Park Jimin observó desde la penumbra del corredor mientras Jungkook desaparecía con la Guardiana en brazos. Sus dedos, largos y elegantemente afilados, se tensaron contra el marco de piedra de la entrada. El instinto animal que llevaba dentro, el lobo de sangre noble que rugía bajo su piel, se agitó con una mezcla de curiosidad y algo más oscuro. Algo que no estaba dispuesto a nombrar.
— No deberías mirar tanto — dijo una voz a su espalda, suave y burbujeante como el champagne.
Hoseok se materializó a su lado, sus ojos brillando con un destello de luz solar incluso en la oscuridad del corredor. Su sonrisa era amplia y despreocupada, pero Jimin conocía lo suficiente a su hermano para ver la tensión oculta detrás de sus ojos.
— No estoy mirando — respondió Jimin, su voz un susurro ronco.
— Estoy evaluando —
— ¿Evaluando qué? —
Jimin se giró lentamente, sus ojos dorados encontrando los de Hoseok. En la penumbra, sus pupilas se dilataron ligeramente, un reflejo de su naturaleza lupina.
— Evaluando si Jungkook puede controlarse. La sangre de ella lo afecta de una manera que no habíamos visto antes. Huele a poder, a luna, a... peligro —
Hoseok soltó una risa suave, pero no había alegría en ella.
— Peligro. Esa es la palabra clave, hermano. Ella es peligrosa para nosotros. No solo por lo que representa, sino por lo que despierta. La he visto. La he sentido. Y no puedo evitar preguntarme si el Círculo Negro no tiene razón al querer controlarla —
— No digas eso — la voz de Jimin se endureció.
— Nunca digas eso —
— Solo digo lo que todos pensamos. El poder de la Llama Lunar puede consumirnos a todos si no la controlamos. Y controlarla significa... — Hoseok hizo una pausa, su sonrisa desvaneciéndose.
— ...lo que el ritual exige —
Jimin apretó la mandíbula, sintiendo cómo sus colmillos se alargaban ligeramente bajo la presión. El ritual. La palabra resonaba en su mente como un eco de tambores de guerra. Siete noches. Siete dragones. Siete actos de entrega que unirían a la Guardiana con ellos de una manera que ninguno de los siete había experimentado antes. Era una tradición antigua, sagrada y terrible a partes iguales.
— ¿Crees que ella estará lista? — preguntó Jimin, su voz apenas un susurro.
— ¿Crees que alguno de nosotros estará listo? —
Hoseok no respondió. En lugar de eso, puso una mano en el hombro de Jimin y lo guió hacia la sala principal, donde los otros hermanos ya se estaban reuniendo. La noche se extendía ante ellos como un abismo de incertidumbre, y en el centro de todo, una mujer dormía en la cámara de reposo, ajena al torbellino que había desatado.
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La cámara de reposo era un espacio íntimo y cálido, diseñado para la recuperación física y emocional. Jungkook entró con Yuna en brazos, sintiendo el peso de su cuerpo contra el suyo como un ancla de realidad. El aroma de su sangre, dulce y compleja, llenaba sus fosas nasales, despertando el hambre que siempre llevaba consigo. Pero no era solo hambre. Era algo más profundo, más visceral.
La depositó suavemente sobre la cama de seda negra, sus manos rozando la piel de sus brazos al hacerlo. El contacto eléctrico que recorrió su cuerpo lo sorprendió, y por un instante, su máscara de indiferencia se resquebrajó. Yuna era hermosa, sí. Pero también era frágil, vulnerable, y había sido arrojada a un mundo de sombras que no había elegido.
Jungkook se arrodilló junto a la cama, sus ojos recorriendo el rostro de la Guardiana. Sus párpados temblaban ligeramente, y sus dedos se crispaban sobre la seda como si incluso en sueños estuviera luchando. Jungkook sintió una punzada de admiración. A pesar de todo, a pesar del miedo y la desesperación, ella seguía peleando.
— No tienes idea de lo que has desatado, ¿verdad? — susurró, su voz apenas un aliento.
— No tienes idea de lo que eres para nosotros. Para mí —
Levantó una mano, sus dedos rozando la línea de su mandíbula con una suavidad que contrastaba con su naturaleza depredadora. La piel de Yuna era cálida, suave, y bajo ella, Jungkook podía sentir el pulso de su poder latiendo como un segundo corazón. La Llama Lunar. La fuente de todo su conflicto.
Un gemido apenas audible escapó de los labios de Yuna, y Jungkook retiró la mano como si hubiera sido quemado. Sus ojos se abrieron de par en par, y por un instante, se encontró atrapado en la mirada confusa y aterrada de la Guardiana.
— ¿Dónde...? — susurró ella, su voz ronca.
— ¿Dónde estoy? —
— En la fortaleza — respondió Jungkook, su voz recuperando su tono frío y controlado.
— Estás a salvo —
Yuna parpadeó varias veces, procesando la información. Luego, sus ojos se enfocaron en Jungkook, y su expresión se endureció.
— Tú. El que me miró como si quisiera devorarme —
Jungkook sintió cómo sus labios se curvaban en una sonrisa involuntaria. No podía evitarlo. La franqueza de ella era refrescante y desafiante.
— Quizás quería — dijo, su voz un susurro.
Editado: 08.08.2026