Luna De Jade

CAPITULO 5

Kim Seokjin observaba desde la sombra del arco de entrada mientras Namjoon emergía de la cámara de consagración. El estratega caminaba con paso firme, pero sus ojos, esos ojos que siempre habían sido faros de claridad y determinación, estaban nublados por algo que Jin no había visto nunca. Asombro. Y quizás, un atisbo de vulnerabilidad.

— ¿Cómo fue? — preguntó Jin, su voz baja para no perturbar el silencio sagrado del corredor.

Namjoon levantó la mirada y lo encontró. Por un instante, sus miradas se cruzaron, y Jin sintió una corriente de energía que no había experimentado antes. El vínculo de Namjoon con la Guardiana ya estaba activo, y su presencia se extendía como un eco a través de la conexión que compartían como hermanos de sangre.

— Fue... — Namjoon hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas.

— ...como tocar el sol sin quemarse —

Jin arqueó una ceja, una sonrisa irónica curvando sus labios.

— Eso suena a poesía barata, hermano —

— Es la verdad — respondió Namjoon, y su voz no tenía rastro de su habitual ironía.

— La Guardiana es más de lo que imaginábamos. Mucho más. El poder que lleva dentro es inmenso, pero también es... puro. No está corrompido por el Círculo Negro ni por ninguna otra influencia. Es ella. Solo ella —

Jin asintió lentamente, procesando la información. Luego, se giró y comenzó a caminar hacia la cámara de consagración, sus pasos resonando en el silencio del corredor.

— Entonces es mi turno — dijo, sin mirar atrás.

— ¿Algún consejo, estratega? —

— No la trates como a un objeto — respondió Namjoon, su voz seria.

— No la trates como a un trofeo. Trátala como lo que es: Una mujer que ha perdido todo y está desesperada por encontrar algo a lo que aferrarse —

Jin se detuvo, girándose lentamente para mirar a su hermano. Sus ojos, cálidos y astutos, parpadearon con un destello de sorpresa.

— Eso es más profundo de lo que esperaba de ti, Namjoon —

— El ritual te cambia — respondió el estratega, y su sonrisa fue amarga.

— Te cambia de maneras que no esperas. Prepárate —

Y con esas palabras, Namjoon se desvaneció en la penumbra, dejando a Jin solo frente a la puerta de la cámara.

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Jin entró en la cueva de cristales con la gracia de quien ha nacido para los escenarios. Sus pasos eran fluidos, su postura perfecta, su sonrisa en su lugar. Era el primogénito, el que había visto nacer a sus hermanos en el juramento, el que había tejido ilusiones y percepciones durante siglos. Nada lo tomaba por sorpresa.

Hasta que vio a Yuna.

La Guardiana estaba sentada en el borde de la piscina de agua negra, su túnica blanca aún húmeda, su cabello oscuro pegado a su rostro y cuello. Sus ojos, cuando se levantaron para encontrarlo, estaban inflamados, pero no había lágrimas en ellos. Solo una determinación feroz que hizo que Jin sintiera una punzada de admiración.

— El primogénito — dijo Yuna, su voz ronca pero firme.

— El que juega con las ilusiones —

— El que crea realidades — corrigió Jin, inclinándose en una reverencia teatral.

— Pero para ti, pequeña llama, solo seré Jin. Sin títulos. Sin máscaras —

— ¿Puedo confiar en eso? — preguntó ella, levantando una ceja.

— Nunca confíes en un ilusionista — respondió Jin, sonriendo.

— Pero sí puedes confiar en que soy honesto sobre mis mentiras —

Yuna soltó una risa breve, casi involuntaria, que iluminó su rostro como un rayo de sol en un día nublado. Jin sintió cómo su corazón daba un vuelco. Había visto muchas bellezas en sus siglos de vida, pero ninguna lo había desarmado tan rápidamente.

— Eres un caso, Jin — dijo Yuna, negando con la cabeza.

— No sé si eres el más peligroso o el más inofensivo de todos —

— Soy el que te hará reír cuando el mundo se esté quemando — respondió él, acercándose.

— Y el que te recordará que, incluso en la oscuridad, hay belleza —

Yuna lo miró fijamente, sus ojos buscando cualquier señal de engaño. Luego, lentamente, extendió su mano hacia él.

— Entonces muéstramela — dijo.

— La belleza en la oscuridad —

Jin tomó su mano con una suavidad que contrastaba con su presencia magnética. El contacto fue inmediato, una corriente de energía que recorrió ambos cuerpos como un latido compartido. Yuna jadeó, y Jin sintió cómo la Llama Lunar se extendía hacia él, cálida y vibrante, llenando cada rincón de su ser.

— Cierra los ojos — susurró, imitando las palabras de Namjoon.

— Y déjame mostrarte —

Yuna obedeció, y Jin la guió hacia la piscina de agua negra. Esta vez, el frío no la sorprendió. Era como si el agua la reconociera ahora, como si supiera que pertenecía a ese lugar. Jin la sostuvo contra su pecho, sintiendo el latido de su corazón contra el suyo, la calidez de su piel bajo el agua oscura.



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Editado: 08.08.2026

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