Luna De Sangre

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Capítulo 20: La caída del bosque sagrado

El sol apenas se asomaba entre las copas de los árboles cuando los primeros aullidos de alarma resonaron por todo el Bosque de Nocteria. El campamento del clan Luna Negra estaba en alerta máxima. Las cicatrices de la última batalla todavía eran visibles: árboles rotos, tierra removida, rastros de sangre seca y la memoria de los caídos.

—¡Todos a sus posiciones! —rugió Adrián, transformándose de inmediato en su forma de lobo alfa. Su cuerpo gigantesco parecía absorber la luz de la mañana, proyectando sombra sobre todos los guerreros.

Lucas respiró profundo, su corazón latiendo con fuerza. Su entrenamiento con Adrián y Valeria lo había llevado a este momento: la primera gran batalla a escala total contra Viktor y su ejército oscuro. Sus ojos brillaban rojo y dorado, mientras la sangre híbrida recorría sus venas, preparándolo para la guerra que cambiaría todo.

Valeria apareció a su lado, moviéndose con la elegancia y rapidez que la habían convertido en la cazadora más letal del clan. Sus ojos rojos escudriñaban cada movimiento, cada sombra, cada posible amenaza.

—Están viniendo —dijo ella—. Lo siento… no podemos esperar más.

Desde la cima de la colina, se vislumbró primero un movimiento sutil, y luego la amenaza completa: el ejército de vampiros de guerra, los monstruos creados por Viktor, descendiendo entre la niebla matinal. Sus ojos negros brillaban con malicia, y sus pasos golpeaban la tierra como si la propia naturaleza temblara bajo su peso.

—¡Por aquí! —gritó Marcus, su voz distorsionada por su nueva forma híbrida y monstruosa—. ¡Acaben con ellos!

El choque fue instantáneo y brutal. Los vampiros de guerra arremetieron contra los lobos con fuerza devastadora. Adrián rugió, levantándose sobre sus patas traseras, y con un golpe que hizo temblar el suelo, derribó a cinco enemigos.

Lucas saltó entre dos vampiros, usando su agilidad vampírica y fuerza de lobo a la perfección, derribando a los enemigos uno tras otro. Cada movimiento suyo parecía coreografiado, una mezcla de instinto y entrenamiento consciente.

Valeria atacaba desde las sombras, desapareciendo y reapareciendo, eliminando enemigos con precisión letal. La sincronía entre Adrián y Valeria era perfecta, y Lucas se apoyaba en ellos como un tercer pilar de defensa.

Pero Viktor no había traído solo a sus vampiros. Sus criaturas de guerra más grandes y deformes surgieron entre los árboles, aplastando a cualquier lobo que se interpusiera en su camino.

—¡Cúbranse! —gritó Adrián—. ¡Lucas, ahora!

Lucas cerró los ojos un instante, concentrándose. Su cuerpo vibraba con energía híbrida. La mezcla de lobo y vampiro alcanzaba su máximo potencial. Sus garras rasgaron el aire y su rugido resonó como un trueno en todo el bosque.

Los vampiros de guerra retrocedieron ante la fuerza desatada del híbrido. Saltaba, giraba, atacaba con velocidad imposible y fuerza sobrenatural. Cada golpe derribaba a los monstruos más grandes, y cada movimiento estaba acompañado por un destello de luz roja y dorada que iluminaba el bosque como un incendio controlado.

—¡Lucas! —gritó Valeria—. ¡No te detengas!

El joven híbrido avanzó, abriendo paso hacia Marcus, quien rugió al verlo. Su enfrentamiento era inevitable: el traidor del clan, ahora un monstruo, frente al hijo de la profecía.

—¡Esta vez no escaparás! —gruñó Marcus.

Los dos se lanzaron uno contra otro, colisión de poder contra poder, dejando un rastro de destrucción a su paso. Árboles caían, la tierra se fracturaba y el bosque entero parecía temblar con la fuerza de sus golpes.

Mientras Lucas y Marcus luchaban, Viktor aprovechó la distracción. Desde su posición, dirigía el avance de su ejército. Criaturas más grandes que los árboles avanzaban, derribando barreras y destruyendo refugios.

—¡No podemos sostenerlos! —gritó Darian, intentando coordinar la defensa de los lobos.

Adrián se lanzó entre los invasores, derribando a varios vampiros de guerra, pero eran demasiados. Valeria lo cubría, eliminando enemigos estratégicamente, pero incluso ellos dos juntos no podían detener la marea de criaturas.

Los árboles sagrados del bosque comenzaron a caer, cada golpe un recordatorio de que la guerra estaba arrasando con todo a su paso. Las casas de los lobos fueron destruidas, las defensas hechas añicos. La desesperación comenzaba a infiltrarse en el corazón de la manada.

Lucas, aún concentrado en Marcus, notó cómo la destrucción avanzaba. Cada árbol derribado, cada compañero herido, cada rugido de miedo alimentaba su furia. Sabía que era hora de liberar todo su poder.

Lucas respiró hondo, sintiendo el flujo total de su sangre híbrida. Sus ojos se tornaron completamente rojo y dorado, brillando como brasas ardientes. Un rugido que combinaba lobo y vampiro salió de su garganta, un sonido capaz de hacer retroceder incluso al ejército más fuerte.

El suelo tembló bajo su presencia. Cada golpe suyo derribaba a vampiros de guerra. Cada movimiento creaba un efecto dominó de destrucción. Marcus intentó enfrentarlo, pero Lucas ahora controlaba sus dos naturalezas a la perfección: la fuerza y resistencia del lobo, la velocidad y agilidad del vampiro.

Viktor observaba desde la distancia, una sonrisa fría en el rostro. Su plan estaba funcionando… pero también veía un peligro que no había calculado: Lucas podía desatar un poder que incluso él no controlaría.

—Perfecto… —murmuró Viktor—. Pero todavía no ha terminado…

El bosque estaba en ruinas. Árboles sagrados derribados, casas destruidas y un ejército de lobos y vampiros heridos. Sin embargo, en el centro de la devastación, Lucas se mantenía firme, respirando con fuerza, sus ojos brillando como fuego.

Adrián y Valeria se acercaron a él, agotados pero vivos. La sincronía entre los tres había salvado lo que quedaba del campamento, pero la guerra apenas comenzaba.

En la distancia, Viktor desapareció entre la niebla, dejando una amenaza clara: su ejército oscuro no había sido derrotado, y la profecía aún estaba en juego.




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