Capítulo 27: La batalla del templo
El aire dentro del Templo de la Sangre Antigua se volvió pesado.
La esfera de energía en el centro de la sala vibraba con intensidad, iluminando las paredes con destellos rojos y dorados. El poder antiguo había despertado, y todos podían sentirlo.
Viktor observaba la escena con una calma inquietante.
—Después de siglos… por fin estamos aquí.
Adrián se colocó frente a Lucas.
—No darás un paso más.
Viktor sonrió.
—No vine a detenerme.
Con un simple gesto de su mano, los vampiros de guerra avanzaron.
La batalla comenzó.
Los primeros vampiros saltaron hacia Adrián.
El alfa respondió transformándose completamente. Su forma de lobo era enorme, más grande que cualquier otro de la manada. Su pelaje oscuro brillaba con la luz de la esfera.
Saltó contra los atacantes con una fuerza brutal.
El impacto lanzó a dos vampiros contra las columnas del templo.
Valeria se movía como una sombra entre la batalla.
Su velocidad vampírica era imposible de seguir.
En segundos había derribado a tres enemigos.
Pero el ejército de Viktor parecía interminable.
Eryndor y Darian luchaban espalda con espalda, defendiendo el camino hacia Lucas.
—¡No dejen que lleguen a él! —gritó Adrián.
Porque todos sabían algo.
Lucas era el objetivo.
Una figura descendió desde una de las escaleras del templo.
Marcus.
Pero ya no parecía humano.
Su cuerpo era más grande, sus venas brillaban con energía negra, y sus ojos ardían como carbón encendido.
Viktor había cumplido su promesa.
Había convertido a Marcus en algo nuevo.
Algo más peligroso.
Marcus miró a Lucas con odio.
—Tú debiste ser el elegido.
Lucas dio un paso adelante.
—No quería serlo.
Marcus gruñó.
—Entonces muere con ese poder.
Y se lanzó al ataque.
El choque entre Lucas y Marcus sacudió la sala.
Marcus era increíblemente rápido.
Sus golpes rompían el suelo de piedra.
Lucas apenas lograba bloquearlos.
Adrián intentó acercarse, pero Viktor se interpuso.
—No.
El vampiro ancestral levantó una mano y una ola de energía oscura empujó al alfa hacia atrás.
—Este duelo no es tuyo.
Lucas rodó por el suelo tras recibir un golpe de Marcus.
Su visión se nubló.
—Eres débil —escupió Marcus—.
Lucas se levantó lentamente.
Sus ojos comenzaron a brillar.
Rojo.
Y dorado.
—Tal vez.
Pero entonces su poder híbrido explotó.
Su velocidad aumentó.
Su fuerza se multiplicó.
Y por primera vez…
Marcus retrocedió.
Mientras Lucas luchaba contra Marcus, Adrián se levantó lentamente.
Frente a él estaba Viktor.
El vampiro ancestral lo observaba con interés.
—El gran alfa —dijo con tono burlón—.
Adrián gruñó.
—Tú empezaste esta guerra.
—No —respondió Viktor—.
La humanidad lo hizo.
Y ahora terminaré lo que empezó.
Adrián atacó.
El choque entre ambos fue brutal.
Sus golpes destrozaban columnas.
El suelo se agrietaba bajo sus pies.
Pero Viktor era antiguo.
Demasiado antiguo.
Adrián comenzaba a cansarse.
Valeria observaba la batalla con preocupación.
Lucas estaba perdiendo fuerza.
Adrián luchaba contra Viktor.
Y el ejército de vampiros seguía avanzando.
Entonces miró la esfera de energía en el centro del templo.
El corazón del poder híbrido.
Y entendió algo.
Ese poder podía cambiar la guerra.
Pero también podía destruirlos.
Valeria respiró profundamente.
—Lucas… confía en mí.
Y corrió hacia la esfera.
Cuando Valeria tocó la energía del templo…
todo explotó en luz.
Una ola de poder recorrió la sala.
Las runas de las paredes comenzaron a brillar.
La voz de Arkhavel resonó nuevamente.
—El equilibrio debe decidirse ahora.
Lucas sintió el poder atravesar su cuerpo.
Más fuerte que nunca.
Marcus gritó de rabia.
Viktor levantó la mirada.
Por primera vez…
parecía preocupado.
Lucas se levantó lentamente.
Su forma estaba cambiando.
La transformación híbrida completa comenzaba.
Y todos sabían algo.
La guerra ya no podía detenerse.