Capítulo 8: El despertar de la sangre (4–5 páginas)
La ciudad estaba envuelta en un silencio extraño, roto solo por los sonidos lejanos de los transeúntes y el murmullo del viento entre los edificios. Lucas caminaba por las calles vacías, sintiendo que algo dentro de él se agitaba con fuerza. Cada músculo de su cuerpo vibraba, cada fibra parecía despertar de un letargo que ni él sabía que existía.
Desde la noche anterior, los sueños se habían intensificado: bosques oscuros, ojos rojos en la sombra, aullidos que resonaban en su mente. Y ahora, al caminar bajo la luz amarilla de las farolas, sentía que algo iba a cambiar para siempre.
De repente, un ruido surgió detrás de él. Dos hombres salieron de un callejón, bloqueando su paso.
—Ey, chico… ¿tienes dinero? —dijo uno de ellos, con una sonrisa burlona.
—No —respondió Lucas, intentando mantener la calma.
—Entonces danos el teléfono —insistió el otro, empujándolo con rudeza.
El contacto físico fue el detonante. Una chispa recorrió su cuerpo. Su corazón comenzó a latir con fuerza sobrehumana. Sus sentidos explotaron. Podía escuchar cada respiración de los hombres, cada latido de sus corazones, incluso los pasos de alguien que caminaba a varias calles de distancia.
—No… —susurró Lucas, sintiendo que algo se rompía dentro de él.
De repente, el mundo pareció ralentizarse. Cada movimiento, cada sonido, cada sombra se amplificó. Lucas vio cómo los ojos de los hombres se abrían de sorpresa y miedo.
Primero, sus ojos cambiaron: un dorado intenso que recordaba a los lobos. Luego, un rojo profundo que parecía absorber la luz de la farola. Su respiración se volvió más rápida, más profunda. Sus uñas comenzaron a alargarse, sus dientes se transformaron en colmillos afilados. Lucas no reconocía su reflejo en los escaparates, pero sabía que había algo poderoso dentro de él.
—¡Aléjense! —gruñó, su voz ahora un rugido que combinaba fuerza humana y animal.
Los hombres retrocedieron, temblando de miedo, mientras Lucas, moviéndose con velocidad imposible, esquivaba cualquier intento de ataque. Era su primera transformación completa, aunque descontrolada, y cada fibra de su cuerpo estaba despierta y alerta.
Cuando el último hombre huyó, Lucas cayó de rodillas, respirando con dificultad. El mundo volvió a su velocidad normal, pero él sabía que algo había cambiado para siempre.
—¿Qué… qué soy? —susurró, tocándose la cara, el pecho, los brazos. Su cuerpo ya no era solo humano. Había despertado una fuerza que ni siquiera podía comprender.
En lo profundo de la noche, lejos de la ciudad, Viktor observaba la luna desde el Bosque de Nocteria. Sus ojos rojos reflejaban la luz de la luna y su sonrisa era fría, calculadora.
—Finalmente… ha despertado —murmuró, con voz suave, pero llena de poder—. Lucas… tú eres la clave.
En la ciudad, Lucas comenzó a comprender fragmentos de su poder. Podía sentir la fuerza en sus músculos, la velocidad en sus piernas, la agudeza de sus sentidos. Cada pensamiento se amplificaba, cada emoción se volvía intensa, casi insoportable. Pero había algo más: un vínculo con el bosque, con los lobos, con algo antiguo y poderoso que no podía nombrar.
Valeria y Adrián, lejos, sentían que algo había cambiado. En el Bosque de Nocteria, Valeria cerró los ojos y murmuró:
—El híbrido ha despertado… y con él, la profecía se mueve.
Adrián apretó los puños. —Si Viktor cree que podemos esperar, se equivoca. Esta es nuestra oportunidad de prepararnos, de defender nuestro clan y… de protegerlo.
Mientras Lucas luchaba por controlar su nuevo poder, la ciudad comenzaba a mostrar signos de la guerra que se avecinaba. Sombras extrañas se movían entre los callejones, figuras que parecían esperar, acechar… observar. Cada paso que daba Lucas podía atraer tanto aliados como enemigos.
Por primera vez, comprendió la gravedad de la profecía: no solo era un híbrido, no solo estaba destinado a ser poderoso. Su existencia estaba conectada con la guerra entre clanes de lobos y vampiros. Cada decisión,
cada acción, determinaría quién sobreviviría y quién caería.
Lucas se levantó, respirando con dificultad, pero con un brillo en sus ojos que no había sentido antes. Sabía que tendría que dominar sus poderes rápidamente. Su entrenamiento, su coraje y su instinto serían la única manera de sobrevivir.
—Tengo que encontrar a Adrián —susurró—. Y tengo que entender… qué soy realmente.
En la lejanía, Viktor extendió la mano hacia la oscuridad del bosque y murmuró:
—Que comience la guerra… y que él descubra su destino.
La noche estaba cargada de promesas y de peligros. Lucas había despertado. La profecía avanzaba. Y la guerra que pondría a prueba a todos los clanes, a Valeria, a Adrián y al propio Lucas, estaba a punto de estallar.