Luna De Jade

CAPITULO 7

Jung Hoseok despertó con el amanecer.

No era un amanecer cualquiera, sino el suyo propio, el que llevaba dentro desde que el sol lo había elegido como su portador. La luz dorada se filtraba a través de los cristales de su habitación, calentando su piel y llenándolo de una energía que pocos podían comprender. Era el corazón del sol, el piromante de la energía solar, el que irradiaba luz incluso en la oscuridad más profunda.

Pero esta mañana, la luz no era suficiente para calmar el torbellino de emociones que bullía en su interior.

Hoseok se levantó de la cama, sus músculos tensos por la anticipación. Había visto a Yuna después de los rituales de Namjoon, Jin y Yoongi. La había visto caminar por los pasillos de la fortaleza, su figura envuelta en túnicas de seda, sus ojos brillando con una mezcla de confusión y determinación. Y cada vez que la veía, el sol dentro de él latía más fuerte, como si reconociera en ella un eco de su propia luz.

— No puedes enamorarte de ella — se dijo a sí mismo, su voz un susurro en el silencio de su habitación.

— Es parte del ritual. Nada más —

Pero las palabras sonaban vacías, incluso para sus propios oídos.

La cámara de consagración lo esperaba. Cuando entró, la luz del sol se intensificó de inmediato, los cristales de cuarzo reflejando destellos dorados que bailaban en las paredes como pequeñas llamas. El agua negra de la piscina brillaba con reflejos de fuego, y en el centro, flotando como una diosa de la aurora, estaba Yuna.

Llevaba una túnica de seda dorada que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel. Su cabello, recogido en un moño alto, dejaba al descubierto la elegante curva de su cuello. Sus ojos, cuando se encontraron con los de Hoseok, brillaban con una luz que rivalizaba con la del sol.

— El corazón del sol — dijo Yuna, su voz suave y melodiosa.

— El que ilumina incluso las noches más oscuras —

— La Guardiana — respondió Hoseok, su voz temblorosa.

— La que enciende fuegos que ni el sol puede apagar —

Yuna sonrió, y la sonrisa iluminó su rostro como un amanecer.

— Eres más poético de lo que esperaba, Hoseok —

— El sol inspira poesía — respondió él, acercándose lentamente.

— Y tú... tú eres mi inspiración —

Yuna lo observó, sus ojos recorriendo su figura con una mezcla de curiosidad y vulnerabilidad. Hoseok era diferente a sus hermanos. Su presencia no era intimidante ni fría, sino cálida y acogedora. Irradiaba una luz que invitaba a acercarse, a confiar, a dejarse llevar por el calor de su energía.

— ¿Cómo es? — preguntó Yuna, su voz apenas un susurro.

— ¿Cómo es ser el corazón del sol? —

Hoseok se detuvo frente a ella, sus ojos dorados fijos en los suyos.

— Es una bendición y una maldición — respondió.

— La luz me da fuerza, me llena de energía. Pero también me quema. A veces, la luz es demasiado intensa, y necesito oscuridad para descansar. Pero la oscuridad siempre me encuentra. Siempre vuelve —

— Como a mí — dijo Yuna, su voz teñida de tristeza.

— La Llama Lunar me quema por dentro. A veces siento que voy a explotar, que no puedo contenerla más. Pero también me da fuerza. Me recuerda que estoy viva —

Hoseok extendió su mano, sus dedos rozando la mejilla de Yuna con una suavidad que contrastaba con el poder que irradiaba. El contacto fue inmediato, una corriente de energía cálida y dorada que fluyó entre ellos como un río de luz.

— Entonces estamos hechos el uno para el otro — susurró.

— Tú, con tu fuego interior. Yo, con mi luz exterior. Juntos, podríamos iluminar el mundo —

— O quemarlo — respondió Yuna, su sonrisa temblorosa.

— Eso también es una posibilidad — admitió Hoseok, riendo suavemente.

— Pero prefiero iluminarlo —

La guió hacia la piscina de agua negra, sus pasos sincronizados como una danza. Cuando entraron en el agua, la luz del sol se intensificó, creando un resplandor cegador que los envolvió a ambos. El agua se calentó, burbujeando suavemente a su alrededor como si estuviera hirviendo de energía.

— Cierra los ojos — susurró Hoseok.

— Y déjame mostrarte el sol —

Yuna obedeció, y Hoseok la atrajo hacia sí. Su cuerpo, cálido y firme, se presionó contra el de ella, y la luz los envolvió por completo. Hoseok sintió cómo la Llama Lunar se fusionaba con su propia energía, creando un torbellino de luz y calor que iluminó la cueva como un segundo amanecer.

Vio fragmentos de la vida de Yuna, como sus hermanos antes que él. Pero los vio de manera diferente. Vio su soledad, sí, pero también su capacidad de encontrar luz en la oscuridad. Vio cómo había construido su vida desde las cenizas, cómo había aprendido a sonreír a pesar de todo. Vio la fuerza que llevaba dentro, una fuerza que rivalizaba con la del sol mismo.

Y en esos fragmentos, Hoseok encontró algo que no esperaba. Un eco de su propia luz. Una chispa que brillaba en la oscuridad de su alma, recordándole que incluso el sol necesita un refugio.



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Editado: 08.08.2026

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