Capítulo 5: La vampira en el bosque (4 páginas)
El amanecer se filtraba entre los árboles, iluminando los restos del ataque de la noche anterior. La aldea del clan Luna Negra estaba parcialmente destruida. Los lobos heridos gemían mientras los sanadores del clan recorrían las chozas derruidas, tratando de estabilizar a los suyos. Las columnas de humo se alzaban hacia el cielo, mezclándose con la bruma matutina, creando un paisaje que parecía más un campo de batalla que un hogar.
Adrián caminaba entre los escombros, observando los cuerpos de los suyos. La rabia le recorría cada músculo. Cada herida, cada aullido, cada mirada de miedo lo llenaba de furia. No era solo un ataque; era una declaración de guerra. Su padre, Darian, lo observaba con el ceño fruncido a su lado.
—No podemos permitir que esto continúe —dijo Darian con voz grave—. Viktor no se detendrá hasta obtener lo que busca.
Adrián asintió. Su cuerpo estaba tenso, preparado para cada movimiento, cada posible emboscada. Pero había algo más que lo inquietaba: la vampira del bosque. Aquella mujer de ojos rojos que había aparecido antes del ataque, con la que había tenido ese extraño intercambio de palabras. No sabía si debía confiar en ella… ni si debía matarla.
De repente, un crujido entre los árboles llamó su atención. Sus músculos se tensaron. El silencio se rompió por un paso suave, deliberado.
—¿Quién anda ahí? —gruñó Adrián, transformando su voz en un rugido profundo.
Del bosque emergió Valeria. Sus ojos rojos brillaban bajo los primeros rayos de sol. Caminaba con calma, sin temor, como si nada ni nadie pudiera detenerla. Su presencia hacía que el pelo de los lobos se erizara, y algunos guerreros mostraban las garras, listos para atacarla.
—¡Vampira! —exclamó uno de los lobos más jóvenes—. ¡Fuera de nuestro bosque!
Adrián dio un paso adelante y levantó una mano, ordenando silencio.
—Espera —dijo con firmeza—. Escucha lo que tiene que decir.
Valeria levantó la vista hacia él. Su mirada no era hostil. Era intensa. Casi… humana.
—He venido a advertirles —dijo—. Viktor está planeando algo grande. Si me matan, ustedes perderán antes de empezar.
Darian frunció el ceño. Su experiencia le decía que una vampira no decía la verdad solo por bondad. Pero también podía ver que ella no parecía estar allí para atacar.
—Habla, entonces —ordenó Darian.
Valeria asintió y se sentó sobre una roca cercana, manteniendo sus ojos en Adrián.
—La profecía… —comenzó—. Viktor busca al híbrido. Al niño de dos sangres.
El corazón de Adrián se tensó. Recordó los rumores que habían oído durante su entrenamiento. La existencia de un ser mitad vampiro y mitad lobo siempre había parecido una leyenda. Pero ahora, frente a sus ojos, parecía real.
—¿Y tú cómo entras en esto? —preguntó Adrián—. ¿Por qué ayudarías a los lobos?
Valeria bajó la mirada por un instante, sus labios curvándose en una sonrisa triste.
—Porque si Viktor obtiene lo que quiere, no habrá lugar para ninguno de nosotros. Ni lobos… ni vampiros.
El silencio se prolongó. Los lobos seguían tensos, escuchando cada palabra. Adrián no podía apartar la mirada de Valeria. Había algo en ella que lo atraía, algo prohibido que lo hacía sentirse vivo y… confundido.
Por un instante, sus miradas se cruzaron. La tensión entre ellos era palpable. Ni un lobo ni un vampiro se atrevieron a interrumpir ese momento.
—Si lo que dices es cierto… entonces estamos en guerra —dijo Darian finalmente.
Valeria asintió.
—La guerra ya comenzó.