Capítulo 11: Viktor en las sombras
La colina estaba cubierta por una niebla densa que apenas dejaba entrever las siluetas de los árboles. Viktor se encontraba allí, de pie sobre una roca, observando el bosque que se extendía debajo de él. Sus ojos rojos brillaban en la penumbra, reflejando la luz de la luna que se filtraba a través de las ramas. Cada movimiento de los lobos podía sentirlo, cada respiración de los enemigos llegaba hasta él como un murmullo lejano.
—Todo va según lo previsto —susurró, con voz suave pero cargada de autoridad—. La profecía avanza, y el híbrido aún no comprende su verdadero poder.
Viktor bajó la mirada hacia su ejército, que se movía silencioso entre la niebla. Sus vampiros avanzaban con precisión casi militar, cada uno siguiendo instrucciones sin necesidad de palabras. Eran sombras vivientes, letales y eficientes, preparados para atacar en cualquier momento.
—Los lobos se creen fuertes —dijo para sí mismo—. No saben que la paciencia es la mejor arma.
Mientras sus pensamientos recorrían la estrategia, su mirada se centró en un punto más lejano: la ciudad, donde Lucas entrenaba en secreto. Podía sentir el despertar de su poder, su energía salvaje y latente, lista para estallar. Viktor sonrió lentamente.
—Lucas… —susurró, la voz cargada de intención—. Muy pronto descubrirás tu verdadero propósito… y tu destino estará atado al mío.
En el bosque, los lobos celebraban su pequeña victoria en el choque anterior, ignorando la presencia invisible de Viktor que observaba cada movimiento. Cada paso de Adrián, cada mirada hacia Valeria, era registrado por los ojos del enemigo. Cada victoria parcial solo servía para que Viktor planeara la siguiente jugada, más peligrosa, más letal.
—Deben creer que todo está en calma —continuó Viktor—. Deben pensar que pueden ganar. Y cuando menos lo esperen, las piezas se moverán y todo colapsará.
Los vampiros comenzaron a reorganizarse en grupos más pequeños, moviéndose silenciosamente a través del bosque, como un río de sombras. Cada unidad tenía un objetivo específico: infiltrar, atacar y dividir a los clanes. Viktor sabía que la fuerza de los lobos residía en su unidad; dividirlos significaría romper esa fuerza y controlar el campo de batalla.
Mientras tanto, en otro punto del bosque, Valeria se mantenía alerta. Podía sentir la presencia de Viktor, aunque no podía verlo. Su instinto de vampiro le advertía del peligro inminente. Se acercó a Adrián, que
revisaba a sus guerreros.
—Algo no está bien —dijo, sus ojos rojos brillando en la penumbra—. Viktor está aquí… lo siento.
Adrián frunció el ceño, tensionando sus músculos. —Lo sé —respondió—. Podemos sentirlo, pero debemos mantener la calma. Su objetivo es dividirnos, probarnos. No caeremos en su trampa.
Al mismo tiempo, Lucas entrenaba en la ciudad. Cada salto, cada movimiento, cada respiración lo acercaba a su verdadero poder. Su lado híbrido estaba despertando de manera parcial, pero suficiente para que Viktor pudiera percibirlo incluso a distancia. La energía del joven era un faro que el enemigo no podía ignorar.
—Ha llegado el momento —susurró Viktor—. Cuando Lucas comprenda su fuerza, también comprenderá su destino… y yo estaré listo para usarlo.
La noche avanzaba, y el bosque parecía contener la respiración. Cada criatura, cada sombra, cada hoja movida por el viento se convertía en parte de un tablero invisible de estrategia que Viktor controlaba con precisión. Cada lobo, cada guerrero, cada aliado era una pieza en su juego, y él ya conocía sus movimientos antes de que ocurrieran.
—La guerra no es solo fuerza —dijo en voz baja—. Es paciencia, cálculo y control. Todo se mueve según mi voluntad, y cuando llegue el momento, todos caerán en mi juego.
Desde su posición elevada, Viktor observó cómo la luna alcanzaba su cenit, bañando el bosque con luz plateada. Cada sombra se alargaba, cada respiración se hacía audible. Todo estaba preparado. Todo estaba listo. Y en algún lugar del bosque, el híbrido empezaba a despertar.
—Que comiencen los verdaderos movimientos —susurró Viktor, mientras la bruma se cerraba a su alrededor, envolviéndolo como un manto de poder y misterio—. Que comience la guerra.
El silencio que siguió fue profundo, pesado, cargado de anticipación. La guerra no había comenzado todavía para todos, pero Viktor ya había ganado la primera batalla: el miedo, la incertidumbre y la tensión estaban sembrados en los corazones de sus enemigos.
Y pronto, cuando Lucas despertara por completo, todo cambiaría.