Capítulo 28: El nacimiento del híbrido
La luz que surgió del corazón del templo no era como ninguna energía que hubieran visto antes.
Era antigua.
Salvaje.
Pura.
Cuando Valeria tocó la esfera, una explosión de poder recorrió toda la sala sagrada. Las runas en las paredes comenzaron a brillar como si hubieran despertado después de siglos de sueño.
Lucas cayó de rodillas.
Un grito salió de su garganta.
No era de dolor.
Era algo más profundo.
Algo primitivo.
Su sangre estaba cambiando.
Adrián miró a Lucas con preocupación mientras bloqueaba otro ataque de Viktor.
—¡Lucas!
Pero el joven híbrido ya no escuchaba.
Su corazón latía como un tambor de guerra.
Cada latido enviaba oleadas de energía por su cuerpo.
Sus venas brillaban.
Rojo.
Y dorado.
Los dos poderes que vivían dentro de él finalmente estaban dejando de luchar entre sí.
Estaban uniéndose.
Marcus observó con odio.
—¡No! ¡Ese poder debía ser mío!
Saltó hacia Lucas.
Pero antes de que pudiera alcanzarlo…
Lucas levantó la cabeza.
Sus ojos ya no eran humanos.
Eran los ojos de algo nuevo.
Algo que el mundo nunca había visto.
Marcus golpeó con toda su fuerza.
Lucas bloqueó el ataque con una sola mano.
El impacto hizo temblar el templo.
Marcus abrió los ojos con incredulidad.
—Imposible…
Lucas habló con voz grave.
—Ya no.
Con un movimiento rápido lo lanzó contra una columna.
La piedra se rompió con el impacto.
La energía del templo envolvía a Lucas.
Su cuerpo cambió.
Sus colmillos crecieron como los de un vampiro.
Pero sus músculos y su fuerza eran los de un alfa.
Su piel brillaba con la energía lunar.
Y detrás de él apareció una sombra enorme con forma de lobo.
El espíritu de Arkhavel observaba desde la esfera.
—Por fin…
El verdadero híbrido había nacido.
Valeria se levantó lentamente del suelo.
—Lucas…
Adrián también lo miraba.
Pero incluso él, el alfa de la manada, sentía algo nuevo.
Respeto.
Tal vez incluso miedo.
Marcus salió de los escombros con un rugido salvaje.
Su cuerpo mutado estaba cubierto de sangre negra.
—¡Te destruiré!
Se lanzó contra Lucas nuevamente.
Pero ahora la pelea era diferente.
Lucas se movía más rápido que un vampiro.
Más fuerte que un hombre lobo.
Cada golpe era devastador.
Marcus intentó atacar desde el aire.
Lucas saltó.
Lo atrapó en pleno vuelo.
Y lo estrelló contra el suelo del templo.
El impacto abrió grietas en la piedra.
Marcus intentó levantarse.
Pero Lucas lo sujetó por el cuello.
—Esto termina aquí.
Marcus sonrió, a pesar de la derrota.
—¿Crees… que Viktor depende de mí?
Lucas dudó por un segundo.
Ese momento fue suficiente.
Marcus liberó una explosión de energía oscura y logró escapar hacia las escaleras del templo.
Desde el otro lado de la sala, Viktor había visto todo.
Su sonrisa desapareció lentamente.
—Interesante…
Adrián se levantó frente a él.
—La guerra terminó.
Viktor negó con calma.
—No.
Esto apenas comienza.
Miró a Lucas.
—Ahora sé lo que realmente eres.
Lucas respondió con firmeza.
—Soy el final de tu reinado.
Pero Viktor simplemente rió.
—No, muchacho.
Eres el comienzo de algo mucho más grande.
Entonces levantó la mano.
La energía oscura comenzó a llenar el templo.
—Porque el poder que despertaste…
también puede destruir el mundo.
La voz del antiguo híbrido resonó nuevamente.
—Lucas.
El joven giró hacia la esfera.
Arkhavel lo observaba con gravedad.
—Ahora posees el verdadero poder.
Pero hay algo que debes entender.
Lucas frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
Arkhavel habló con solemnidad.
—El poder híbrido no solo puede salvar el mundo.
Puede gobernarlo.
El silencio cayó sobre el templo.
Adrián miró a Lucas.
Valeria también.
Porque sabían algo.
La batalla contra Viktor era solo una parte del destino.
La verdadera pregunta era otra.
¿Qué tipo de líder se convertiría Lucas?