Luna De Jade

CAPITULO 13

Los días que siguieron a la batalla fueron extraños para los Siete Dragones.

La fortaleza, que había sido un hervidero de actividad y energía durante el asedio, se sumió en un silencio tenso y cargado de posibilidades. El Círculo Negro había sido derrotado, su líder desintegrado por el poder de la Llama Lunar, pero la victoria había llegado con un precio que ninguno de ellos había anticipado: Yuna no despertaba.

Namjoon estaba en la cámara de reposo, sentado junto a la cama donde Yuna yacía inmóvil. Sus dedos, grandes y fuertes, sostenían la mano de la Guardiana con una suavidad que contrastaba con su apariencia imponente. Habían pasado tres días desde la batalla, y ella no había mostrado ningún signo de recuperación. Su respiración era débil, su pulso apenas perceptible, y su energía, la Llama Lunar, latía con un ritmo lento y constante, como un corazón que se negaba a apagarse.

— No entiendo — dijo Namjoon, su voz apenas un susurro en el silencio de la cámara.

— El vínculo está intacto. Su energía está estable. Pero no despierta —

— Tal vez no quiera despertar — respondió Yoongi desde la sombra de la entrada. El guardián de las sombras había estado vigilando la cámara durante horas, su figura delgada y letal recortándose contra la penumbra.

— Tal vez ha visto algo en la batalla que la ha hecho querer quedarse en el sueño —

— ¿Como qué? — preguntó Namjoon, girándose para mirarlo.

Yoongi dio un paso adelante, sus ojos oscuros fijos en el rostro pálido de Yuna.

— El poder que usó para derrotar al Círculo Negro no era solo suyo. Era el nuestro. El vínculo de los siete dragones se activó por completo, y ella sintió todo lo que somos. Nuestra luz, nuestra oscuridad, nuestra soledad, nuestra fuerza. Tal vez eso la abrumó. Tal vez necesita tiempo para procesarlo —

Namjoon apretó la mandíbula, sintiendo cómo el peso de la responsabilidad se asentaba sobre sus hombros. Yoongi tenía razón. El vínculo que habían forjado era más profundo de lo que ninguno de ellos había anticipado. No era solo una conexión física o mágica. Era una fusión de almas. Y Yuna, que había pasado toda su vida sola, de repente se había encontrado conectada a siete almas completas, con sus luces y sus sombras.

— No podemos dejarla así — dijo Namjoon, su voz firme.

— Tenemos que llegar a ella. De alguna manera —

— Ya lo estamos haciendo — intervino Jin, entrando en la cámara con pasos gráciles. Su rostro, normalmente iluminado por una sonrisa, estaba serio, sus ojos fijos en la figura inmóvil de Yuna.

— Cada uno de nosotros ha estado compartiendo su energía con ella. Hoseok le da luz, Yoongi le da sombra, Jimin le da instinto, Taehyung le da visión, Jungkook le da fuerza. Y nosotros, Namjoon y yo, le damos estructura y percepción. Pero ella tiene que hacer el resto. Tiene que elegir despertar —

— ¿Y si no elige? — preguntó Namjoon, su voz apenas audible.

Jin lo miró, y por un instante, su máscara de ilusionista se resquebrajó.

— Entonces seguiremos esperando. Porque eso es lo que hacemos, hermano. Esperamos. Y confiamos —

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En la torre este, Jungkook estaba de pie junto a la ventana, sus ojos fijos en el horizonte de Seúl. La ciudad brillaba bajo la luz del sol, pero su mente estaba en otro lugar. En la cámara de reposo. En la mujer que yacía inmóvil, atrapada entre el sueño y la vigilia.

Había sentido el poder de Yuna durante la batalla, la había visto brillar con la luz de los siete dragones, y había sentido cómo su propia energía se fusionaba con la de ella en un abrazo que trascendía lo físico. Pero también había sentido algo más. El miedo de Yuna. No el miedo al Círculo Negro, sino el miedo a sí misma. El miedo a su propio poder, a la soledad que la acompañaba, a la conexión que la unía a ellos.

— No tienes que tener miedo — susurró Jungkook, su voz perdida en el viento.

— No tienes que enfrentarlo sola —

Una mano se posó en su hombro, y Jungkook se giró para encontrar a Jimin, sus ojos dorados brillando con una mezcla de preocupación y determinación.

— ¿Cómo está? — preguntó Jimin, su voz baja.

— Igual — respondió Jungkook.

— No despierta —

Jimin asintió lentamente, sus dedos apretando el hombro de Jungkook con una fuerza que reflejaba su propia angustia.

— La sentí, Jungkook. Durante la batalla. La sentí en mi interior. Como si fuera parte de mí. Y ahora, su silencio... me duele —

— A todos nos duele — respondió Jungkook, su voz ronca.

— Pero tenemos que confiar en ella. En el vínculo. En lo que hemos construido —

— ¿Y si no es suficiente? — preguntó Jimin, su voz temblorosa.

— ¿Y si ella no puede volver? —

Jungkook se giró hacia él, y por un instante, su mirada se encontró con la de Jimin. Dos almas solitarias, dos bestias que habían encontrado un hogar en la fortaleza, dos hermanos que compartían el mismo miedo.

— Entonces iremos a buscarla — dijo Jungkook, su voz firme.



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Editado: 08.08.2026

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