Luna De Jade

CAPITULO 49

El tiempo en la fortaleza siguió su curso, tejiendo días de aprendizaje, juegos y crecimiento. Haneul, ahora un niño de tres años, corría por los pasillos con la energía de un rayo de sol, su risa llenando cada rincón de la fortaleza con una luz que ninguno de los Siete Dragones había experimentado antes. Era el centro de su mundo, el recordatorio constante de que el amor que habían compartido había dado fruto.

Pero Taehyung, que había aprendido a escuchar el viento y los ecos del futuro, comenzó a sentir una inquietud que no podía ignorar. No era una amenaza inminente, sino un susurro lejano, como el eco de un río que aún no había nacido. Una noche, mientras la luna de jade brillaba sobre el jardín de cristal, Taehyung se sentó junto a la fuente y cerró los ojos, dejando que el viento lo guiara.

Las visiones que llegaron eran fragmentos de un futuro lejano, imágenes borrosas que se desvanecían antes de que pudiera atraparlas. Pero una de ellas se quedó grabada en su mente: Haneul, ya un adolescente, de pie en el centro del jardín de cristal, rodeado por figuras que Taehyung no reconocía. Su rostro era serio, su postura firme, y en sus manos sostenía una gema que brillaba con una luz que no era ni de la Entidad ni de la Llama Lunar.

Taehyung abrió los ojos, su respiración entrecortada. No era una visión de peligro, sino de cambio. Un cambio que llegaría mucho después de que ellos ya no estuvieran.

— Taehyung — la voz de Yuna llegó desde la entrada del jardín, suave y preocupada.

— ¿Estás bien? —

— Sí — respondió él, aunque su voz temblaba ligeramente.

— He tenido una visión. Del futuro. De Haneul —

Yuna se sentó a su lado, su mano posándose sobre la de él.

— ¿Qué viste? —

— Lo vi crecido — dijo Taehyung, sus ojos brillando con una luz lejana.

— De pie en el centro del jardín, sosteniendo una gema que no conozco. Y había otros a su alrededor. No sé quiénes eran, pero sé que confiaba en ellos —

— ¿Eso es malo? — preguntó Yuna, su voz cautelosa.

— No es malo — respondió Taehyung.

— Pero es un recordatorio de que el futuro no es nuestro para controlar. Solo podemos sembrar las semillas y confiar en que crecerán fuertes —

Yuna apretó su mano, sintiendo el peso de sus palabras.

— Entonces sembremos bien — dijo.

— Para que cuando Haneul tenga que caminar su propio camino, esté preparado —

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Al día siguiente, los Siete Dragones se reunieron en la sala de estrategia. Taehyung compartió su visión, y aunque algunos mostraron inquietud, la mayoría aceptó la visión como un recordatorio de su propósito. No eran guardianes eternos; eran los cimientos de un nuevo mundo.

— Si Haneul está destinado a liderar, entonces debemos prepararlo — dijo Namjoon, su voz firme.

— No solo en magia, sino en sabiduría. En compasión. En el entendimiento de que el equilibrio es frágil y que debe ser protegido —

— Y también debemos preparar a los demás — añadió Jin.

— Los estudiantes de la escuela, los jóvenes de los gremios. Ellos serán los que acompañen a Haneul en su camino —

— Entonces hagamos de la educación nuestra prioridad — dijo Yoongi.

— No solo en habilidades mágicas, sino en valores. En la importancia de la confianza, la honestidad y el amor —

Los Siete Dragones asintieron, sus corazones unidos en un nuevo propósito. Y así, los días siguientes estuvieron llenos de actividades y enseñanzas. Los estudiantes de la escuela participaron en talleres sobre el equilibrio, y los gremios de la ciudad se unieron para compartir sus conocimientos con las nuevas generaciones.

Haneul, aunque aún pequeño, observaba todo con sus ojos brillantes, absorbiendo las lecciones que lo rodeaban. A menudo se sentaba en el regazo de Kaelen, escuchando historias de los antiguos guardianes, o caminaba de la mano de Jungkook, aprendiendo a identificar las plantas del jardín de cristal.

Una tarde, mientras Yuna y Haneul paseaban por el jardín, el niño levantó su pequeña mano hacia la gema del Corazón del Bosque, que brillaba en el centro del jardín.

— Mamá — dijo, su voz llena de asombro.

— La piedra habla —

Yuna se arrodilló junto a él, sorprendida por sus palabras.

— ¿Qué dice, Haneul? —

El niño cerró los ojos, como si estuviera escuchando algo que solo él podía oír.

— Dice que estamos en el camino correcto — respondió, abriendo los ojos con una sonrisa.

— Y que el futuro es brillante —

Yuna sintió cómo las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. Era una sensación de paz, de saber que su hijo ya estaba conectado con el equilibrio de una manera que ella apenas comenzaba a comprender.

— Gracias, Haneul — susurró, abrazándolo.

— Gracias por recordármelo —

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Esa noche, los Siete Dragones, Yuna, Kaelen y Haneul se reunieron en el jardín de cristal para el ritual mensual de la luna de jade. La luz de la luna brillaba sobre ellos, y la gema del Corazón del Bosque latía con un ritmo constante. Haneul estaba sentado en el centro del círculo, sus ojos brillando con una luz que reflejaba la de la luna.



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Editado: 08.08.2026

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