Luna De Jade

CAPITULO 1

Jeon Jungkook sintió el olor de la sangre antes de que sus ojos se abrieran.

Era un aroma dulce, metálico y antiguo, que se filtraba entre los pliegues de su conciencia como un susurro prohibido. Su cuerpo, inmóvil durante horas en la penumbra de la cámara de vigilancia, reaccionó antes que su mente. Los músculos se tensaron, los colmillos se alargaron ligeramente y un hambre primordial se deslizó por su columna vertebral como una serpiente de fuego.

— Controla eso, Jungkook — dijo una voz a su izquierda, profunda y serena.

Min Yoongi no levantó la vista del holograma que flotaba sobre su muñeca. Sus dedos, largos y pálidos, trazaban patrones invisibles en el aire mientras analizaba los datos que parpadeaban en azul cobalto. Estaba apoyado contra la pared de piedra negra, su figura delgada y letal apenas visible en la penumbra. Sus ojos, oscuros y fríos como el espacio entre las estrellas, no necesitaban luz para ver.

Jungkook apretó la mandíbula, sintiendo cómo los colmillos retrocedían lentamente. Su sangre, la maldición y el regalo de su naturaleza híbrida, bullía bajo su piel como lava contenida. Era el más joven de los siete, pero su poder era el más volátil. Una mezcla explosiva de cazador y vampiro que lo hacía impredecible incluso para sus hermanos.

— No puedo evitarlo — respondió, su voz ronca por el desuso.

— Su sangre... es diferente —

— Lo sé — dijo Yoongi, y por primera vez, algo parecido a la curiosidad brilló en sus ojos.

— Por eso estoy aquí —

La cámara en la que se encontraban era el corazón de la fortaleza de los Siete Dragones. Una sala circular de obsidiana pulida, iluminada únicamente por el resplandor de los paneles de energía que cubrían las paredes. En el centro, suspendida en un campo de contención de luz plateada, flotaba el cuerpo inconsciente de Kim Yuna.

Jungkook la observó con una intensidad que rayaba en lo obsesivo. Su cabello negro como el azabache se extendía alrededor de su rostro como una aureola de seda. Su piel, pálida y translúcida, estaba salpicada de quemaduras y cortes superficiales que ya comenzaban a cicatrizar gracias a los hechizos de sanación que Namjoon había conjurado apenas la trajeron. Sus labios, entreabiertos, exhalaban un aliento débil pero constante.

Pero no era su belleza lo que mantenía a Jungkook clavado en su sitio. Era el poder. Podía sentirlo irradiando de ella como el calor de un sol en miniatura. Un poder ancestral, profundo y aterrador, que vibraba en la misma frecuencia que la luna llena. La Llama Lunar, la llamaban. Y ahora estaba en el centro de su santuario.

— Ha estado inconsciente durante seis horas — dijo una voz desde la entrada, y ambos se giraron para ver a Kim Namjoon entrar con pasos medidos. El estratega del grupo llevaba una túnica negra con bordados plateados que reflejaban la luz de los paneles. Sus ojos, agudos y analíticos, recorrieron a Jungkook antes de posarse en la figura suspendida.

— Los hechizos de contención funcionan. Pero no podemos mantenerla así para siempre —

— ¿Qué sabemos de ella? — preguntó Yoongi, cerrando el holograma con un movimiento de muñeca.

Namjoon se detuvo junto a ellos, cruzando los brazos sobre su pecho. Su presencia imponente llenaba la habitación, una mezcla de intelecto y fuerza bruta que pocos se atrevían a desafiar.

— Kim Yuna, veintiséis años. Restauradora de artefactos mágicos, registrada en el Gremio de Artesanos de Hongdae. No tiene familia conocida, ni vínculos gremiales más allá de su licencia profesional. Huérfana desde los doce años, criada por una tutora que falleció hace cinco años en circunstancias... sospechosas —

— ¿Sospechosas? — preguntó Jungkook, sin apartar la mirada de la mujer.

— Ahogamiento en aguas tranquilas — dijo Namjoon, su voz teñida de ironía.

— Una noche sin luna, en un lago que no tenía corrientes. Magia negra, casi seguro. Pero el caso se cerró por falta de pruebas —

Yoongi soltó un sonido gutural, algo entre desdén y comprensión.

— El Círculo Negro. Siempre ellos —

— Parece que la han estado siguiendo durante años — continuó Namjoon.

— Su taller fue atacado por tres magos de nivel medio-alto. Los rastros de energía que dejaron coinciden con los patrones del Círculo. Pero no lograron capturarla. Ella activó el medallón de emergencia justo a tiempo —

Jungkook recordó el momento. El destello de luz plateada y dorada que había iluminado el cielo nocturno de Seúl como un segundo amanecer. El grito de poder que había resonado en sus oídos incluso a kilómetros de distancia. Habían llegado en cuestión de segundos, convocados por el juramento de protección que su gremio había sellado hacía siglos con los Guardianes de la Llama Lunar. Pero nunca imaginaron que la Guardiana sería tan joven. Tan vulnerable. Tan...

— Tan peligrosa — murmuró Jungkook, completando su propio pensamiento en voz alta.

Los tres se quedaron en silencio, observando la figura suspendida. Yuna parecía frágil, casi etérea, suspendida en su prisión de luz. Pero Jungkook sabía mejor que nadie que las apariencias engañaban. Había sentido el poder latiendo en su interior, un poder que podría consumirlos a todos si se desataba sin control.



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Editado: 08.08.2026

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