Luna De Jade

CAPITULO 32

Las semanas siguientes fueron de un ritmo constante y laborioso en la fortaleza. El nuevo equilibrio con la Entidad exigía cuidados y atenciones constantes, y los Siete Dragones, junto a Yuna y Kaelen, se turnaban para fortalecer el vínculo que los unía a todos. Pero la paz trajo consigo algo más que trabajo: trajo espacios para conocerse más profundamente, para dejar caer las máscaras que habían llevado durante siglos.

Una tarde, Jin y Yoongi se encontraban en la biblioteca de la fortaleza, un lugar que rara vez visitaban juntos. Jin hojeaba un libro de poesía antigua, mientras Yoongi revisaba mapas de energía de la ciudad.

— Nunca te había visto leer poesía — dijo Yoongi, sin levantar la vista del mapa.

— Hay muchas cosas que no sabes de mí — respondió Jin, con una sonrisa.

— Pero si te interesa, puedo recitarte algunos versos —

— Prefiero escuchar el silencio — respondió Yoongi, pero su tono era ligero, sin el habitual filo cortante.

Jin cerró el libro y lo miró fijamente.

— Hablando en serio, Yoongi. ¿Cómo te sientes con todo esto? Con la Entidad, con Yuna, con el nuevo equilibrio? —

Yoongi se quedó en silencio por un momento, sus dedos trazando círculos sobre el mapa.

— Es extraño — admitió.

— He pasado siglos esperando el momento en que la Entidad despertara para destruirnos. Y ahora, en lugar de eso, está en paz. Dentro de Yuna. Y nosotros estamos aquí, protegiendo ese equilibrio en lugar de luchar contra él —

— ¿Y eso te preocupa? —

— Me preocupa no estar preparado — respondió Yoongi.

— He vivido tanto tiempo en la desconfianza que no sé cómo vivir en la paz —

Jin se levantó y caminó hacia él, posando una mano sobre su hombro.

— No tienes que saberlo todo ahora — dijo.

— Solo tienes que estar aquí. Con nosotros. Con ella. El resto vendrá solo —

Yoongi levantó la mirada y, por un instante, una sonrisa apenas perceptible curvó sus labios.

— Gracias, Jin. A veces olvido que no tengo que cargar con todo solo —

— Para eso estamos los hermanos — respondió Jin.

— Para recordarnos lo que somos cuando lo olvidamos —

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En la cámara de consagración, Yuna practicaba la fusión de su energía con la de la Entidad. Kaelen estaba a su lado, guiándola con una paciencia que contrastaba con la ferocidad de su apariencia demacrada.

— Sientes el equilibrio — dijo Kaelen.

— No luches contra él. Déjalo fluir —

Yuna cerró los ojos y sintió cómo la Llama Lunar y la Entidad danzaban juntas dentro de ella, como dos ríos que se encontraban en el mar.

— Es hermoso — susurró.

— Nunca había sentido algo así —

— Es lo que siempre debió ser — respondió Kaelen.

— La Entidad no es un monstruo. Es una parte olvidada de este mundo. Y tú eres la que ha recordado a todos cómo abrazarla —

Yuna abrió los ojos y lo miró.

— ¿Y tú, Kaelen? ¿Cómo te sientes con todo esto? —

— Como si finalmente estuviera en casa — respondió él, y por primera vez, su sonrisa fue genuina.

— Como si los siglos de oscuridad hubieran valido la pena para llegar hasta aquí —

Yuna extendió su mano, y Kaelen la tomó. No había palabras, solo la conexión de dos almas que habían encontrado su lugar en el mundo.

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Esa noche, los Siete Dragones, Yuna y Kaelen se reunieron en el jardín de cristal para una cena improvisada. Hoseok y Jimin habían preparado la comida, y el aroma de platos recién cocinados llenaba el aire. Taehyung había decorado el jardín con luces de viento que danzaban como estrellas, y Jungkook había traído vino de la bodega de la fortaleza.

— Esto es perfecto — dijo Hoseok, sirviendo la sopa en cuencos de madera.

— La primera cena de muchas —

— La primera de muchas — repitió Jimin, levantando su copa.

— Brindo por la paz. Por la familia. Y por Yuna, que nos ha enseñado a confiar —

— Brindo por todos ustedes — respondió Yuna, su voz llena de emoción.

— Por haberme dado un hogar —

Las copas chocaron, y las risas llenaron el jardín. Kaelen, que había estado en silencio durante la mayor parte de la velada, levantó su copa con una sonrisa.

— Brindo por los segundos — dijo.

— Por las oportunidades que no esperábamos tener. Por el futuro que estamos construyendo juntos —

— Por los segundos — repitieron todos al unísono.

Y en el jardín de cristal, bajo la luz de la luna de jade, los ocho guardianes celebraron su nueva vida. Una vida de paz, de confianza y de amor que trascendía todas las barreras.



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Editado: 08.08.2026

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