Los cimientos de la fortaleza eran un laberinto de sombras y silencio.
Ninguno de los Siete Dragones había descendido a esas profundidades en siglos. Era un lugar prohibido, donde la energía de la Entidad se filtraba a través de las grietas de la piedra, y el aire olía a azufre y a tiempo olvidado. Pero ahora, guiados por la determinación de Jungkook y la esperanza de Taehyung, los dragones y Yuna descendían por las escaleras de caracol que se adentraban en el corazón de la montaña.
Yuna sintió cómo la Llama Lunar latía con un ritmo acelerado, como si reconociera la presencia de algo antiguo y familiar.
— ¿Estás bien? — preguntó Namjoon, notando su tensión.
— Sí — respondió ella, aunque su voz temblaba ligeramente.
— Pero hay algo aquí abajo. Algo que me llama —
— Es Kaelen — dijo Jungkook, su voz baja y grave.
— Su energía está atada a la Entidad, pero su esencia sigue siendo la de un guardián. Y la Llama Lunar reconoce a los suyos —
Llegaron a una cámara circular, iluminada por el resplandor tenue de cristales de cuarzo negro. En el centro, una figura estaba arrodillada, sus brazos extendidos hacia los lados, atados por cadenas de energía oscura que parecían fundirse con su propia piel. Era Kaelen.
Su cuerpo estaba demacrado, su piel pálida como el mármol, pero sus ojos, cuando levantó la mirada hacia ellos, brillaban con una intensidad que desafiaba los siglos de cautiverio.
— Los Siete Dragones — susurró, su voz ronca por el desuso.
— Han pasado tantos años... Pensé que me habían olvidado —
— Nunca te olvidamos — dijo Jungkook, dando un paso adelante.
— Solo... no sabíamos cómo encontrarte —
— Mientes — respondió Kaelen, y una sonrisa amarga curvó sus labios.
— Sabían dónde estaba. Pero tenían miedo de lo que descubrirían si me liberaban —
— Y tenían razón — dijo Yoongi, su voz plana.
— Liberarte significa debilitar el sello de la Entidad —
— Pero también significa tener un aliado — intervino Taehyung.
— Alguien que conoce la verdad sobre la Entidad. Alguien que puede ayudarnos a enfrentar la sombra —
Kaelen lo miró fijamente, y por un instante, algo parecido al reconocimiento brilló en sus ojos.
— Tú... eres como yo — dijo.
— Un híbrido que lucha contra su propia naturaleza —
— Lo sé — respondió Taehyung.
— Y sé lo que es cargar con el peso de la oscuridad. Pero también sé que no estoy solo. Y tú tampoco tienes que estarlo —
El silencio se extendió entre ellos, denso y cargado de emociones. Luego, lentamente, Kaelen asintió.
— Liberenme — dijo.
— Y los ayudaré —
Namjoon dio un paso adelante, sus manos extendidas hacia las cadenas de energía.
— No será fácil — dijo.
— Estas cadenas están hechas de la misma magia que mantiene a la Entidad dormida. Romperlas podría tener consecuencias impredecibles —
— Lo sé — respondió Kaelen.
— Pero es un riesgo que estoy dispuesto a correr —
Jungkook se colocó junto a Namjoon, y los otros dragones formaron un círculo alrededor de Kaelen. Yuna, en el centro, sintió cómo la Llama Lunar se intensificaba, latiendo en sincronía con el corazón de Kaelen.
— Todos juntos — dijo Namjoon.
— En el momento en que rompamos las cadenas, nuestra energía se fusionará con la de Kaelen. Será intenso. Pero si lo hacemos bien, el sello de la Entidad no se debilitará. Solo se transferirá —
— ¿Transferirá? — preguntó Jin.
— ¿A quién? —
— A nosotros — respondió Namjoon.
— Compartiremos la carga. Así, la Entidad seguirá dormida, pero Kaelen será libre —
Los dragones asintieron al unísono, y sus energías comenzaron a fluir en sincronía. Yuna extendió sus manos, y la Llama Lunar se elevó, iluminando la cámara con un resplandor dorado y plateado.
— ¡Ahora! — gritó Namjoon.
La energía de los ocho se fusionó en un torrente de luz que golpeó las cadenas de Kaelen con la fuerza de un trueno. Las cadenas se resquebrajaron, emitiendo un chillido agudo que resonó en las paredes de la cámara. Kaelen gritó, su cuerpo convulsionándose mientras la energía oscura se desprendía de él, fluyendo hacia los dragones.
Yuna sintió cómo el peso de la Entidad se asentaba sobre sus hombros, una presión fría y pesada que amenazaba con aplastarla. Pero entonces, sintió el apoyo de los siete dragones. Su energía fluía a través de ella, fortaleciéndola, anclándola a la luz.
Cuando la luz se desvaneció, las cadenas habían desaparecido. Kaelen estaba de pie, su cuerpo tembloroso pero libre. Sus ojos, ahora brillantes y llenos de vida, recorrieron los rostros de los dragones.
— Gracias — susurró, su voz quebrada por la emoción.
Editado: 08.08.2026