Kim Taehyung sintió el viento antes de que la puerta de la cámara de consagración se deslizara.
No era un viento cualquiera, sino el suyo propio, el que llevaba dentro desde que había aprendido a escuchar los susurros del aire. El viento le traía fragmentos del futuro, ecos de posibilidades que bailaban en los bordes de su conciencia como mariposas de luz. Y esta noche, el viento le susurraba un nombre una y otra vez: Yuna.
La había visto a través de los ojos de sus hermanos, a través de los ecos de sus rituales. Había sentido su energía mezclarse con la de Namjoon, Jin, Yoongi, Hoseok y Jimin, y cada vez, el viento a su alrededor se volvía más cálido, más vibrante. Pero también más inquieto. Porque Taehyung sabía algo que sus hermanos no sabían. Algo que los fragmentos del futuro le habían revelado.
Yuna no era solo una Guardiana. Era algo más. Algo que ni siquiera ella misma comprendía.
La puerta se deslizó, y ella entró.
Llevaba una túnica de seda violeta que parecía cambiar de color con cada movimiento, como el cielo al atardecer. Su cabello, suelto y ondulado, caía sobre sus hombros en cascadas de oscuridad. Sus ojos, cuando encontraron los de Taehyung, brillaban con una mezcla de cansancio y curiosidad que hizo que su corazón latiera más rápido.
— El susurro del viento — dijo Yuna, su voz suave y melodiosa.
— El que ve el futuro en fragmentos —
— La Guardiana — respondió Taehyung, su voz distante y enigmática.
— La que es más de lo que parece —
Yuna arqueó una ceja, su expresión teñida de escepticismo.
— ¿Y qué es lo que parece que soy? —
— Eso es lo interesante — respondió Taehyung, acercándose lentamente.
— Ni siquiera el viento lo sabe con certeza. Solo susurra posibilidades. Ecos de futuros que podrían ser —
— ¿Y qué dicen esos ecos? —
Taehyung se detuvo frente a ella, sus ojos profundos y enigmáticos fijos en los suyos. El viento a su alrededor se arremolinó suavemente, acariciando los cabellos de Yuna como dedos invisibles.
— Dicen que eres la clave — susurró.
— La que abrirá la puerta o la que la sellará para siempre. El destino del mundo mágico está en tus manos, Yuna. Y no sé si eso es una bendición o una maldición —
Yuna lo miró fijamente, sus ojos buscando cualquier señal de engaño. Pero no encontró ninguna. Solo una profundidad onírica que la invitaba a sumergirse en ella.
— Entonces muéstrame — dijo, su voz firme.
— Muéstrame lo que el viento susurra —
Taehyung extendió su mano, sus dedos largos y elegantes rozando la mejilla de Yuna con una suavidad que contrastaba con la intensidad de su mirada. El contacto fue inmediato, una corriente de energía que fluyó entre ellos como una brisa cálida.
— Cierra los ojos — susurró.
— Y déjame mostrarte el viento —
Yuna obedeció, y Taehyung la guió hacia la piscina de agua negra. Cuando entraron en el agua, el viento se intensificó a su alrededor, creando remolinos de aire que danzaban sobre la superficie como espirales de luz. Los cristales de cuarzo parpadearon, reflejando destellos de colores que cambiaban con cada movimiento del aire.
— El viento no tiene forma — susurró Taehyung, su voz un murmullo en el oído de Yuna.
— No tiene límites. Puede ser suave como una caricia o violento como un huracán. Así soy yo. Así es mi magia —
— ¿Y qué ves en el viento? — preguntó Yuna, sus ojos aún cerrados.
— Veo posibilidades — respondió él.
— Veo caminos que se bifurcan, decisiones que se toman, futuros que se crean y se destruyen. Y en todos ellos, veo a una mujer con fuego en el pecho y lágrimas en los ojos —
Yuna abrió los ojos, y por primera vez, había lágrimas en ellos. Pero no eran lágrimas de miedo, sino de reconocimiento.
— Siempre he estado sola — susurró.
— Siempre he tenido que cargar con este poder sin saber por qué. Sin saber para qué —
— Ya no estás sola — respondió Taehyung, acariciando su mejilla con el dorso de los dedos.
— El viento te ha traído hasta aquí. Y el viento no se equivoca —
El beso que siguió fue diferente a todos los anteriores. No era exploratorio como el de Jin, ni urgente como el de Namjoon, ni frío como el de Yoongi, ni cálido como el de Hoseok, ni apasionado como el de Jimin. Era un beso de ensueño, de posibilidades, de fragmentos de futuros que se entrelazaban en el presente.
Taehyung la besó con una lentitud que bordeaba lo hipnótico, sus labios suaves y cálidos moviéndose contra los de ella como el viento acariciando las hojas de los árboles. Sus manos, largas y elegantes, recorrieron su cuerpo con una devoción que honraba cada curva, cada suspiro, cada latido de su corazón.
Yuna respondió al beso con una intensidad silenciosa, sus dedos enredándose en su cabello oscuro, tirando suavemente mientras su cuerpo se arqueaba contra el suyo. El viento danzó a su alrededor, susurrando secretos antiguos mientras la Llama Lunar se fusionaba con la energía etérea de Taehyung. El agua negra se agitó en remolinos de luz, y los cristales de cuarzo parpadearon como estrellas en el cielo nocturno.
Editado: 08.08.2026