Jeon Jungkook había estado esperando toda su vida.
No lo sabía entonces, no cuando era un niño perdido en las calles de Seúl, ni cuando el Círculo Negro lo había encontrado y lo había convertido en lo que era. No lo sabía cuando los Siete Dragones lo rescataron y lo aceptaron como hermano, ni cuando aprendió a controlar la bestia que llevaba dentro. Pero ahora, mientras la luna de jade brillaba en el cielo y el viento susurraba su nombre, Jungkook lo sabía con una certeza que quemaba como el fuego.
Toda su vida había estado esperando a Yuna.
La cámara de consagración estaba en silencio cuando entró. Los cristales de cuarzo brillaban con una luz tenue, y el agua negra de la piscina reflejaba el cielo estrellado como un espejo de sueños. Pero Jungkook no veía nada de eso. Solo veía a la mujer que estaba en el centro de la piscina, flotando en el agua oscura como una diosa de la noche.
Yuna llevaba una túnica de seda carmesí que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, el color de la sangre y el fuego. Su cabello, suelto y húmedo, caía sobre sus hombros en ondas oscuras. Sus ojos, cuando encontraron los de Jungkook, brillaban con una mezcla de miedo y determinación que hizo que su corazón latiera con fuerza.
— El último dragón — dijo Yuna, su voz apenas un susurro.
— El que nunca debió existir —
— La Guardiana — respondió Jungkook, su voz ronca y temblorosa.
— La que lo cambia todo —
Yuna se incorporó lentamente, el agua goteando de su cuerpo mientras caminaba hacia él. Jungkook no se movió. No podía. Estaba hipnotizado por la forma en que la luz de los cristales acariciaba su piel, por la forma en que su energía se extendía hacia él como una ola de calor.
— ¿Tienes miedo de mí, Jungkook? — preguntó, deteniéndose frente a él.
— Tengo miedo de lo que siento — admitió él, su voz apenas audible.
— Desde que te vi, no puedo dejar de pensar en ti. No puedo dejar de sentirte. Es como si estuvieras grabada en mi piel, en mi sangre, en mi alma —
— Yo también lo siento — respondió Yuna, su voz temblorosa.
— Pero no sé si es real. No sé si es el ritual o si es... algo más —
Jungkook la miró fijamente, sus ojos oscuros brillando con una intensidad que hacía juego con la luz de los cristales. Luego, lentamente, extendió su mano hacia ella.
— Solo hay una manera de averiguarlo — susurró.
— Ven conmigo —
Yuna tomó su mano, y el contacto fue como una explosión de energía. Jungkook sintió cómo la Llama Lunar se extendía hacia él, cálida y vibrante, despertando la bestia que llevaba dentro. Pero esta vez, la bestia no rugía con violencia. Rugía con deseo. Con necesidad. Con un anhelo que no podía controlar.
La guió hacia la piscina de agua negra, sus pasos lentos y deliberados. Cuando entraron en el agua, la luna llena brilló a través de la abertura en la roca, iluminando la cueva con un resplandor plateado. El agua reflejó la luz, creando un espejo de sueños que los envolvía a ambos.
— Cierra los ojos — susurró Jungkook.
— Y déjame mostrarte quién soy realmente —
Yuna obedeció, y Jungkook la atrajo hacia sí. Su cuerpo, cálido y firme, se presionó contra el de ella, y la luz de la luna los envolvió por completo. Jungkook sintió cómo la Llama Lunar se fusionaba con su propia esencia híbrida, creando un torbellino de energía que iluminó la cueva como un segundo cielo nocturno.
Vio fragmentos de la vida de Yuna, como sus hermanos antes que él. Vio su soledad, su miedo, su fuerza. Pero también vio algo que ninguno de los otros había visto. Vio el vacío en su interior, el mismo vacío que él llevaba dentro. Vio la lucha constante por controlar un poder que amenazaba con consumirla, la misma lucha que él había librado toda su vida.
Y en esos fragmentos, Jungkook encontró algo que no esperaba. Un eco de su propia alma. Dos mitades que se buscaban en la oscuridad, que se reconocían en el dolor, que se prometían sanar juntas.
— Somos iguales — susurró, su voz ronca.
— Dos monstruos que aprendieron a sobrevivir. Dos almas rotas que buscan su otra mitad —
Yuna abrió los ojos, y por primera vez, no había miedo en ellos. Solo una comprensión profunda que desarmó a Jungkook por completo.
— Entonces muéstrame — dijo.
— Muéstrame cómo sanar —
Jungkook sonrió, y fue una sonrisa que combinaba la dulzura del hombre con la ferocidad de la bestia.
— No puedo mostrarte — respondió.
— Pero puedo caminar contigo mientras lo descubrimos —
El beso que siguió fue diferente a todos los anteriores. No era exploratorio como el de Jin, ni urgente como el de Namjoon, ni frío como el de Yoongi, ni cálido como el de Hoseok, ni apasionado como el de Jimin, ni onírico como el de Taehyung. Era un beso de dos almas que se encontraban en el abismo, que se aferraban una a la otra como un ancla en la tormenta.
Jungkook la besó con una intensidad que reflejaba su naturaleza híbrida. Sus labios, suaves y urgentes, exploraron los de ella con una devoción que rayaba en lo desesperado. Sus manos, fuertes y seguras, recorrieron su cuerpo con una reverencia que honraba cada curva, cada suspiro, cada latido de su corazón.
Editado: 08.08.2026