Luna de Miel sin Novio

Capítulo 19 Viral

Lucía no sabía en qué momento el hotel quedó atrás, pero lo agradeció. Cada paso que daba lejos de Daniel, de Victoria, de la fuente y del espectáculo que ya estaba en camino a convertirse en el nuevo chisme nacional de TikTok, sentía cómo su cuerpo soltaba capas antiguas de tensión que ni siquiera había notado que cargaba.

Leticia respiraba como quien acaba de sobrevivir a una explosión nuclear.

—Bueno —dijo, llevándose una mano al pecho—. Oficialmente… nunca más me quejo de mi ex. El tuyo dejó el listón en la estratósfera. Nadie podrá superarlo.

Lucía soltó una risa agotada.

—Necesito aire —murmuró—. Mucho.

—Y terapia —agregó Leticia—. Y un café. Y un abogado. Y un exorcista especializado en infieles.

Damián, que caminaba unos pasos por delante, se giró hacia ellas. Su expresión no era fría, sino seria de esa forma que sostiene, que acompaña.

—Podemos ir a la playa —sugirió—. A esta hora casi siempre está vacía. —Luego miró a Leticia—. Si quieres gritarle al mar, adelante. No pienso juzgar.

—Mi fotógrafo favorito, tú sí eres un ángel —respondió Leticia, señalándolo con solemnidad exagerada.

El sonido de las olas los recibió como un bálsamo. El aire salado les limpió el pecho. Lucía sintió que algo dentro de ella se aflojaba, pero suficiente para no desplomarse.

Damián caminó a su lado sin invadirla. Ese detalle, esa distancia respetuosa, la descolocó más que su cercanía.

—¿Estás bien? —le preguntó en voz baja.

Ella asintió, pero la verdad se le escapó entre los labios.

—No sé quién soy sin todo este desastre.

Damián dejó que las palabras reposaran en el aire unos segundos antes de responder.

—Alguien más fuerte de lo que imagina —dijo con suavidad—. Y mucho más libre.

Lucía sintió un temblor pequeño, inesperado. No de tristeza, sino de algo que podría llegar a ser esperanza.

Leticia se cruzó de brazos, mirándolos como si fuera la jueza del romance universal.

—Confirmado —declaró—. Tensión romántica nivel NASA. ¿En verdad están fingiendo?

—Leticia… —advirtió Lucía.

—¡No me culpes! Si no lo digo me intoxico.

Cuando llegaron, la arena tibia los recibió sin pedir explicaciones. El mar se abría frente a ellos, brillante, inmenso, completamente ajeno al caos que habían dejado atrás.

Leticia estiró los brazos y gritó:

—¡Quiero olvidar y también un cóctel!

Una gaviota chilló como si estuviera harta de la humanidad.

Lucía rió. Fue una risa real. Libre.

Leticia, de pronto seria, bajó la mirada.

—Yo… perdón por lo de Daniel —dijo—. Pensé que escuchar su versión te ayudaría a cerrar el ciclo, no que iba a convertirse en el guion de una novela turca.

Lucía la tomó del brazo.

—Gracias por estar ahora. Y sí, sigues siendo insoportable.

Leticia sonrió, orgullosa.

—Al menos mantengo consistencia.

Ella se alejó unos metros para mandar audios dramáticos a su grupo de WhatsApp. Era su terapia personal. Lucía quedó sola con Damián.

El viento movía su cabello, y él la miró con una preocupación silenciosa que no presionaba, que no exigía.

—Gracias —dijo ella.

—¿Por qué?

—Por estar. Y no… reclamar nada. No decir «te lo dije». No aprovechar el momento para quedar como el héroe.

Damián respiró hondo, mirando al mar.

—Estar cerca de ti no es un favor, Lucía. —Hizo una pausa—. Y no voy a pedirte nada. Ni una explicación. Ni una decisión. Ni una respuesta. No hoy.

Ella sintió una presión suave en el pecho, pero no incómoda.

—No sé qué va a pasar —admitió.

—Está bien —dijo él—. Sólo quiero que estés bien tú.

El celular de Leticia vibró como si estuviera a punto de explotar.

—Ay Dios mío… —leyó la pantalla—. ¡LUCÍA! ¡Subieron el video! ¡YA VA POR CINCUENTA MIL VISTAS!

Lucía se tapó la cara con ambas manos.

—No. No no no. ¿Por qué mi vida es un episodio de comedia involuntaria?

—Amor —dijo Leticia—, porque tú eres un reality show sin presupuesto.

Damián negó con la cabeza.

—Ese muchacho… Dios. Imagino que está celebrando su ascenso a Tiktoker.

—¡Mira los comentarios! —añadió Leticia entre carcajadas—. «El cisne lo vio venir». «Cuando el karma trae efectos especiales». ¡JAJAJA!

Lucía rió y lloró al mismo tiempo. Leticia la abrazó. Damián se acercó, listo por si ella se desmoronaba… pero no lo hizo. No esta vez.

Lucía respiró hondo, mirando el mar.

—No quiero que esto me defina —dijo—. Ni Daniel. Ni mi boda fallida. Ni el video. Nada de esto.




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