Luna De Jade

CAPITULO 17

La fortaleza amaneció envuelta en una luz dorada y cálida, como si el sol mismo hubiera decidido celebrar la victoria.

Los Siete Dragones y Yuna regresaron al amanecer, sus cuerpos agotados pero sus espíritus elevados. La brecha en el templo estaba sellada, la sombra en el espejo había sido derrotada, y el Círculo Negro, al menos por ahora, se había disipado en las sombras de la derrota. Pero en el corazón de los siete, algo más profundo había cambiado. Algo que ninguno de ellos sabía cómo nombrar.

Jungkook fue el primero en notarlo. Estaba en la torre este, observando el amanecer desde la ventana, cuando sintió una presencia detrás de él. No era una presencia amenazante, sino cálida, familiar.

— No puedes dormir, ¿verdad? — la voz de Yuna llegó suave y melodiosa.

Jungkook se giró lentamente, y su corazón dio un vuelco al verla. Yuna llevaba una túnica de seda blanca que brillaba bajo la luz del sol naciente. Su cabello, suelto y ondulado, caía sobre sus hombros como una cascada de tinta. Sus ojos, cuando encontraron los de él, brillaban con una luz que hacía juego con la del amanecer.

— No — admitió.

— Mi mente no para de dar vueltas —

— ¿En qué piensas? —

Jungkook se quedó en silencio por un momento, sus dedos apretando el borde de la ventana.

— En ti — respondió finalmente.

— En todo lo que ha pasado. En todo lo que está por venir —

Yuna se acercó a él, sus pasos silenciosos sobre la piedra fría.

— Yo también pienso en ti — dijo, deteniéndose a su lado.

— En todos ustedes. No sé cómo explicarlo, pero siento que somos parte de algo más grande. Algo que no termina aquí —

Jungkook la miró fijamente, y por un instante, el mundo a su alrededor se desvaneció. Solo quedaban ellos dos, el viento susurrando a su alrededor y la luz del sol acariciando sus rostros.

— Yuna — susurró, su voz apenas audible.

— Hay algo que necesito decirte —

— Dímelo —

Jungkook tomó un respiro profundo, sus ojos fijos en los de ella.

— No solo te protejo porque es mi deber — dijo.

— Te protejo porque... porque te quiero. Te quiero de una manera que no sabía que era posible. Desde que te vi, desde que sentí tu energía, supe que eras diferente. Y ahora, después de todo lo que hemos pasado, lo sé con certeza. Eres mi otra mitad. La que estaba destinada a encontrar —

Yuna lo miró fijamente, sus ojos brillando con lágrimas que no llegaban a caer.

— Jungkook... — susurró, su voz temblorosa.

— No tienes que responder ahora — dijo él, tomando su mano.

— Solo quería que lo supieras. Para que no quedara ninguna duda entre nosotros —

Yuna apretó su mano, y una sonrisa radiante iluminó su rostro.

— No hay duda — respondió.

— También te quiero, Jungkook. Te quiero a ti y a todos los demás. Pero no sé cómo manejar esto. No sé cómo sentir tanto sin desmoronarme —

— No tienes que manejarlo sola — respondió él.

— Estamos aquí. Todos nosotros. Para siempre —

Y en la torre este, bajo la luz del sol naciente, dos almas se encontraron en un abrazo que trascendía las palabras.

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En la sala de estrategia, Namjoon observaba el mapa de plata líquida con una sonrisa de satisfacción. El punto negro que había palpitado en el centro de Seúl había desaparecido, y la energía de la ciudad fluía con un ritmo constante y saludable.

— La brecha está sellada — dijo, girándose hacia sus hermanos.

— El Círculo Negro ha sufrido una derrota devastadora. No volverán a atacar en mucho tiempo —

— ¿Y la Entidad? — preguntó Yoongi, su voz plana pero con un destello de preocupación.

— La Entidad sigue ahí, dormida bajo la ciudad. Pero sin la brecha, no puede despertar. Y sin Yuna, no pueden usarla como catalizador. Estamos a salvo, al menos por ahora —

— ¿Y qué pasa con Yuna? — preguntó Jin, su voz suave.

— ¿Qué pasa con nosotros? —

Namjoon se quedó en silencio por un momento, sus dedos rozando el borde de la mesa.

— No lo sé — admitió.

— Pero sé que no podemos forzarla a elegir. No podemos forzarla a decidir su futuro. Lo que pasó entre nosotros fue real, pero también fue parte del ritual. Ahora tenemos que descubrir qué es real y qué no —

— Todo fue real — dijo Hoseok, su voz firme.

— Cada momento, cada conexión. No fue solo el ritual. Fue algo más —

— Estoy de acuerdo — dijo Jimin, sus ojos dorados brillando con determinación.

— Pero también sé que no podemos apresurarla. Ella necesita tiempo para procesar todo lo que ha pasado. Y nosotros también —

Taehyung asintió, su mirada distante.



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Editado: 08.08.2026

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