El regreso del Corazón del Bosque había dejado una huella profunda en la fortaleza. La gema de jade, que ahora descansaba en el centro del jardín de cristal, latía con un ritmo constante que sincronizaba los corazones de todos los que se acercaban. Era un recordatorio constante de la conexión entre la Entidad, la Llama Lunar y el mundo humano.
Pero el bosque no había terminado con ellos. La energía que habían despertado seguía llamando a Yuna en sus sueños, susurrando secretos que aún no había descifrado. Una noche, mientras la luna de jade brillaba en el cielo, Yuna sintió un tirón en el pecho, como si el bosque mismo la estuviera llamando.
— Tengo que volver — susurró, despertando a Jungkook, que dormía a su lado.
— El bosque me necesita —
— No irás sola — respondió Jungkook, incorporándose de inmediato.
— Iremos todos —
Al amanecer, los Siete Dragones, Yuna y Kaelen partieron hacia el bosque. La niebla se había disipado, y los árboles los recibieron con una luz dorada que parecía emanar de la tierra misma. Cuando llegaron al claro del árbol milenario, notaron que algo había cambiado. La gema ya no estaba en el tronco, sino en el suelo, rodeada de raíces que brillaban con un resplandor blanco.
— La gema se ha movido — dijo Kaelen, su voz llena de asombro.
— No debería ser posible —
— Algo la ha llamado — dijo Yuna, acercándose.
— Algo que viene de las profundidades del bosque —
Taehyung cerró los ojos y dejó que el viento susurrara a su alrededor. Fragmentos de una nueva visión se formaron en su mente: Un río subterráneo, una cueva de cristal, y en el centro, una fuente de energía que pulsaba con un ritmo antiguo.
— Hay una cueva bajo el bosque — dijo, abriendo los ojos.
— Una fuente de poder que alimenta el Corazón del Bosque. Algo está perturbando ese equilibrio —
— Entonces vamos a investigar — dijo Namjoon, su voz firme.
— Pero con cuidado —
Encontraron la entrada de la cueva oculta tras una cortina de musgo y raíces. El descenso fue empinado, y el aire se volvía más frío a medida que se adentraban en la tierra. Pero cuando llegaron al fondo, la visión que los esperaba era impresionante.
Una caverna de cristales luminiscentes se extendía ante ellos, sus paredes brillando con tonos azules y plateados. En el centro, una fuente de agua pura brotaba de la roca, su luz reflejándose en los cristales como una danza de estrellas. Y junto a la fuente, una figura estaba arrodillada.
Era una mujer, su piel pálida como la luna, su cabello plateado como la luz de la gema. Llevaba una túnica de hojas y raíces, y sus ojos, cuando se giró hacia ellos, brillaban con el resplandor de un tiempo antiguo.
— La Guardiana — dijo la figura, su voz un eco de viento y agua.
— Te he estado esperando —
— ¿Quién eres? — preguntó Yuna, su voz firme pero llena de curiosidad.
— Soy el espíritu del bosque — respondió la figura.
— La que cuida el equilibrio desde que la primera gema fue plantada en esta tierra. He sentido tu llegada, Yuna. He sentido tu conexión con la Entidad y con la Luna de Jade —
— ¿Por qué nos has llamado? —
— Porque el equilibrio está en peligro — respondió el espíritu.
— No desde fuera, sino desde dentro. Hay una grieta en la fuente de poder, una fisura que podría extenderse y romper el vínculo que has construido con tanto esfuerzo —
Yuna sintió cómo su corazón latía con fuerza. Habían trabajado tanto para alcanzar la paz, y ahora una nueva amenaza se cernía sobre ellos.
— ¿Qué podemos hacer para detenerla? —
— Solo hay una manera — respondió el espíritu.
— La fuente debe ser sanada por la Guardiana y por los siete dragones. Juntos, deben tejer un nuevo vínculo con la tierra, uno que sea más fuerte que la fisura. Pero para hacerlo, deberán ofrecer algo de sí mismos. Algo que no puedan recuperar —
— ¿Qué? — preguntó Jungkook, su voz tensa.
— Un recuerdo — respondió el espíritu.
— Un fragmento de su pasado que los ata al miedo o a la duda. Deben dejarlo ir para que la fuente pueda sanar —
El silencio que siguió fue denso, cargado de la incertidumbre de lo que estaban a punto de perder. Pero uno a uno, los dragones asintieron.
— Lo haremos — dijo Namjoon.
— Por el equilibrio. Por la paz. Por todos nosotros —
Yuna y los Siete Dragones formaron un círculo alrededor de la fuente, sus manos entrelazadas. La luz de los cristales los envolvía, y el espíritu del bosque extendió sus manos, guiando su energía hacia la fisura.
Uno a uno, ofrecieron sus recuerdos. Jin dejó ir el miedo a no ser visto más allá de sus ilusiones. Yoongi liberó la culpa de su pasado. Hoseok soltó la duda de no ser suficiente. Jimin dejó atrás el miedo a la pérdida. Taehyung liberó la incertidumbre sobre su identidad. Kaelen soltó el peso de los siglos de cautiverio. Jungkook dejó ir el temor a no merecer el amor que había encontrado. Y Yuna, la Guardiana, liberó su miedo a no ser suficiente para todos ellos.
Editado: 08.08.2026