La paz que los Siete Dragones y Yuna habían construido con tanto esfuerzo comenzó a extenderse por Seúl como las raíces de un árbol antiguo. Los gremios que antes se miraban con desconfianza ahora compartían conocimientos y recursos. Los jóvenes magos, licántropos y vampiros se reunían en plazas públicas para aprender sobre la Entidad y su nuevo papel en el equilibrio del mundo. Pero en la fortaleza, en los rincones más íntimos de sus corazones, las grietas comenzaron a hacerse visibles.
No eran grietas de traición ni de duda. Eran grietas de deseo, de anhelo y de la complejidad de amar a una misma persona desde siete ángulos diferentes.
Jimin fue el primero en sentirlo con claridad. Estaba en su habitación, las manos apoyadas sobre el marco de la ventana, mirando cómo la luna de jade se reflejaba en las aguas del jardín de cristal. Su naturaleza lupina lo hacía más sensible a los cambios en la energía de los demás, y últimamente, la energía de sus hermanos estaba más turbulenta de lo habitual.
— No puedes dormir, ¿verdad? — la voz de Hoseok llegó desde la entrada, suave y comprensiva.
Jimin se giró lentamente, una sonrisa amarga curvando sus labios.
— Tú tampoco —
Hoseok entró y se sentó en el borde de la cama, sus manos entrelazadas sobre las rodillas.
— He estado pensando — dijo, su voz baja.
— En Yuna. En todos nosotros. En lo que está pasando.
— No hace falta que me lo digas — respondió Jimin.
— Lo sé. Todos lo sabemos —
— ¿Y qué hacemos con eso? — preguntó Hoseok, su voz teñida de una vulnerabilidad que rara vez mostraba.
— Todos la amamos. Y ella nos ama a todos. Pero no sé cómo compartirla sin sentir que estoy perdiendo algo. Sin sentir que me estoy perdiendo a mí mismo —
Jimin se acercó a él y se sentó a su lado, su hombro rozando el de su hermano.
— No es un concurso, Hoseok — dijo.
— No hay un ganador ni un perdedor. Solo hay una familia que está aprendiendo a navegar algo que nunca antes había experimentado —
— Pero duele — admitió Hoseok, su voz apenas un susurro.
— Duele pensar que tal vez ella quiere a Jungkook más que a mí. O a ti más que a ninguno —
— No creo que sea así — respondió Jimin.
— Yuna no nos ama de la misma manera porque no somos iguales. Nos ama de maneras diferentes, pero con la misma intensidad. Es como la luz del sol: ilumina todo por igual, pero cada cosa que toca se ve diferente —
Hoseok levantó la mirada, y por primera vez, una sonrisa genuina curvó sus labios.
— Eso fue profundo, Jimin —
— Lo he estado practicando — bromeó Jimin, aunque su tono era serio.
— He tenido mucho tiempo para pensar —
— ¿Y qué más has pensado? —
— He pensado que el miedo no es nuestro enemigo — respondió Jimin.
— El miedo es solo una señal de que estamos haciendo algo importante. Algo que vale la pena proteger. Y Yuna vale la pena proteger. Todos nosotros valemos la pena —
-----
En la cámara de reposo, Yuna estaba despierta, mirando el techo de obsidiana que brillaba con la luz tenue de los cristales de cuarzo. La Entidad susurraba en su interior, no con palabras, sino con sensaciones. Una inquietud que reflejaba la suya propia.
— No puedo dormir — dijo Jungkook desde la entrada, su voz baja.
Yuna se incorporó lentamente, su sonrisa cansada pero cálida.
— Yo tampoco —
Jungkook entró y se sentó en el borde de la cama, sus dedos rozando los de ella.
— ¿En qué piensas? —
— En todo — admitió Yuna.
— En nosotros. En lo que somos. En lo que estamos construyendo —
— ¿Y eso te preocupa? —
— Me preocupa no ser suficiente — respondió ella, su voz apenas un susurro.
— Me preocupa no poder amar a todos de la manera que se merecen —
Jungkook tomó su mano y la apretó suavemente.
— No tienes que ser perfecta, Yuna — dijo.
— Solo tienes que ser tú. Eso es suficiente. Para todos nosotros —
Yuna sintió cómo las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos, pero no eran lágrimas de tristeza. Eran lágrimas de alivio.
— ¿Cómo es posible que hayan llegado a mi vida? — preguntó.
— ¿Cómo es posible que me hayan dado tanto sin pedir nada a cambio? —
— Porque eso es lo que hace el amor — respondió Jungkook.
— Dar sin esperar nada a cambio. Y nosotros te amamos, Yuna. Todos nosotros. De maneras diferentes, pero con la misma intensidad —
Yuna apoyó su cabeza en el hombro de Jungkook, sintiendo cómo su corazón latía en sincronía con el suyo.
— Gracias — susurró.
— No sabes cuánto necesitaba escuchar eso —
Editado: 08.08.2026