Luna De Sangre

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Capítulo 2: El ataque al clan

Adrián corría a través del bosque como si la misma noche lo persiguiera. Cada rama que se cruzaba a su paso era un obstáculo que esquivaba con facilidad sobrehumana. Sus sentidos de lobo estaban completamente despiertos: podía oír la respiración de los animales, el murmullo de los ríos, y sobre todo… los latidos acelerados de su propio corazón.

Los aullidos resonaban a lo lejos, cada uno más intenso que el anterior. No eran de caza. Eran advertencias, llamadas de guerra. Un presentimiento oscuro se apoderó de Adrián. Algo terrible había ocurrido en la aldea. Algo que no podía ignorar.

El olor llegó antes que la vista: sangre. No era la de los ciervos ni la de los jabalíes que recorrían el bosque. Era más metálica, más fría… y mezclada con un aroma que hacía que su pelaje se erizara. Vampiros.

—Malditos… —susurró entre dientes mientras aceleraba aún más.

Cuando finalmente alcanzó la colina que dominaba el claro donde vivía su clan, la escena que encontró lo dejó sin aliento. La aldea estaba en llamas. Las chozas, construidas con madera vieja, ardían con rapidez. Las sombras de las criaturas se movían entre los edificios, y el caos reinaba por doquier.

Un lobo gris saltó sobre un vampiro, derribándolo violentamente al suelo. Pero antes de que pudiera morderlo, el enemigo se giró con una velocidad sobrenatural, hundiendo sus colmillos en el hombro del lobo. El grito del animal resonó en el claro.

La furia recorrió el cuerpo de Adrián. Sin pensarlo, saltó desde la colina. Mientras caía, su cuerpo comenzó a cambiar: sus huesos crujieron, los músculos se expandieron, la piel se cubrió de pelaje negro y sus sentidos se agudizaron al límite. En cuestión de segundos, ya no era un hombre. Era un lobo enorme y poderoso, con ojos que brillaban en la penumbra.

El impacto al tocar el suelo levantó tierra y hojas a su alrededor. Con un gruñido, embistió al vampiro que atacaba al lobo gris, lanzándolo varios metros hacia atrás. El enemigo se levantó con rapidez, limpiándose la sangre de la boca.

—Interesante… el cachorro del Alfa —dijo el vampiro con una sonrisa torcida.

Adrián gruñó y saltó hacia él, pero justo antes de que pudieran chocar, una voz poderosa resonó por todo el claro:

—¡Basta!

El aire pareció detenerse. Incluso los vampiros y lobos más cercanos se congelaron. Desde la oscuridad apareció una figura elegante, alta, vestida con un largo abrigo negro que parecía flotar sobre el suelo. Sus ojos rojos brillaban bajo la luz de la luna, y su presencia hacía que todos los presentes sintieran

un escalofrío.

—Por fin nos conocemos —dijo el vampiro, con una voz que combinaba calma y amenaza—. Adrián, heredero del clan Luna Negra.

El lobo mostró los colmillos, y el vampiro continuó:

—Mi nombre es Viktor.

Un silencio pesado cayó sobre el claro. Los lobos retrocedieron levemente. Incluso algunos vampiros parecían respetarlo… o temerle. Adrián, aunque furioso, sintió la presión de su poder. Este no era un enemigo común. Era mucho más antiguo, mucho más poderoso.

En ese instante, un aullido resonó desde lo profundo del bosque. Era un llamado de guerra. Pero también un aviso: la verdadera batalla acababa de comenzar.




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