Luna De Sangre

6

Capítulo 6: El enemigo de mi enemigo (versión extendida)

La noche había caído completamente sobre la aldea del clan Luna Negra. El fuego central iluminaba los rostros cansados y tensos de los guerreros mientras los heridos eran atendidos. Las llamas proyectaban sombras largas y temblorosas sobre las chozas destruidas, dando la sensación de un mundo que se estaba desmoronando.

Adrián caminaba junto al borde del claro, observando cada movimiento. Los lobos jóvenes y los guerreros más experimentados debatían acaloradamente sobre la presencia de Valeria. Algunos la veían como una amenaza, una intrusa que podía ponerlos en peligro. Otros estaban dispuestos a escucharla, pero con desconfianza.

Adrián no apartaba los ojos de Valeria, quien se mantenía apartada, sentada sobre una roca a la sombra del bosque. Sus ojos rojos brillaban a la luz del fuego, pero en ellos había algo más que peligro: una mezcla de determinación y… vulnerabilidad.

—No confían en mí —dijo ella en voz baja, apenas audible para Adrián.

—Son lobos —respondió él—. La desconfianza corre por nuestra sangre.

Valeria inclinó la cabeza, como si aceptara la explicación. —Lo había notado.

Durante un momento, los dos se quedaron en silencio. La única compañía era el crepitar del fuego y los aullidos distantes de los lobos que patrullaban el perímetro. Adrián sentía que cada segundo prolongaba la tensión entre ellos. Algo prohibido surgía en su interior cada vez que miraba a Valeria: un deseo de acercarse, de confiar… y un miedo profundo de lo que eso podía significar.

—¿Por qué ayudas a los lobos? —preguntó finalmente, con voz firme.

Valeria lo miró directo a los ojos. —Porque Viktor no quiere gobernar. Quiere destruir.

El corazón de Adrián se aceleró. Cada palabra resonaba como un golpe dentro de su pecho. Lo que decía era cierto. Él había visto la destrucción que Viktor podía provocar. Sabía que la profecía no era un juego. Pero, aun así, había algo en la forma en que Valeria lo miraba que lo hacía dudar de todo lo que sabía: sus órdenes, su mundo, incluso su propia sangre.

—Entonces estamos del mismo lado —murmuró.

Por un instante, sus manos se rozaron. Apenas un contacto, pero suficiente para que ambos sintieran un estremecimiento eléctrico que recorrió todo su cuerpo. Nadie más lo notó; todos estaban ocupados en preparar a los heridos y organizar a los guerreros.

—No podemos permitir que esto se interponga entre nosotros —dijo Adrián, con una seriedad que sorprendió incluso a él mismo.

Valeria lo miró, y por un segundo, los ruidos del fuego, los gritos y el dolor de la aldea desaparecieron. Solo existían ellos, en un mundo que parecía suspenderse por un instante. La tensión entre ambos creció hasta hacerse casi tangible.

—Si me equivoco y Viktor ya tiene un plan que no podemos detener… —murmuró Valeria, bajando la mirada—, entonces ninguno de nosotros estará a salvo.

Adrián tomó aire profundamente, su instinto de protector y líder chocando con lo que sentía. —Entonces lucharemos juntos —dijo con firmeza—, aunque no confíe completamente en ti.

Ella asintió, y esa simple acción fue suficiente para que él sintiera que podían formar una alianza… peligrosa, pero necesaria.

De repente, un grito agudo resonó entre las chozas destruidas. —¡El Alfa!

El corazón de Adrián dio un vuelco. Corrió hacia la fuente del sonido junto con Valeria. Allí estaba Darian, tendido en el suelo, herido. Su respiración era irregular y su mirada estaba llena de dolor y sorpresa. Frente a él estaba Marcus, el Beta, con sangre en las manos y una expresión fría, calculadora.

—Marcus… —susurró Adrián, sintiendo que el mundo se le venía abajo—. ¿Qué… qué has hecho?

Marcus levantó la mirada con una calma aterradora. —Lo siento —dijo, casi con orgullo—. Pero Viktor tiene razón. Este mundo necesita cambiar, y nosotros solo somos peones.

Los lobos más cercanos rodearon a Marcus, mostrando los dientes y gruñendo con furia. Nadie podía creer que uno de los suyos los había traicionado de esa manera. Adrián sintió una mezcla de rabia, traición y miedo. No era solo un enemigo externo. La amenaza ahora estaba dentro del clan.

Valeria se colocó a su lado, lista para intervenir si Marcus intentaba atacar. Su presencia calmaba a Adrián y, al mismo tiempo, lo mantenía alerta. Cada vez que sus manos se rozaban o sus miradas se encontraban, algo más profundo crecía entre ellos: un vínculo que no debía existir, pero que ya no podía ignorar.

—Si Viktor cree que puede dividirnos desde dentro —gruñó Adrián—, se equivoca. Hoy demostramos que somos más fuertes juntos.

Marcus sonrió, sin miedo. —Veremos si tu manada sigue creyendo eso cuando caiga la noche.

El silencio se volvió pesado. El clan estaba dividido. La traición de Marcus había dejado cicatrices invisibles en todos. Adrián sabía que, si no tomaban decisiones rápidas, la guerra estaría perdida antes de empezar.

Pero algo más había cambiado esa noche. No era solo la traición. No era solo Viktor o los vampiros. Era la certeza de que él y Valeria tendrían que confiar el uno en el otro, enfrentar sentimientos prohibidos y luchar contra enemigos que podían destruirlos antes de que supieran cómo protegerse.

Mientras los lobos del clan preparaban las defensas, Adrián y Valeria intercambiaron una última mirada. Era una promesa silenciosa: juntos, sobrevivirían… y descubrirían hasta dónde estaba dispuesto a llegar cada uno.

Pero la guerra apenas comenzaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.