Yoongi encontró a Yuna en el jardín de la fortaleza, en el lugar que nadie conocía excepto él.
Era un rincón secreto, oculto tras un muro de piedra cubierto de hiedra y musgo, donde las sombras danzaban con una luz propia y el aroma de las flores nocturnas llenaba el aire. Un lugar que Yoongi había descubierto en sus primeros años como dragón, un refugio donde las sombras no pesaban, donde podía ser él mismo sin máscaras ni armaduras.
Y allí estaba ella, sentada en un banco de piedra, su túnica blanca iluminada por el resplandor tenue de las linternas mágicas que flotaban entre los árboles. Su cabello, suelto y oscuro, caía sobre sus hombros como una cascada de seda. Sus ojos estaban cerrados, su rostro vuelto hacia el cielo, y sus labios se movían en un susurro que Yoongi no podía oír.
— No esperaba encontrarte aquí — dijo Yoongi, su voz plana pero no fría.
Yuna abrió los ojos y lo miró. Una sonrisa suave curvó sus labios.
— Tampoco esperaba encontrar este lugar — respondió.
— Pero una fuerza me guió hasta aquí. Como si algo me llamara —
Yoongi se acercó lentamente, sus pasos apenas susurrando sobre la hierba. Se detuvo frente a ella, y por un instante, sus miradas se encontraron en la penumbra.
— Este es mi lugar — admitió.
— Mi refugio. Nadie más sabe de él —
— ¿Por qué me lo muestras ahora? —
Yoongi se sentó a su lado, sus dedos rozando las hojas de una flor nocturna.
— Porque ya no quiero esconderme — respondió.
— No de ti —
Yuna lo miró fijamente, sus ojos buscando cualquier señal de engaño. Pero no encontró ninguna. Solo una sinceridad que rara vez mostraba.
— ¿Qué sientes por mí, Yoongi? — preguntó, su voz baja.
— Realmente. Sin máscaras —
Yoongi se quedó en silencio, sus dedos jugando con las hojas de la flor. El viento susurraba a su alrededor, trayendo el aroma de las flores nocturnas y el eco distante de la ciudad.
— No lo sé — admitió finalmente.
— He pasado siglos escondiéndome en las sombras, observando desde la distancia, sin involucrarme. Contigo, no puedo hacer eso. Contigo, quiero salir a la luz —
— ¿Y eso te asusta? —
— Más de lo que quiero admitir —
Yuna extendió su mano, sus dedos rozando los de él con una suavidad que hizo que Yoongi contuviera la respiración.
— A mí también me asusta — dijo.
— Pero también me da esperanza. Porque si alguien como tú, que ha vivido en las sombras durante siglos, puede encontrar la luz, entonces quizás yo también pueda —
Yoongi levantó la mirada, sus ojos oscuros encontrando los de ella.
— Tú ya eres luz, Yuna — susurró.
— Solo que no lo sabes —
Yuna sonrió, y su sonrisa iluminó el jardín como un amanecer en la oscuridad. Luego, lentamente, se inclinó hacia él, sus labios rozando los suyos con una suavidad que era casi una caricia.
El beso fue diferente a los anteriores. No era parte del ritual, no era una obligación ni una necesidad. Era una elección. Un acto de confianza y de deseo. Yoongi sintió cómo la Llama Lunar se extendía hacia él, pero esta vez no era un torrente de energía, sino un susurro cálido, un eco de la conexión que compartían.
Cuando finalmente se separaron, sus frentes seguían juntas, sus respiraciones sincronizadas.
— No sé qué somos — susurró Yoongi.
— No sé qué seremos. Pero sé que no quiero que termine —
— Yo tampoco — respondió Yuna.
— Pero no podemos apresurarnos. Hay tanto que no sabemos. Tanto que aún tenemos que descubrir —
— Lo sé — dijo Yoongi, su voz apenas un aliento.
— Pero mientras lo descubrimos, quiero estar a tu lado —
Yuna apoyó su cabeza en su hombro, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo, el latido de su corazón bajo su oído.
— ¿Qué pasó con el Círculo Negro? — preguntó después de un momento de silencio.
— ¿Están realmente derrotados? —
Yoongi negó con la cabeza, su expresión volviéndose seria.
— Derrotamos a su líder y a su ejército — respondió.
— Pero el Círculo Negro es como una hydra. Corta una cabeza, y dos crecen en su lugar. Siempre hay más. Siempre hay alguien dispuesto a ocupar el lugar vacío —
— ¿Entonces la batalla no ha terminado? —
— No — admitió Yoongi.
— Pero ahora sabemos que podemos ganar. Sabemos que tenemos el poder para detenerlos. Y sabemos que no estamos solos —
Yuna levantó la cabeza, sus ojos fijos en los de él.
— ¿Crees que podamos hacerlo? ¿Crees que podamos vencerlos para siempre? —
Yoongi la miró fijamente, y por un instante, su máscara de indiferencia se desvaneció por completo.
Editado: 08.08.2026