Luna de soltería

Dylan

— Y entonces Jazmín le dijo a Clara, que Ana le había dicho a Luis, que Samira le dijo a Fabián, que Vanessa estaba muy pegadita con el señor Fawell— comenta Rachel.

 

— No me digas qué entonces los rumores son ciertos— abre la boca una de sus amigas.

 

Rachel asiente bebiendo de su cóctel— Efectivamente. La zorra de Vanessa se está metiendo con el director de la escuela de danza y por eso tiene la plaza.

 

— ¡Será puta! — exclama otra de sus amigas— A mi no me aceptaron porque supuestamente estaban todas llenas.

 

Esto cada vez es más aburrido. Estoy en el club de tennis con mi prometida Rachel y sus amigas. No quería venir, pero Rachel insistió en que sería divertido. Una mierda. Debería haberme quedado en casa jugando con la Play.

 

No veo mal que Rachel quiera que vaya con ella y sus amigas, pero estaría bien si alguna vez aparece algún otro hombre. Siempre estoy solo con ellas y nunca me entero de nada. Solo beben cócteles y se ponen a cotillear como adolescentes.

 

No digo que no me gustan los cotilleos, soy el primero que está para escucharlos, pero los de personas que no conozco me dan igual.

 

— ¿Tú qué piensas, cariño?— me pregunta Rachel.

 

Rachel es la mujer de mi vida. Es guapa y talentosa, pero a veces se comporta como una adolescente. Es morena de ojos color miel, mide 1,63 y suele vestir muy pija. A fin de cuentas viene de una familia rica.

 

— Lo siento, no estaba prestando atención— me disculpo. No me molesto ni en mentir, Rachel me conoce y sabe cuándo lo hago.

 

Ella hace una mueca— no te preocupes.

 

Creo que es un buen momento para llamar a mi amiga Zoe y salir de esto.

 

Zoe es de las pocas personas en las que confío. Esa pelinegra de mirada amarronada, 1,67 de altura y de cuerpo de infarto, es la única que no me ha fallado nunca. Tenemos nuestras diferencias, obviamente, pero es la única que ha seguido a mi lado durante tantos años. 

 

— Perdonad chicas, me voy a hacer una llamada— me disculpo.

 

Me levanto y camino lo más lejos que puedo. Saco mi teléfono y marco su número.

 

Lo que más me sorprende es el grito que pega al descolgar. Me es inevitable no poder reír cuando me cuenta todo lo que le ha pasado el día de hoy. Le cuento lo de la boda y nos quedamos hablando un rato hasta que comenta que ya está en su ascensor. Le digo que tengo que ir a terminar unas cosas del trabajo -que en sí es cierto- solamente para que cuelgue, ya que ella es capaz de pegarse horas hablando y sin darse cuenta.

 

Conociéndola se habrá quedado dormida. Le encanta dormir. 

 

— ¿Con quién hablabas, pillín?— La voz de Igor, un amigo que hice aquí, me sobresalta. Se encuentra dentro de una de las pistas de tenis, apoyado en la reja.

 

Igor es rubio de ojos azules, mide aproximadamente 1,90, tal vez un poco más, tiene 32 años y es soltero. Es abogado en un bufete reconocido de la ciudad.

 

— Con una amiga. Le estaba comentando lo de la boda— respondo.

 

— Te reías mucho para que fuera solo una amiga— me pica. Yo ruedo los ojos sonriendo— ¿Y está soltera? Lo digo por si me la presentas. Ya sabes.

 

Yo niego— Tiene novio. Se llama Gus.

 

— Tiene nombre de rana. Cómo la rana Gustavo— murmura—  Qué infelices debían ser sus padres como para llamarle así. 

 

— No te pierdas, que el segundo nombre es Ramón.

 

Igor se larga a reír— Gus Ramón. Pobre hombre.

 

— Lo podrás conocer en la boda— comento.

 

— Estaré esperando ese momento— asiente— ¿Entras a echar un partido? Mi cita al parecer ha tenido una emergencia familiar.

 

— Eso, o que no quería venir.

 

— Posiblemente la segunda— se encoge de hombros— soy demasiado hombre para algunas y saben que no tendrán oportunidad.

 

— Tu ego me supera. — niego con la cabeza— Es por eso que no follas.

 

— ¡Oye!— se queja— Yo si que…

 

Le interrumpo— No cuenta si les pagas, Igor.

 

— ¿Vas a entrar o no?— gruñe, mirándome mal.

 

— Venga ¿Por qué no? ¿Listo para que te dé una paliza?— pregunto.

 

Camino hacia la entrada y al entrar, Igor me señala su bolsa para que agarre su otra raqueta. La pillo y me coloco en el campo contrario al suyo.

 

— Tú sueñas.— responde pasándome la pelota— Sacas tú, te dejo ventaja.

 

— Tal vez te arrepientas. ¿A cuantos set 's lo hacemos?

 

— ¿Cuánto tiempo tienes?— es su pregunta.

 

Le sonrió— ¿Cuánto crees que tarden el trío de marujas en terminar su charla?




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