Luna De Jade

CAPITULO 8

Park Jimin sintió el llamado de la luna antes de que el sol se ocultara por completo.

Su naturaleza lupina vibraba bajo su piel como un tambor ancestral, marcando el ritmo de su sangre con cada latido. Era el aullido de la luna, el licántropo de sangre noble, el que llevaba en su interior la bestia y el hombre en perfecto equilibrio. Pero esta noche, el equilibrio se tambaleaba.

La espera había sido insoportable. Había visto a Yuna después de cada ritual, la había visto caminar por los pasillos con la mirada perdida, su cuerpo marcado por la energía de sus hermanos. Había sentido el eco de sus conexiones a través del vínculo que compartían como hermanos de sangre, y cada vez, su instinto animal rugía con más fuerza.

— Control — se dijo a sí mismo, sus dedos arañando la piedra de la pared.

— Control, Jimin. No eres una bestia salvaje. Eres un dragón —

Pero cuando la puerta de la cámara de consagración se deslizó y Yuna entró, todo control se desvaneció.

Llevaba una túnica de seda plateada que brillaba bajo la luz de los cristales de cuarzo como la piel de la luna. Su cabello, suelto y ondulado, caía sobre sus hombros en cascadas de tinta. Sus ojos, oscuros y profundos, encontraron los de Jimin con una mezcla de miedo y determinación que hizo que su corazón diera un vuelco.

— El aullido de la luna — dijo Yuna, su voz apenas un susurro.

— El que lleva la bestia en su interior —

— La Guardiana — respondió Jimin, su voz ronca y temblorosa.

— La que despierta bestias que creía dormidas —

Yuna dio un paso hacia él, su cuerpo tenso pero su mirada firme.

— ¿Tienes miedo de mí, Jimin? —

— Tengo miedo de lo que despiertas en mí — admitió él, su voz apenas audible.

— No es solo el ritual. Es algo más. Algo que no puedo controlar —

— Yo tampoco puedo controlarlo — respondió Yuna, deteniéndose frente a él.

— Pero juntos, tal vez podamos aprender —

Jimin la miró fijamente, sus ojos dorados brillando con una intensidad que hacía juego con la luz de los cristales. Luego, lentamente, extendió su mano hacia ella.

— Ven — susurró.

— Déjame mostrarte la luna —

Yuna tomó su mano, y el contacto fue eléctrico. Jimin sintió cómo la energía de la Llama Lunar se extendía hacia él, cálida y vibrante, despertando la bestia que llevaba dentro. Pero no era un despertar violento, sino suave, como el despertar de la luna en el cielo nocturno.

La guió hacia la piscina de agua negra, sus pasos lentos y deliberados. Cuando entraron en el agua, la luna llena brilló a través de la abertura en la roca, iluminando la cueva con un resplandor plateado. El agua reflejó la luz, creando un espejo de sueños que los envolvía a ambos.

— Cierra los ojos — susurró Jimin.

— Y déjame mostrarte quién soy realmente —

Yuna obedeció, y Jimin la atrajo hacia sí. Su cuerpo, cálido y firme, se presionó contra el de ella, y la luz de la luna los envolvió por completo. Jimin sintió cómo la Llama Lunar se fusionaba con su propia esencia lupina, creando un torbellino de energía plateada que iluminó la cueva como un segundo cielo nocturno.

Vio fragmentos de la vida de Yuna, como sus hermanos antes que él. Vio su soledad, su miedo, su fuerza. Pero también vio algo que ninguno de los otros había visto. Vio a la niña que había soñado con ser libre, que había corrido por campos de flores bajo la luz de la luna. Vio a la adolescente que había bailado bajo las estrellas, olvidando por un instante el peso de su poder. Vio a la mujer que aún soñaba con la libertad, a pesar de todo.

Y en esos fragmentos, Jimin encontró algo que no esperaba. Un eco de su propia naturaleza. La bestia y el hombre, el instinto y la razón, la luna y el lobo. Yuna era como él: dos mitades que luchaban por encontrar su equilibrio.

— Eres como yo — susurró, su voz ronca.

— Una criatura de dos mundos. Atrapada entre la luz y la oscuridad —

Yuna abrió los ojos, y por primera vez, no había miedo en ellos. Solo una comprensión profunda que desarmó a Jimin por completo.

— Entonces muéstrame — dijo.

— Muéstrame cómo encontrar el equilibrio —

Jimin sonrió, y fue una sonrisa que combinaba la dulzura del hombre con la ferocidad de la bestia.

— No puedo mostrarte — respondió.

— Pero puedo caminar contigo mientras lo encuentras —

El beso que siguió fue diferente a todos los anteriores. No era exploratorio como el de Jin, ni urgente como el de Namjoon, ni frío como el de Yoongi, ni cálido como el de Hoseok. Era un beso de dos almas que se reconocían en la oscuridad, que se aceptaban con todas sus imperfecciones, que se prometían caminar juntas hacia la luz.

Jimin la besó con una intensidad que combinaba la pasión del hombre con el instinto de la bestia. Sus labios, suaves y cálidos, exploraron los de ella con una devoción que rayaba en lo sagrado. Sus manos, fuertes y seguras, recorrieron su cuerpo con una reverencia que honraba cada curva, cada suspiro, cada latido de su corazón.



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Editado: 08.08.2026

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