Luna de Hierro

Capitulo 9

CAPÍTULO 9

Bajo la Luna Velada

El Consejo había terminado.

Pero la guerra no había comenzado.

Aún.

El bosque del Este respiraba en silencio cuando Kaela caminó sola entre los árboles. Necesitaba distancia. Necesitaba pensar.

Necesitaba dejar de sentir.

Porque el Pulso seguía vibrando dentro de ella.

No solo por el Heredero Gris.

Había otra presencia esa noche.

Más cercana.

Más conocida.

—No deberías caminar sola después de un intento de asesinato —dijo una voz suave entre la niebla.

Kaela no se giró.

—Si alguien quisiera matarme, ya lo habría intentado mejor.

Desde las sombras emergió Rynor Kael, Alfa de los Kael’Thar.

Sin armadura.
Sin escolta.
Sin título visible.

Solo él.

El Alfa que No Impone

Rynor no gobernaba como Varkon.

No imponía.

Observaba.

—Varkon intentará culparte —dijo.

—Lo sé.

—Y Lucian esperará ver quién sangra primero antes de elegir bando.

Kaela finalmente lo miró.

Sus ojos grises estaban cansados.

No débiles.

Cansados.

—¿Y tú? —preguntó.

Rynor sostuvo su mirada un segundo más de lo prudente.

—Yo ya elegí.

Silencio.

El viento agitó la franja plateada de su cabello.

Había algo distinto en la forma en que la miraba.

No como símbolo.

No como amenaza.

La miraba como mujer.

Y eso era peligroso.

Confesiones en la Penumbra

—Cuando apareciste —dijo Rynor— pensé que eras un error del destino.

Kaela arqueó una ceja.

—Vaya forma de cortejar.

Una sombra de sonrisa cruzó el rostro del Alfa del Este.

—Luego entendí que eras una corrección.

El Pulso vibró suavemente entre ambos.

No como explosión.

Como corriente.

—Si esta guerra escala —continuó él—, el Este quedará en medio.

—Lo sé.

—Podríamos retirarnos.

Kaela lo miró con sorpresa.

—¿Huir?

—Sobrevivir —corrigió él.

El bosque guardó silencio.

Y entonces él dio un paso más cerca.

No la tocó.

Pero la distancia se volvió mínima.

—No quiero perder mi manada por una guerra que comenzó antes de que nacieras.

Ella bajó la voz.

—Ni yo quiero perder la mía por miedo.

Sus respiraciones se mezclaron.

La tensión no era solo política.

Era personal.

Rynor alzó una mano.

Dudó.

Finalmente apartó un mechón plateado del rostro de Kaela.

Un gesto mínimo.

Un contacto que no debía significar nada.

Y sin embargo…

El Pulso respondió.

No rojo.

No ceniza.

Plateado.

El Beso que No Fue

Rynor inclinó apenas el rostro.

No con hambre.

Con cuidado.

Kaela no retrocedió.

Pero tampoco avanzó.

Sus labios quedaron a un suspiro de distancia.

Y en ese instante—

El Pulso cambió.

Un latido más profundo.

Más distante.

Gris.

Ambos lo sintieron.

Kaela cerró los ojos un segundo.

No por deseo.

Por conflicto.

Cuando los abrió, dio un paso atrás.

—No puedo.

No fue una negación suave.

Fue firme.

Rynor no preguntó por qué.

Lo sabía.

—El Heredero —murmuró.

Kaela negó lentamente.

—No es él.

Era más complicado que eso.

Era el cambio.

El nuevo orden.

El destino que no permitía distracciones.

Rynor asintió.

Sin orgullo herido.

Sin reclamo.

Solo comprensión.

Y eso dolía más.

—Si sobrevives a esto —dijo él—, me gustaría conocerte sin guerra de por medio.

Kaela sostuvo su mirada.

—Si sobrevivo… no seré la misma.

El viento sopló con fuerza.

La Luna Velada emergió entre las nubes.

Y el momento terminó sin consumarse.

Decisión Silenciosa

Rynor se apartó primero.

—El Este luchará a tu lado —dijo—. No por amor.

Por elección.

Kaela inclinó la cabeza.

Respeto.

No promesa.

Cuando él desapareció entre la niebla, Kaela llevó una mano a su Marca Lunar.

Brillaba débilmente.

No por pasión.

Por renuncia.

Porque había elegido el camino más difícil.

Y Rynor… había aceptado no ser el final de su historia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.