El templo de los antiguos guardianes se alzaba en el corazón de Seúl como una cicatriz en el tejido de la ciudad moderna.
Oculto a los ojos de los mortales por capas de magia y siglos de olvido, era un lugar de poder ancestral, donde las piedras respiraban con el peso de la historia y las sombras danzaban al ritmo de los latidos de la tierra. Pero ahora, esas sombras estaban contaminadas. Una energía oscura se filtraba por las grietas del suelo, tiñendo el aire con un hedor a azufre y muerte.
Los Siete Dragones y Yuna llegaron al borde del perímetro sagrado cuando la luna alcanzaba su cenit. La niebla creada por Taehyung los envolvía como un manto de plata, ocultando sus figuras mientras avanzaban con sigilo.
— Huele a magia negra — susurró Jimin, su nariz lupina captando los matices del aire.
— Y a sangre. Han estado haciendo sacrificios aquí —
— Cuántos — preguntó Namjoon, su voz baja pero firme.
— Docenas. Tal vez más —
— Los han estado usando para alimentar la brecha — dijo Yoongi, sus ojos escudriñando la oscuridad.
— La sangre de los magos del Círculo Negro es el combustible que mantiene abierto el portal —
Yuna sintió un escalofrío recorriendo su columna vertebral. La Llama Lunar latía en su pecho con un ritmo acelerado, como si reconociera la presencia de su opuesto.
— ¿Cómo vamos a entrar? — preguntó, su voz apenas un susurro.
— Por la puerta principal — respondió Jin con una sonrisa.
— Pero no con los pies —
Antes de que Yuna pudiera preguntar qué significaba eso, Jin extendió sus manos y una ilusión los envolvió. Cuando abrió los ojos, ya no eran ocho figuras humanas, sino un grupo de magos del Círculo Negro, sus túnicas negras y sus rostros ocultos bajo capuchas.
— Caminen con confianza — susurró Jin.
— Nadie mira dos veces a los que parecen pertenecer —
Avanzaron entre las ruinas del templo, pasando junto a figuras encapuchadas que murmuraban hechizos en lenguas antiguas. Yuna sintió cómo la energía oscura se intensificaba a cada paso, un peso que presionaba su pecho y nublaba sus sentidos.
— Están cerca — susurró Taehyung, sus ojos brillando con una luz tenue mientras sus dedos trazaban patrones invisibles.
— La brecha está en la cámara central. Donde el altar de los antiguos guarda el eco de la Entidad —
— Entonces vamos hacia allí — dijo Namjoon.
— Jungkook, tú y Yoongi se encargan de los guardias. Jimin, rastrea cualquier señal de emboscada. Hoseok, prepárate para iluminar el camino si la oscuridad se vuelve demasiado densa —
Los hermanos asintieron, moviéndose en perfecta sincronía. Yuna los observó, sintiendo cómo el vínculo los unía a todos en una red de energía y confianza.
— ¿Y yo? — preguntó, su voz firme.
— Tú te quedas conmigo — respondió Namjoon.
— Cuando lleguemos al altar, necesitaré tu ayuda para sellar la brecha. Tu energía es la única que puede anular la magia del Círculo Negro —
Yuna asintió, apretando los puños con determinación. No iba a fallarles. No iba a fallarse a sí misma.
Llegaron a la cámara central sin ser detectados. Era una sala circular de piedra negra, iluminada por la luz pálida de velas flotantes que ardían con fuego verde. En el centro, un altar de obsidiana brillaba con un resplandor oscuro, y sobre él, un espejo roto flotaba en el aire, sus fragmentos girando lentamente como piezas de un rompecabezas.
— La brecha — susurró Namjoon.
— Está en el espejo —
— Y la sombra que vi — dijo Taehyung, su voz tensa.
— Está esperando —
Antes de que pudieran moverse, una risa resonó en la cámara. Una risa fría, cruel, que parecía venir de todas partes y de ninguna.
— Los Siete Dragones — dijo una voz, profunda y resonante.
— Y la Guardiana. Qué honor —
Una figura emergió de las sombras junto al altar. Era alto, delgado, y su rostro estaba oculto por una máscara de hueso blanco que parecía fundirse con su piel. Su energía era un pozo de oscuridad que absorbía la luz a su alrededor.
— El líder del Círculo Negro — dijo Yoongi, su voz fría como el acero.
— Pensé que te habías escondido después de la batalla —
— Me estaba recuperando — respondió la figura, su tono burlón.
— Como ustedes, supongo. Pero la brecha estaba casi lista. Solo necesitaba un último ingrediente —
La figura giró hacia Yuna, y por primera vez, Yuna sintió miedo real. No era el miedo a la muerte, sino el miedo a ser utilizada, a convertirse en una herramienta para algo que no podía controlar.
— La Guardiana — susurró la figura.
— La Llave de la Entidad. Tan joven, tan inocente. Y tan poderosa. Ven conmigo, Yuna. Juntos podemos despertar a la Entidad y crear un mundo nuevo —
— No — respondió Yuna, su voz firme a pesar del temblor.
Editado: 08.08.2026