Luna De Jade

CAPITULO 18

La mañana siguiente amaneció con una luz diferente.

No era solo la luz del sol, sino una luz que parecía emanar de la propia fortaleza, como si las paredes de obsidiana hubieran absorbido la energía de la victoria y la estuvieran devolviendo en forma de calidez y paz. Los pasillos, que antes habían sido fríos y severos, ahora estaban bañados por un resplandor dorado que invitaba a la tranquilidad.

Yuna despertó en su habitación, la cámara de reposo que los dragones le habían asignado como suya. Las sábanas de seda negra se enredaban alrededor de sus piernas, y el aroma a cuarzo y flores luminiscentes llenaba el aire. Se incorporó lentamente, sintiendo cómo la energía de la Llama Lunar latía en su pecho con un ritmo constante y sereno.

— Buenos días — dijo una voz desde la entrada.

Yuna levantó la mirada y vio a Hoseok, apoyado contra el marco de la puerta con una sonrisa radiante en el rostro. Llevaba una túnica dorada que brillaba bajo la luz del sol, y sus ojos, cálidos y brillantes, la observaban con una mezcla de afecto y diversión.

— Hoseok — dijo Yuna, devolviéndole la sonrisa.

— ¿Has estado esperando mucho? —

— Solo lo suficiente para disfrutar de la vista — respondió él, entrando en la habitación con pasos ligeros.

— Namjoon me ha enviado a buscarte. Quiere que todos nos reunamos en el jardín de cristal para celebrar la victoria —

— ¿Celebrar? — preguntó Yuna, arqueando una ceja.

— ¿No es un poco pronto? —

— Nunca es pronto para celebrar la vida — respondió Hoseok, extendiendo su mano hacia ella.

— Ven. Te tengo una sorpresa —

Yuna tomó su mano, sintiendo cómo la energía cálida de Hoseok fluía a través del contacto. Se levantó de la cama, su túnica de seda blanca cayendo alrededor de su cuerpo como una segunda piel.

— ¿Una sorpresa? — preguntó, su voz curiosa.

— ¿Qué tipo de sorpresa? —

— Si te lo dijera, no sería una sorpresa — respondió él, guiándola hacia la puerta.

— Confía en mí —

Caminaron juntos por los pasillos de la fortaleza, sus pasos sincronizados como una danza. Yuna observó cómo la luz del sol se filtraba a través de las ventanas de obsidiana, creando patrones de colores que bailaban en las paredes. Era hermoso, más hermoso de lo que recordaba.

Cuando llegaron al jardín de cristal, Yuna se detuvo en seco.

El invernadero mágico se había transformado. Las plantas luminiscentes, que antes brillaban con un resplandor tenue, ahora explotaban en una cascada de colores: azules, púrpuras, dorados y plateados. En el centro, una mesa larga estaba cubierta de alimentos: frutas exóticas, panes recién horneados, vinos que brillaban con luz propia. Y alrededor de la mesa, los otros seis dragones la esperaban con sonrisas radiantes.

— ¡Bienvenida, Guardiana! — dijo Jin, levantando una copa de cristal.

— ¡Hoy celebramos tu triunfo y tu nuevo hogar! —

Yuna sintió cómo una ola de emoción la envolvía. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras recorría los rostros de los dragones. Namjoon, serio pero con una sonrisa en los labios. Yoongi, su mirada plana pero sus ojos brillando con calidez. Jimin, su rostro iluminado por una sonrisa feroz y orgullosa. Taehyung, su mirada distante pero llena de afecto. Jungkook, su devoción reflejada en cada centímetro de su expresión.

Y Hoseok, a su lado, sosteniendo su mano como si nunca fuera a soltarla.

— Esto es... — comenzó Yuna, su voz temblorosa.

— Esto es demasiado. No sé qué decir —

— No tienes que decir nada — respondió Namjoon, acercándose a ella.

— Solo tienes que estar aquí. Con nosotros —

— Y comer — intervino Jimin, señalando la mesa.

— Porque he oído que Taehyung ha estado practicando con la cocina y por una vez no ha explotado nada—

— Eso fue una vez — protestó Taehyung, aunque su voz no tenía convicción.

— Tres veces — corrigió Yoongi, su tono plano.

— Contando la del laboratorio de alquimia —

Yuna rió, una risa genuina y libre que resonó en el jardín de cristal como una campanada de alegría.

— Me encanta — dijo, secándose las lágrimas de la risa.

— Me encanta estar aquí. Con todos ustedes —

— Y nosotros te amamos a ti — dijo Jungkook, su voz suave pero firme.

— Siempre lo haremos —

Yuna sintió cómo el vínculo latía en su pecho, un eco de la conexión que compartían. No necesitaba palabras. No necesitaba promesas. Solo necesitaba estar allí, rodeada por los siete hombres que habían cambiado su vida.

Se sentaron alrededor de la mesa, y la celebración comenzó. Hubo risas, historias de batallas pasadas y anécdotas que hicieron que Yuna se doblara de la risa. Hubo canciones que Hoseok improvisó y bailes que Jimin lideró con una gracia felina. Hubo momentos de silencio compartido, en los que la energía del vínculo fluía entre ellos como un río de luz.



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Editado: 08.08.2026

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