ANNY CAMPBELL.
─── ∙ ~εïз~ ∙ ───
—Gracias —escucho a mi amiga despedirse del chico que amablemente nos trajo.
La puerta del auto se cierra con un golpe seco, aislando el ruido del motor. Noah ya se ha ido, desapareciendo en la noche como si nunca hubiera estado aquí. Nicole regresa a mi lado, sacándome de la realidad. El aire frío de la noche me golpea la cara, pero apenas lo siento. Aún hace ruido en mi cabeza la petición de Lucien de alejarme de ciertos lugares, de ciertas personas. Su voz resuena como una advertencia grave.
—Noah ya se fue —dice Nicole, ajustándose el abrigo—, me habría gustado que se quedara aquí un poco más.
—Sí, yo también. Pero me dijo que tenía cosas que hacer... —mi voz suena distante. Estoy demasiado concentrada en la casa frente a nosotras. Las luces del porche están encendidas, y sé lo que eso significa.
—Anny.
Doy la vuelta de inmediato. Enfrento la mirada enfurecida de mi padre. Está parado en la entrada, los brazos cruzados, la sombra de su ceño fruncido marcando su rostro. —¿Se puede saber dónde has estado?
—P-papá, yo puedo...
—¿Tienes idea de lo preocupado que he estado? —espeta, bajando enojado los escalones de la entrada—, Anny, entiende que no puedes irte así sin avisar.
Mi padre me aprieta fuerte en sus brazos. El olor a su colonia familiar me envuelve, mezclándose con la culpa que me inunda. Hundo mi rostro en su pecho, sintiéndome pequeña. Sé lo preocupado que debe haberse puesto por mi causa.
—Lo siento, papá —musito, con la voz quebrada—, re prometo que no volverá...
—Solo no hagas estas cosas, Anneliese.
Pocas veces mi padre me llama por mi nombre completo. Solo lo hace cuando está realmente molesto conmigo. Su voz es grave, cargada de un miedo que disfraza de enojo.
—No vuelvas a hacerlo.
Solo asiento. Acto seguido, Nicole y yo entramos a casa detrás de mi padre. El calor del interior es un alivio, pero la tensión persiste. Subimos a mi habitación. El silencio entre nosotras es cómodo, pero hay preguntas flotando en el aire. Nicole toma asiento a mi lado, en la orilla de la cama. El colchón se hunde ligeramente bajo su peso.
—Estará bien —murmura ella, en un intento fallido por hacerme sentir mejor. Su mano busca la mía.
—Lo siento. También te preocupaste mucho por mí...
—Ya pasó —mi amiga pone su índice sobre mis labios, silenciándome. Sus ojos son sinceros—, sé que no estuviste corriendo ningún peligro. Sé que ese chico te protegió.
Quiero refutar, no sé si "segura" es la palabra que busco. Protegida, sí pero también amenazada, atrapada.
—Lo realmente importante es que nada pasó y que estás bien.
Nicole me abraza fuerte, con una fuerza que me hace perder el equilibrio. Ambas caemos en mi cama, su cuerpo quedando encima del mío. Ríe, tratando de aligerar el ambiente. —Seguramente ese rubio con apariencia de príncipe encantador te llevó a su castillo para cuidarte como la damisela en apuro que eres, Anny ¿Estoy en lo cierto? —cuestiona en tono sarcástico.
—¡No, no! —exclamo, apenada. Mi rostro arde en vergüenza. Por el bochorno, mi cara a estas alturas debe estar roja como un tomate—. ¿De dónde sacas eso?
Miro a un lado, evitando el escrutinio visual al que Nicole me somete. No puedo decirle la verdad.
—Anny —el tono de Nicole cambia. Se vuelve serio, siento sus dedos fríos tomando mi cuello, apartando ligeramente el cabello. Palpa la marca de la mordida que Lucien me hizo. El roce envía una descarga eléctrica por mi columna—. ¿Amiga, qué es esto...?
No le permito seguir su interrogatorio. Saco fuerzas de donde no sabía que tenía para ponerme de pie, alejándome de su alcance. Me llevo la mano al cuello, cubriendo la zona sensible.
—No es nada —trato de cubrir mi marca, pero es inútil. Mi amiga no es tonta. Me conoce mejor que nadie.
—A mí no puedes mentirme. —sin ningún aviso, mi amiga vuelve a tomar mi cuello, sin pudor alguno. Sus ojos se estrechan, analizando la piel inflamada—. ¿Qué te pasó ahí? No tenias esto, parece una mordida...
—No, no lo es —respondo, alejándome un paso más. La espalda me golpea contra la pared fría.
—A mí no puedes mentirme y lo sabes —contesta Nicole, cruzándose de brazos. Una sonrisa pícara curva sus labios, pero sus ojos siguen preocupados—, no quieras mentirle a una mentirosa.
Ríe Nicky con picardía, tratando de romper la tensión. Pero yo no puedo reír. Recordar esto llena mi cuerpo de una extraña sensación, una mezcla de varias emociones donde el miedo, la ansiedad y un placer prohibido predominan.
—Pues no miento —repito, cubriendo mi marca nuevamente —mis dedos rozan la piel sensible. El dolor es sordo, constante y entonces, el recuerdo me golpea con la fuerza de una ola. La habitación se desdibuja por un segundo.
Parpadeo, volviendo a la realidad. Estoy en mi habitación. Nicole me mira, preocupada. He estado callada demasiado tiempo.
—¿Hay algo que no me estás contando, Anny? —averigua, devolviéndome al presente.
Su voz es suave, pero la pregunta pesa.
—Ya te dije que no Nicky. De verdad todo está bien. Nada pasa.
Desde pequeña he detestado las mentiras. Me saben a ceniza en la boca, pero ahora mismo no tengo mucho que decir. ¿Cómo puedo explicar lo inexplicable? ¿Cómo puedo decirle que mi vida es una mentira, que mis sueños son recuerdos y que el monstruo de mis pesadillas es el hombre que me atrae como la luz a las polillas?
—Está bien, linda.
Nicole me toma de los hombros. Sus manos son cálidas, humanas. Un ancla en mi confusión. —Recuerda que te quiero mucho, que siempre estaré para ti y pase lo que pase, nunca estarás sola, pequeña.
Esas palabras, aunque Nicole no lo sepa, me reconfortan mucho. Siento un nudo en la garganta. No sé por dónde comenzar a contar este disparate. Solo sé que, por ahora, Nicole no puede saber nada de lo que está ocurriendo. Es demasiado peligroso. Para ella, y para mí.
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Editado: 14.06.2026