ANKA VON MUNTEAN.
─── ∙ ~εïз~ ∙ ───
Toco el guante blanco en mis manos con total delicadeza. La tela es fría, suave como la piel de un cadáver. Revivir estos recuerdos no me hace bien, siento un peso en el pecho, pero prefiero seguir aferrada a mis sentimientos antes que soltarlos. El silencio de la habitación es absoluto, solo roto por el crujido de la tela bajo mis dedos.
—Aquí estás, vieja amiga.
Abro mis ojos a su máxima expresión. No puedo creerlo. El aire se densifica de golpe. —Juliette, ¿q-qué haces aquí? —cuestiono, poniéndome de pie de manera abrupta.
La recién llegada de ojos esmeralda, brillantes y acusadores. Me mira desde el umbral, donde las sombras se aferran a su vestido. —El buen hijo siempre vuelve a casa —dice la castaña sin abandonar la sonrisa de sus labios. Pero esa sonrisa no llega a sus ojos—. Veo que a ti no te hace mucha ilusión verme, querida. ¿O acaso estoy equivocada? —inquire, cruzándose de brazos.
Camino hacia ella. No esperaba verla aquí, aun así, es inevitable sentir nostalgia. Pero eso no quita que ella es una molestia mientras estuvo aquí.
—Me da mucho gusto verte de nuevo aquí, Juliette. El clan Blue Moon no es el mismo desde que tú ya no nos acompañas...
—¿Ah, sí? —replica Juliette, arqueando su ceja incrédula.
—Claro, Jul —aseguro, tomando a la chica de ambas manos. Regalo una dulce sonrisa a la castaña, aunque por dentro mis músculos están tensos. Juliette quiere creer en mis palabras. Ella me quería como a una hermana pequeña. Eso me da ventaja.
—Anka, no tienes que mentirme, lo sabes, ¿no? —asegura Juliette en un intento por despertar mi confianza. Su voz tiembla ligeramente.
La miro extrañada. No entiendo el trato que ella tiene conmigo. Debería estar agradecida. —¿Pasa algo? —termino soltando, cansada de la confusa actitud que Juliette tiene.
—Eso tendrías que responderlo tú, Anka. ¿Pasa algo? —vuelve a averiguar en un irónico tono de voz.
El aire se vuelve eléctrico. Siento la tensión crecer entre nosotras como una enredadera venenosa.
—Escucha, Juliette, no sé a dónde pretendes llegar con esto. Solo te pido seas directa y dejes atrás esos rodeos —digo, un poco exasperada.
—Pensé que tú en algún momento me lo contarías. Pensé que cualquiera sería capaz de traicionarme, era solo una huérfana, no era realmente parte de la familia Von Muntean y mucho menos miembro del clan Blue Moon. Pero siempre creí que al menos para ti era considerada familia.
Juliette dice esto último en un tono más alto de voz. El dolor en sus palabras es real, pero mi necesidad es mayor.
—Sé que mi lugar como intercambio en Italia fuiste tú quien realmente debió ir. Sé que hiciste de todo para que Dorian me enviara a mí en lugar de ti...
El recuerdo me golpea con la claridad de una visión. Estoy de vuelta en esa oficina, hace años.
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Los rumores resultaron ser ciertos. El Duque me ha llamado para darme la noticia que ya yo sabía. La decisión no me cae en gracia; irse es alejarse de Lucien, y yo no puedo permitir aquello. Debo hacer algo.*
—Debo calmarme —pienso en voz alta. Debo ser astuta y elegir cuidadosamente mis pensamientos, el duque podría leer mi mente y saber mis intenciones—, debo mostrarme serena ante Dorian. Sus habilidades son muy fuertes...
Las puertas se abren. Dan entrada al duque de Bucovina, su esposa la duquesa Sophia y, por último, Mihai, el siervo más fiel de la familia Von Muntean.
—Es bueno verte, joven oráculo —saluda el duque,
hago una pulcra reverencia a mi señor, esperando ganar su agrado. La sumisión es una herramienta.
—Sus palabras me hacen feliz, Lord Dorian. Me hace bien verle después de su viaje.
Sophia frunce el ceño ante mi dulce actitud. Ignoro el gesto de la duquesa. Su desconfianza es irrelevante. —¿A qué debo su llamada, Lord Dorian? —averiguo con presunta ingenuidad.
El mayordomo me mira con asombro. Ante Dorian, yo solo soy como una niña pequeña y dócil. Entiendo a la perfección las expresiones de la duquesa; ella sabe lo que soy.
—Es algo bueno, jovencita —responde el duque, tomando asiento tras su escritorio—. Anka, tu llegada a mi familia y al clan nos llenó a todos de dicha. Tus poderes nos han salvado muchas veces. Mi gratitud contigo será eterna, por esa razón siempre buscaré lo mejor para ti.
—Le agradezco, mi Lord —digo casi en un susurro—, para mí es reconfortante la consideración que me ha tenido todo este tiempo. Para mí, ustedes más que mis protectores son mi familia.
—La mentira sale suave. Dorian intuye algo. —Siento que tienes algo que decirme, joven oráculo. Anka, puedes confiar en mí, puedes decirme lo que quieras.
Sé que no puedo dar información alguna. Ya tengo conocimiento de lo que el duque me diría. Opto por volver al tono afectuoso. —No, nada, Lord Dorian. Solo que saber lo que usted ve en mí me emociona mucho. Saber que tengo una familia me llena de alegría.
—Anka, te he llamado aquí porque tú eres quien puede cumplir esa labor.*
Doy un par de pasos, acercándome al escritorio. Ya tengo una respuesta para mi señor.
—Los duques de Modena necesitan una doncella. No una común, necesitan alguien especial como tú. Para mí no es fácil dejarte ir, querida, pero Massimo te necesita. Alguien con habilidades sensoriales sería útil en este momento.*
La alegría dibujada en mi rostro es sustituida con una expresión de tristeza. Mis palabras habían sido planeadas. Espero que todo aquel teatro surta efecto. No puedo alejarme de Lucien y menos ahora que esa humana se comienza a meter cada vez más profundo por los ojos de Lucien. Pensé que ella solo sería un capricho, pero el tiempo se encargó de mostrarme que Amelie era un obstáculo grande.*
—Mi Lord, aunque su petición me halaga, mi corazón estaría triste por estar tan lejos de mi hogar. Usted sabe lo mucho que me ha costado adaptarme...
—Yo confío en que lograrás adaptarte, Anka —dice Sophia, dando su opinión por primera vez desde que está allí—, si el duque rechaza la petición de Lord Massimo podría sentirse ofendido, o aún peor, pensar que Dorian niega su ayuda.
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Editado: 14.06.2026