida con la vista. El toque en mi hombro me hace dar un respingo. Su mano está fría, contra mi piel caliente.

—Te dije que explicaría todo y eso haré.

Es inevitable. Quiero saber más, aunque todo esto me parezca un absurdo monumental, deseo saber más. El miedo lucha contra la curiosidad en mi pecho.

—Está bien. Dame las respuestas que busco.

Me doy la vuelta, quedando frente a frente con él. El aire entre nosotros se densifica.

—Eres mía.

—¿Por qué sigues con eso? —insisto, cruzándome de brazos para protegerme.

—Porque esa es la verdad —suelta. Se acercá un paso—. Te lo dije, Anny, tú eres la razón por la que aún estoy con vida y a la vez, los recuerdos de tu vida pasada se mantienen vivos en tus sueños...

—Espera —pido, ahogando un poco mi llanto. Es muy difícil asimilar esto—. ¿Qué fue lo que pasó?

Al mirar su rostro perfecto, es inevitable recordar las gruesas lágrimas de sangre que bajaban por sus mejillas como un río en mis visiones. Su expresión de dolor me mostró que no había sido nada fácil aquello. Me duele el pecho al recordar verle así.

Mis pasos me llevan frente a Lucien. En un acto atrevido e involuntario, mi mano va a su mejilla, regalándole una pequeña caricia. Una sonrisa de boca cerrada se asoma en sus labios y, con ese gesto, siento mis mejillas arder.

—Extrañaba tenerte así.

Su voz es cálida y aterciopelada. Sé que está cómodo con mi contacto, aun así siento que esas palabras no son para mí, son para otra.

—Amelie, no vuelvas a irte, por favor.

Sus palabras, aunque amorosas, se sienten como dagas en mi corazón. Yo quería escuchar mi nombre, no el nombre de un recuerdo. —Tú quieres a Amelie, no a mí —digo, retirando la mano de su mejilla.

Me mira desconcertado, abriendo sus ojos a máxima expresión. —Te quiero a ti. Tú eres mi lady revoltosa, mi Amelie...

—Mi nombre es Anny Campbell —refuto, un tanto molesta para ocultar las lágrimas de dolor que están con ganas de salir—, yo no quiero que te fijes en mí solo por ser el fantasma de tu alma gemela o lo que sea.

Me intimida su cercanía. Toma mi rostro sin recato ni delicadeza alguna, sus dedos fríos apretando mi mandíbula.

—¿Cómo te hago entender? —me cuestiona —de repente, sus colmillos se muestran. Mi corazón se acelera, preso entre el miedo y mis sentimientos revueltos—, esta vez nadie podrá alejarme de ti...

—¡Suéltame! —grito, cerrando mis ojos con fuerza —ese aspecto apacible de su rostro ha sido sustituido por una atemorizante apariencia depredadora que me hace temer por mi vida. Esas gemas esmeralda que tenía Lucien por ojos han pasado a ser rojo sangre.

—Déjame ir, por favor, Lucien...

Sus labios toman los míos en un beso hosco, ahogando así mis súplicas. Tengo miedo. Intento soltarme, pero su agarre en la nuca impide la huida. Lentamente, me dejo llevar por el momento, confundida, hasta que un dolor en mi labio inferior me hace alejarme. Retrocedo unos pasos. El sabor metálico en mi boca y el leve dolor me devuelven a la realidad.

—Perdón, no pude contenerme. Hace mucho no...

—¡Solo olvídate de mí y déjame en paz! —suelto un grito que raspa un poco mi garganta—. ¡Solo olvídate de mí y de que alguna vez he existido en tu vida! No soy esa persona que quieres.

La puerta se abre. Es el anciano del aeropuerto, Mihai. Mis pasos son torpes e inestables, aun así sigo mi camino sin mirar atrás. «Esto no puede volver a pasar», me reclamo mentalmente. Recuerdo que este error no puede repetirse.

Una vez fuera, dejo salir mis lágrimas. No sé si es el momento o la historia que Lucien me ha contado. Los recuerdos de esa otra vida no dejan de pasear por mi mente, atormentando mi psique con tantas imágenes.

——✧✿⁠💙✿⁠✧——

—¿Algún día podré saber más de lo que eres? —pregunto, acercándome al piano para llamar la atención del concentrado pianista.

—Soy un demonio, Amelie —responde sin quitar la atención de la pieza que toca.

Esa no es la respuesta que esperaba. —Sabes de lo que hablo —insisto, sentándome a su lado en el banco.

—No es necesario que sepas más, pequeña curiosa —cada vez que el tema es asomado en la conversación, Lucien se cierra. Mi curiosidad va en aumento y me consume lentamente.

—Nunca confías en mí —suelto, desanimada.

La melodía se detiene. Ese par de ojos verdes me miran inquisidores y serios. —No soy lo que crees, Amelie —espeta con cansancio. Con cuidado toma mi mano, entrelazando sus dedos fríos con los míos—, a tu lado no me siento el monstruo que realmente soy. Eres la llave que da paso a mi paz, eres mi humanidad y sin duda alguna, eres mía.

Sus labios lentamente se unen a los míos. De nuevo no me ha contado nada.

—Soy un diablo, un asesino natural —murmura Lucien, pegando su frente con la mía—, soy un vampiro, pequeña —sus palabras concuerdan con los relatos de las criaturas que mi difunta madre me relataba cuando era pequeña y no quería obedecerla.




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