Luna De Jade

CAPITULO 35

La noche del jardín de cristal quedó grabada en la memoria de todos como un punto de inflexión. Las palabras de Yuna, su honestidad y su determinación de construir algo duradero habían disipado muchas de las dudas que acechaban en las sombras de sus corazones. Pero el camino hacia un amor compartido no se recorre en una sola noche. Requiere pasos pequeños, acciones cotidianas y la voluntad de enfrentar las propias inseguridades.

Namjoon fue el primero en dar el siguiente paso.

Una mañana, mientras el sol se elevaba sobre Seúl, encontró a Yuna en la biblioteca, hojeando un libro de runas antiguas. La luz dorada se filtraba a través de las ventanas de obsidiana, iluminando su rostro con un resplandor suave.

— ¿Puedo acompañarte? — preguntó, su voz más suave de lo habitual.

Yuna levantó la mirada y sonrió.

— Siempre —

Namjoon se sentó a su lado, sus dedos rozando el borde del libro que ella estaba leyendo.

— He estado pensando en lo que dijiste anoche — dijo.

— Sobre construir algo duradero. Sobre ser honestos —

— ¿Y qué has concluido? — preguntó Yuna, cerrando el libro para prestarle toda su atención.

— He concluido que quiero ser parte de eso — respondió Namjoon.

— Pero no solo como un estratega o un líder. Como alguien que está dispuesto a mostrarse vulnerable. A mostrarte quién soy realmente —

Yuna lo miró fijamente, sus ojos brillando con una mezcla de curiosidad y afecto.

— ¿Y quién eres realmente, Namjoon? —

Namjoon tomó un respiro profundo, como si estuviera a punto de saltar al vacío.

— Soy alguien que ha pasado siglos ocultando sus sentimientos detrás de planes y estrategias — admitió.

— Alguien que ha tenido miedo de mostrarse débil. Pero contigo, no quiero ocultarme. Contigo, quiero ser solo Namjoon —

Yuna extendió su mano y la posó sobre la de él, un gesto simple pero cargado de significado.

— No tienes que ocultarte conmigo — dijo.

— Puedes ser quien eres. Siempre —

Namjoon sintió cómo una barrera que había construido durante siglos comenzaba a desmoronarse. No con un golpe, sino con la suavidad de una caricia.

— Entonces te mostraré — susurró.

— Paso a paso —

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Esa tarde, Jin organizó una pequeña celebración en el jardín de cristal. No era una celebración grandiosa, sino un encuentro íntimo donde los ocho guardianes podían compartir sus pensamientos y emociones sin máscaras.

— He notado que todos estamos más tranquilos — dijo Jin, levantando su copa.

— Como si el aire se hubiera vuelto más ligero —

— Es el vínculo — dijo Taehyung, su voz soñadora.

— Está más fuerte que nunca. Y no es solo el vínculo de sangre. Es algo más profundo —

— ¿Como qué? — preguntó Hoseok, su voz curiosa.

— Como un eco — respondió Taehyung.

— Cada uno de nosotros resuena con los demás. Y en el centro de todo, está Yuna —

Todos los ojos se posaron en Yuna, que estaba sentada entre Jungkook y Jimin, su rostro iluminado por una sonrisa tímida.

— No soy el centro — dijo, negando con la cabeza.

— Somos todos parte del mismo círculo —

— Pero eres la que nos mantiene unidos — dijo Jungkook, su voz suave.

— Eres la que nos recuerda lo que somos capaces de ser —

Yuna sintió cómo sus mejillas se sonrojaban, pero también sintió cómo la calidez de sus palabras llenaba su corazón.

— Entonces construyamos algo juntos — dijo, su voz firme.

— Algo que nos represente a todos —

— ¿Como qué? — preguntó Jimin.

— Un ritual — respondió Yuna.

— Algo que podamos hacer juntos, regularmente. Algo que nos recuerde nuestro vínculo y nuestro compromiso —

Los Siete Dragones asintieron, sus mentes comenzando a trabajar en la idea. Y así nació el Ritual de la Luna de Jade, una ceremonia que realizarían cada luna llena, en la que compartirían sus energías, sus pensamientos y sus esperanzas.

El primer ritual se llevó a cabo esa misma noche. Los ocho guardianes se sentaron en círculo en el jardín de cristal, sus manos entrelazadas, sus ojos cerrados. La luna de jade brillaba en el cielo, y la energía de la Entidad y la Llama Lunar fluía a través de ellos como un río de luz.

— Comparto mi fuerza — dijo Namjoon, y su energía fluyó hacia los demás.

— Comparto mi luz — dijo Hoseok, y un destello dorado iluminó el círculo.

—Comparto mi sombra —dijo Yoongi, y una ola de oscuridad cálida los envolvió.

Uno a uno, los dragones compartieron sus dones: La ilusión de Jin, la lealtad de Jimin, los sueños de Taehyung, la ferocidad de Jungkook y la sabiduría de Kaelen. Y cuando llegó el turno de Yuna, ella compartió su amor.



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Editado: 08.08.2026

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