Luna De Jade

CAPITULO 40

El despertar de la luna de jade había dejado una marca indeleble en la fortaleza. La energía que ahora fluía a través de Yuna y los Siete Dragones era más pura, más profunda, como si el universo mismo hubiera reconocido el equilibrio que habían alcanzado. Pero el verdadero cambio no estaba en el poder que emanaba de ellos, sino en la paz que ahora habitaba sus corazones.

Las semanas siguientes fueron de una calma que ninguno de ellos había experimentado antes. Los gremios de Seúl, que al principio habían recibido la noticia de la nueva alianza con escepticismo, ahora comenzaban a aceptar la realidad de que la Entidad no era una amenaza, sino una aliada. Los jóvenes magos, licántropos y vampiros se reunían en la fortaleza para aprender de los Siete Dragones, y el jardín de cristal se había convertido en un lugar de encuentro para todas las criaturas mágicas de la ciudad.

Una tarde, mientras el sol se ponía sobre Seúl, Yuna se sentó junto a la fuente del jardín, observando cómo la luz dorada se reflejaba en el agua. Jungkook se sentó a su lado, su mano encontrando la de ella con una familiaridad que ya se sentía como parte de su ser.

— ¿En qué piensas? — preguntó él, su voz suave.

— En lo lejos que hemos llegado — respondió Yuna.

— En todas las batallas, todas las lágrimas, todas las risas. Y en lo agradecida que estoy por tenerlos a todos en mi vida —

— Y nosotros estamos agradecidos por tenerte a ti — respondió Jungkook, apretando su mano.

— No sabíamos que necesitábamos a alguien como tú hasta que llegaste —

Yuna sonrió, pero había una sombra de melancolía en sus ojos.

— ¿Qué pasa? — preguntó Jungkook, notando el cambio en su expresión.

— He estado pensando en el futuro — admitió Yuna.

— En lo que viene después de todo esto. La paz es hermosa, pero también es incierta. No sé qué nos depara el mañana —

— No tienes que saberlo — respondió Jungkook.

— Solo tienes que estar aquí, con nosotros. El resto vendrá solo —

Yuna apoyó su cabeza en el hombro de Jungkook, sintiendo cómo su energía la envolvía como un abrazo cálido.

— Tienes razón — susurró.

— Solo tengo que estar aquí —

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Esa noche, los Siete Dragones, Yuna y Kaelen se reunieron en la sala de estrategia para una reunión que Namjoon había convocado. Había una energía diferente en el aire, no de tensión, sino de anticipación.

— He estado pensando — dijo Namjoon, su voz firme.

— En que hemos construido algo increíble aquí. Un equilibrio que nunca antes habíamos logrado. Pero también sé que esto es solo el comienzo. Hay muchas cosas que podemos hacer para fortalecer este nuevo mundo —

— ¿Qué sugieres? — preguntó Jin, su voz curiosa.

— Sugiero que creemos una escuela — respondió Namjoon.

— Un lugar donde los jóvenes de todos los gremios puedan aprender sobre la magia, la Entidad y el equilibrio. Un lugar donde puedan crecer sin miedo —

La propuesta fue recibida con entusiasmo. Hoseok y Jimin ofrecieron sus habilidades como instructores, Jin su conocimiento de las ilusiones, Yoongi su dominio de las sombras, Taehyung su conexión con el viento y Jungkook su experiencia como cazador y protector. Yuna, como el puente entre la Entidad y el mundo humano, sería la figura central de la escuela.

— Será un legado — dijo Yuna, su voz llena de emoción.

— Algo que perdurará más allá de nosotros —

— Y que inspirará a las generaciones futuras — añadió Kaelen, su voz grave pero llena de esperanza.

— Un recordatorio de que la paz es posible si estamos dispuestos a trabajar por ella —

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La construcción de la escuela comenzó semanas después. Los gremios de la ciudad se unieron para ayudar, y la fortaleza se transformó en un lugar de aprendizaje y crecimiento. El jardín de cristal se convirtió en el corazón de la escuela, un espacio donde los estudiantes podían practicar sus habilidades bajo la luz de la luna de jade.

Yuna y los Siete Dragones se turnaban para dar clases, compartiendo sus conocimientos y sus experiencias. Yuna, en particular, se convirtió en una figura inspiradora para los jóvenes, su historia de lucha y esperanza resonando en los corazones de todos los que la escuchaban.

Una noche, después de una clase en el jardín de cristal, Yuna se quedó a solas con los Siete Dragones. La luna de jade brillaba en el cielo, y las plantas luminiscentes danzaban a su alrededor.

— Miren lo que hemos construido — dijo Yuna, su voz llena de orgullo.

— Miren lo lejos que hemos llegado —

— No podríamos haberlo hecho sin ti — dijo Namjoon, su voz firme.

— Eres la pieza que faltaba, Yuna. La que nos unió —

— Y la que nos enseñó a confiar — añadió Yoongi, su voz más suave de lo habitual.

— Y a amar — dijo Jungkook, tomando su mano.

Yuna sintió cómo las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos, pero no eran lágrimas de tristeza. Eran lágrimas de alegría, de la certeza de que había encontrado su lugar en el mundo.



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Editado: 08.08.2026

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